sábado, 15 de octubre de 2011

Anna Bolena: Una corona de espinas

Foto: The Metropolitan Opera


En vivo desde el Met de Nueva York / 15 de octubre, 2011 / 
Función única / 3:45 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. 



Fernando Figueroa
Anna Bolena es una prueba de que el arte no tiene fronteras geográficas ni temporales, pues se trata de una obra escrita por un compositor italiano del siglo XIX, quien recrea una historia real del XVI acaecida en Inglaterra. En 2011, el Met de Nueva York monta por vez primera esta ópera, con un elenco plagado de estrellas rusas y la transmite en vivo, vía satélite, a medio centenar de países, incluido México. 

¡Vaya forma de iniciar la temporada 2011-2012! Con una Anna Netrebko ―en el papel de infortunada reina― perfilándose como una de las tres mejores sopranos de la actualidad, según varios críticos influyentes, aunque tal tipo de apreciaciones se desplacen siempre en el fangoso terreno de la subjetividad. Sin embargo, resulta difícil imaginar a otra intérprete haciéndolo mejor que ella, pues su presencia escénica impacta en todo momento, al igual que su amplio registro vocal y virtuosismo técnico, ideales para una pieza clásica del bel canto. 
Antes de la función, Peter Gelb, mandamás del Met, dice que interpretar a Anna Bolena requiere de talento, resistencia y corazón, virtudes que posee la mujer a quien él mismo entrevista. Netrebko, por su parte, afirma que le gusta el personaje porque es un reto meterse en la piel de un ser que, a final de cuentas, no es un modelo de rectitud. 
En efecto. La reina pierde la razón y es injustamente decapitada a causa de las maniobras de su esposo, Enrico VIII (Ildar Abdrazakov, bajo), pero ella acepta que se dejó llevar por la ambición al unirse al rey, sin importar que estuviera enamorada de Riccardo Percy (Stephen Costello, tenor). Anna Bolena es desplazada del lecho real por su dama de compañía, Giovanna Seymour (Ekaterina Gubanova, mezzo-soprano), quien se debate entre el amor verdadero que siente por el soberano y la lealtad hacia la reina. 
Cuando el inconstante corazón de Enrico VIII se fija en Seymour, Anna Bolena se convierte en un estorbo. Entonces el rey maquina un complot y manda llamar a Percy del exilio, con la intención de culpar a Anna de traición, pues sabe perfectamente que ellos aún se aman y no podrán ocultarlo. Un hecho inesperado facilita los planes del hombre poderoso, pues resulta que el paje Smeton (Tamara Mumford, mezzo-soprano) también está enamorado de la reina y es descubierto en posesión de uno de sus camafeos. 
Un juicio amañado lleva a la reina al cadalso y eso posibilita que Enrico VIII y Giovana Seymour puedan casarse. Gaetano Donizetti y el libretista Felice Romani centran la acción sólo en esas dos esposas del célebre mujeriego, aunque se deduce que antes Anna le ha jugado chueco a alguien (Catalina de Aragón). 
La dupla Donizetti-Romani creó una pieza dramática de gran intensidad, con una partitura plagada de arias conmovedoras. Tales cualidades son realzadas en la producción de David McVicar, cuyo principal objetivo es recrear fielmente una época, sobre todo en el vestuario, tal como lo señala de viva voz Jenny Tiramani, encargada de ese rubro. 
Valioso por sí mismo, el libreto es un magnífico retablo de las pasiones humanas. En medio de su desgracia, Anna Bolena sugiere a Seymour alejarse de la eventualidad de utilizar una corona de espinas como la que ella porta; y cuando enloquece pide a Dios tan sólo un día de juventud, cuando el amor era más fuerte que la ambición. 
Si Netrebko roza la perfección vocal y sale muy bien librada como actriz, algo parecido logran los demás protagonistas. Con su recia personalidad, Abdrazakov es un muy creíble Enrico VIII, mientras que Costello es la encarnación misma del hombre bueno, capaz de perdonar todo por amor. Gubanova se muestra como una mujer común y corriente porque en realidad eso era Jane Seymour (Giovanna, según el libreto). La mezzo-soprano Mumford está perfecta como jovencito, agregando pimienta con tal ambigüedad sexual, por si acaso hiciera falta. 
El aplauso final en el Met ronda los 10 minutos para todo el elenco, y Anna Netrebko es nuevamente coronada por el público.


El bel canto
En la charla introductoria, Sergio Vela, definió a Gaetano Donizetti (Lucía de Lammermoor, Don Pasquale, La hija del regimiento) como el último de los tres grandes belcantistas. El primero de ellos fue Rossini (El barbero de Sevilla, Guillermo Tell), quien dejó de escribir óperas a los 37 años, pese a que vivió cuatro décadas más. Ese desdén al género sirvió para dar paso a la aparición de Bellini (Norma, La puritana), cuya muerte prematura a los 34 le abrió la puerta a Donizetti. 

Vela comentó que Donizetti es un compositor que necesita de intérpretes como María Callas, Joan Sutherland, Beverly Sills y Anna Netrebko, quienes han interpretado al personaje principal de Anna Bolena durante el último medio siglo. 

Aunque a veces se utiliza el término bel canto como sinónimo de ópera, realmente se refiere a un estilo vocal específico que implica virtuosismo técnico, agilidad y elegancia. Al ser entrevistado en el Met, el director musical Marco Armiliato señaló que él había trabajado mucho la ornamentación de los fraseos con cada uno de los intérpretes, a partir de sus personales cualidades. A la Netrebko la definió como “una Anna Bolena perfecta, una artista que nació para ser diva, aunque jamás pierde la sencillez y naturalidad que refleja en su vida y en el escenario”. (F.F.)
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