jueves, 22 de septiembre de 2011

Tears For Fears: Las mismas lágrimas, otros miedos


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

22 de septiembre, 2011 / Función única / 
1:50 hrs. de duración / Promotor: 2-22 Producciones, S.A. de C.V.


Julio Alejandro Quijano
A veces diez metros, a veces uno. El caso es que, igual que hace un cuarto de siglo, Curtis Smith y Roland Orzabal mantienen durante el concierto la peculiar inercia de estar separados. Pocas veces cruzan miradas y, si acaso, en “Break It Down” se apuntan con sus instrumentos, y en “Badman’s Song” brincan al mismo tiempo. El dato, meramente anecdótico en la historia de estos músicos que vivieron una separación de trece años y que acumulan ahora siete años de reencuentro, sirve para entender que este Tears for Fears es el mismo en ideales y calidad musical, pero diferente en actitud y cabellera. 
Curtis, famoso en los ochenta por la arrogancia de haber tildado de “aburrida y corrupta” a la escena musical de Estados Unidos, es ahora un dechado de diplomacia. “Ésta es la primera vez que vengo a tocar a México, pero ya había estado aquí para visitar algunas ciudades. Les aseguro que todo ha sido maravilloso”.

¿Realmente estos Curtis y Roland son los mismos ingleses que ironizaban sobre el resto de la música pop? “Cualquiera puede vender miles de discos, pero no cualquiera puede hacer uno bueno”, dijo Orzabal en una entrevista para el programa Sounds de Australia. 

Musicalmente sí son los mismos, y eso se comprueba tan sólo con cerrar los ojos ―evitando cualquier añoranza por el embadurnado cabello rubio que Curtis presumía como estandarte juvenil― y poner el resto de los sentidos al servicio de la canción con que empiezan: “Everybody Wants to Rule the World”. 

La multitud ingresa entonces a los ochenta: los puños se levantan, las corbatas brincotean y algunos gadgets se zafan de la cintura y azotan en el piso; en suma, los fans tienen la sensación de que por fin una banda está haciendo un “pop serio”, que le está haciendo justicia a la “mejor tradición de The Beatles y Pink Floyd”, y que la música británica está rescatando a toda una década del “pasmo americano”. Los entrecomillados, por cierto, son de entrevistas a Tears for Fears en aquellos años. 

El encanto dura unos veinte minutos. Sin discursos ni pausas, Orzabal y Smith ligan “Secret World”, “Sowing the Seeds of Love” y “Change”. Incluso es posible distinguir un destello del añejo grupo cuando Curtis Smith desliza un suave sarcasmo al presentar “Mad World”: “Muchas personas han hecho versiones de esta canción, pero si no les molesta, esta noche queremos presentarles la original”. 

El embrujo se rompe cuando Orzabal saluda: “Buenas noches, gente guapa de la ciudad de México, estamos muy contentos de estar de vuelta. Estuve aquí hace 18 años, tengo el mismo pelo, la misma guitarra, pero no el mismo pantalón”.



Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional



El saludo coincide con la presentación de los temas que escribieron tras su reencuentro en 2004: “Call Me Mellow” y “Everybody Loves a Happy Ending”. Es evidente que, además del pantalón y la cabellera, Tears for Fears presenta otras diferencias. “Tenemos hijos, nuestras prioridades han cambiado y en el futuro lo que buscamos es sobrevivir y morir en paz”, dijeron en conferencia de prensa al llegar a México. 
Quizá, por eso, el concierto está construido como si las canciones fueran eslabones: “Floating Down” y “Break it Down” cual resumen de los años de separación, “Head Over Heels” y “Pale Shelter” como ejercicio de memoria. Los intersticios sólo estorbarían y le darían tiempo a los fans de reconectarse con sus gadgets, notar que el virtuosismo de Smith en el bajo tiene también algo de rutinario, y que la cabellera de Orzabal ha perdido cuerpo. 
No así la potencia de sus canciones que, a tres décadas de su origen, presentan mayor corpulencia porque evidentemente todavía hay “gente que utiliza el poder para provocar guerras y miseria”. No importa si son los ochenta o el 2011, Roland, Curtis y sus seguidores saben que tienen razón al corear que “todo el mundo quiere gobernar el mundo”, y terminar gritando de coraje porque “en tiempos violentos, no deberías vender tu alma”. Las cabelleras no serán las mismas, los miedos sí.


Huellas del tiempo 
“Everybody Wants to Rule the World”: Estrenada en marzo de 1985, fue definida por Curtis Smith como “un concepto bastante serio, que habla acerca de que todos quieren el poder, acerca de la guerra y la miseria que provoca”. 
“Shout”: Según explica Orzabal: “Se trata de una protesta política. En 1984 mucha gente todavía estaba preocupada por las consecuencias de la Guerra Fría y ‘Shout’ fue, básicamente, una manifestación de coraje”. Smith tenía su propio concepto: “Se trata de cómo la gente acepta las cosas sin cuestionarlas, de que muchas personas actúan de cierta manera sólo porque así lo dicta la sociedad”. 
“Everybody Loves a Happy Ending”: Fue la carta de presentación en el reencuentro de Tears for Fears, en 2004. Orzabal narra: “Luego de tanto tiempo sin hablarnos, Smith y yo nos reunimos por un asunto administrativo del grupo. Platicamos y de pronto ya nos encontramos haciendo planes para volver a hacer música juntos”. 
“Woman in Chains”: Orzabal señala que la compuso luego de leer varios libros de liberación femenina: “Descubrí que las sociedades matriarcales son menos violentas; la canción trata sobre la manera en que los hombres han sometido a las mujeres a lo largo de la historia”. (J.A.Q.)

Programa 
Everybody wants to rule the world / Secret world / Sowing the seeds of love / Change / Call me Mellow / Everybody loves a happy ending / Mad world / Memories fade / Closest thing to heaven / Falling down / Advice for the young of heart / Floating down the river / Badman´s song / Pale shelter / Break it down again / Head over heels / Woman in chains / Shout.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.