domingo, 18 de septiembre de 2011

Marcos Witt: Sintonizar el mp3 celestial

Foto: Nicolás Turchetto / Colección Auditorio Nacional


18 y 19 de septiembre, 2011 / Dos funciones / 
3:00 hrs. de duración / Promotor: Lightmex S.A. de C.V.


Alejandro Castillo González
Jonathan Mark Witt Holder se pregunta “cómo alguien podría impresionar a Cristo con una guitarra y una canción cuando Él inventó la música misma y hasta las estrellas”. Todos aquí tienen perfectamente claro que hoy es domingo, jornada de descanso según las sagradas escrituras y la fecha ideal para conmemorar veinticinco años de carrera de quien sobre el escenario solicita que “la luz de Jesús brille en todo lugar”. 

Celebrar un cuarto de siglo de alabanzas sin descanso no es cualquier cosa. Durante ese tiempo se ganan fans de toda clase; niños, ancianos, madres, adolescentes, y todos ellos reciben eufóricamente a quien pronuncia cada una de las palabras que escapan de su boca con tal devoción que nadie podría mostrarse inmutable ante ellas. El Pastor Marcos, como también es conocido, muestra naturalidad cuando habla de sus “encuentros musicales con el Espíritu Santo”. De hecho, cada vez que esto ocurre, inevitablemente aparece una sonrisa en su rostro y el público lo celebra con aleluyas.

Entre la audiencia y el cantautor existe una gran complicidad; ambas partes andan caminos paralelos que se encuentran una vez que en las pantallas del recinto es contada la historia musical de Witt, un anecdotario donde lo mismo se visita la capilla en la que cantó siendo un niño que el patio en el cual debutó ante el público ―“en 1979, frente a cincuenta personas”― y las rimas de la primera canción que escribió, a los 19 años de edad. 
El texano adoptado por Durango parece haber llegado a su tercera visita al Auditorio Nacional con el propósito de tumbar los clichés que de los cantos cristianos existen, y lo hace con salmos y versículos como aliados. Para arrancar, el bagaje rítmico de su cancionero bien podría confundirse con el de Miami Sound Machine, así que, entre festivas trompetas y movimientos que una estrella del pop envidiaría, los golpes de pecho no son bienvenidos. 
“Los cristianos no cantamos acerca de Dios, sino que le cantamos a Él”, explica el artista para de inmediato apuntar que su religión no abraza a “seres perfectos con vidas ejemplares; quienes pastoreamos somos de carne, hueso y un pedazo de pescuezo”. El remate antisolemne ocurre cuando el cantautor anuncia su condición humana: “Yo soy como todos ustedes; también siento hambre y voy al baño. De hecho, estando en la regadera el Señor me ha permitido sintonizar muchas de sus melodías”. Y es de este modo como Marcos se deslinda de la autoría de sus temas, pues considera que para crear canciones sólo se requiere talento para “sintonizar el mp3 celestial”; un sitio virtual donde, por cierto, “sólo se ofrecen descargas legales”.


Foto: Nicolás Turchetto / Colección Auditorio Nacional

Después de ser bendecido por Juan Luis Guerra, quien a través de un video resalta las virtudes del orador que sigue las enseñanzas del “Príncipe de Paz”, el público se instala en un estado de concentración profundo acentuado por las pantallas de sus teléfonos móviles, aparatos que hacen las veces de velas que se agitan al ritmo de “Señor, hazme un radical”. Al final, todos se toman las manos y ofrecen la última plegaria de la noche: “Oremos por los músicos y los cantantes. Que el manto creativo caiga sobre ellos para que con su música rompan esquemas y hagan huir a los demonios”. 

Una vez que las luces del recinto se encienden, algunos aplauden a modo de despedida; otros, prefieren mantener la mirada clavada en el suelo y dirigir sus palmas hacia el techo del foro. De cualquier modo, todos reciben una lluvia de confeti brillante proveniente de las alturas, una especie de bautizo que precede a las últimas palabras de su pastor, aquellas que, encapsuladas en un disco compacto a las afueras del Auditorio, les son ofrecidas a los fieles entre posters y camisetas que reafirman a un ganador: “Cristo venció”.



Marcos y su Canzion 

Para abarcar las doscientas sesentaicinco canciones que integran el cancionero de Marcos Witt se requeriría prácticamente un día completo de reproducción consecutiva. Con más de veinte discos editados a la fecha, el ganador del Grammy por Mejor Álbum de Música Cristiana, y también líder de la Comunidad Hispana de la Iglesia Lakewood, ha recorrido múltiples escenarios de Latinoamérica exitosamente, pero también engrosa las filas de la industria del espectáculo en otro nivel, de la mano del Grupo Canzion.
Con el lema de “todo lo que hacemos, planeamos y producimos tiene como objetivo la edificación del reino de Nuestro Señor Jesucristo”, la empresa se dedica a la grabación, producción y distribución de música cristiana, así como a la elaboración de publicaciones, material de apoyo y organización de conciertos. Entre sus exponentes ―también denominados salmistas― se encuentran Travy Joe, Coalo Zamorano, Mónica y Josué del Cid, todos poseedores de estilos musicales variados. Mención aparte merece Instituto Canzion, donde se forman líderes desde sus aulas virtuales. (A.G.C.)


Programa

Gracias / Tú y yo / Te exaltamos / Enciende una luz / Al que es digno / Venció / Canción a Dios / Motivo de mi canción / Es por ti / Te amo / Cuán bello es el Señor / Has cambiado / Un adorador / Será llena la tierra / Dios ha sido fiel / Tu fidelidad / Porque Tú eres bueno / Con Yuri: Tu amor por mí, Yo te busco, Poderoso Dios / Se oye en las naciones / Levántate / Poderoso / Aleluya / Cristo es Mi Señor / Tú harás / En los montes / Carretera / Predicaciones / Renuévame / Temprano yo te buscaré / Tu mirada / Hermoso eres / Exáltate / Mas el Dios / Dios de pactos / Gracias / Somos el pueblo de Dios.
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