domingo, 9 de octubre de 2011

Arturo Meza: Domingo de resurrección

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Poeta y cronista del alma / 9 de octubre, 2011 / Función única / 
2:10hrs. de duración / Promotor: Enrique Andrade Mendoza


Julio Alejandro Quijano
No es fácil resucitar a un unicornio; no obstante, Arturo Meza blande su guitarra para intentarlo. Toca con una mezcla de energía, devoción, fe y rock progresivo. El animal mitológico yace a sus pies. Su cuerno y su crin azules aún brillan, pero su cuerpo inmóvil es una imagen impactante para todos aquellos que, apenas unos minutos antes, lo vieron vivo. Meza toca. Sabe que si consuma el milagro, habrá rescatado “al último sobreviviente de una historia de resistencia del espíritu”.

Minutos antes, el cantautor ya había diagnosticado los males del unicornio: “Lo envenenaron los horrendos emporios farmacéuticos que intentan imponer un nuevo desorden mundial. Son los mismos que nos envenenan, también a nosotros, con sus medicamentos que enferman el cuerpo”.
Y contra eso, la purificación viene de la poesía y la música. “Poeta y cronista del alma”, son los adjetivos con que se describe este músico que en otras ocasiones ha sido llamado también “Poeta en el pentagrama”, “Roquero urbano” y hasta “Rolero de Papantla”. 

Así, “Relojes celestes” no es sólo un tema sobre las falacias del mundo material sino también medicina para el corazón. Escucharla es “remover las piedras” que ha acumulado este órgano. Si surte efecto, esta canción-terapia debe permitir que los fans-pacientes de Meza sean capaces de ver el cielo sin odio. 
Quizá por eso, durante este concierto se nota la ansiedad de los asistentes por escuchar una rola en particular. Cada uno, desde su silla, pide la que necesita: “Lenguas viperinas” (medicina contra la ponzoña que se empoza en el alma), “Debe haber un lugar” (remedio para eso que los psiquiatras llaman trastorno depresivo y que Arturo Meza convierte en esperanza por encontrar “un lugar donde poder vivir en paz y ganar con tu sudor el pan y amar a todo cuanto vibre”). 
Poco a poco, Meza complace-cura a sus fans-pacientes y los anima a propagar el mensaje: “Recuerden que no somos robots; esos robots que quieren que seamos. Quieren llenar el mundo de clones sin herencia genética”.
El unicornio es el testimonio que valida la fe de Meza. El animal aparece con las patas delanteras encadenadas y en busca de ayuda. Corre entre los pasillos mientras intenta, una y otra vez, liberarse. Frenético, se guía por la música hasta subir al escenario. En un último esfuerzo, se zafa de las cadenas pero desfallece. Se oye que llora. Muere. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

No es fácil revivir a un unicornio. Meza toca y toca. Dos minutos de expectación. El unicornio levanta el cuerno. Resucitado, se levanta y avanza con alegría hasta abrazar las piernas de Arturo, quien lo recibe con los últimos versos: Nos fuimos quedando pocos / nos fueron matando a todos / nuestra sangre fue dulce / la de ellos hiel. 
El aplauso que se escucha revela que esta noche de domingo, el unicornio no fue el único que se liberó y que, por lo menos hoy, muchos otros se sumaron a las filas de la “resistencia del alma”.
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