viernes, 26 de agosto de 2011

Earth, Wind & Fire: Historia mínima de la música negra

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional

26 y 28 de agosto, 2011 / Dos funciones /
1:45 hrs de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

David Cortés
No hay encore, ni siquiera existe la posibilidad de exigirlo. Entre la emoción y el gozo, los asistentes sólo aciertan a abandonar satisfechos la sala. No importa. Apenas hace unos minutos viajaron en una montaña rusa que los ha llevado por distintos estadios de la música negra de la mano de Earth, Wind & Fire (EWF), banda que hoy vino a celebrar 40 años de trayectoria.



Como otros de sus contemporáneos caracterizados por una larga trayectoria, este grupo dista mucho de mantener sus integrantes originales; con el paso de los años algunos se han ido y otras han llegado para ser más que meros reemplazos.De aquella primera formación que comenzó a sonar a comienzos de los 70 solamente quedan los vocalistas Ralph Johnson, Philip Bailey y el bajista Verdin White, quienes se hacen acompañar por nueve músicos (en realidad sólo Verdin apareció en la primera grabación de la banda, los dos restantes se sumaron para el segundo álbum). Acerca de su fundador, Maurice White, asolado por el mal de Parkinson desde principios de los noventa, no se pronuncia palabra, mas para homenajearlo se despliegan varias de sus composiciones.
El encuentro con sus fans mexicanos comienza de manera candente con “Boogie Wonderland” y de inmediato se piensa en Miles Davis, quien alguna vez declaró a EWF su combo favorito porque “tienen todo (alientos, guitarra eléctrica, cantantes y más) en una banda”. Y sí, ante nosotros están todos esos elementos. La noche va de un funk grasoso, denso, puro y totalmente bailable, a piezas románticas, de media luz. Y es que cuando se piensa en esta agrupación, no hay un estilo predominante. Si bien los setenta fue la época dorada del grupo, también lo es que los escuchas aquí reunidos, de todas las edades, aceptan gustosos este viaje.
De las agitadas infusiones del funk se pasa al soul, al rhythm and blues… y todo suena potente, intemporal. Hay instantes en los cuales es imposible permanecer sentado porque esa parte donde termina la espalda comienza a moverse por culpa de un pulsante bajo y una profusión de percusiones. Entonces es el momento de abandonar cualquier pudor y seguir esa conseja popular que dice “A la tierra que fueres haz lo que vieres”; es el instante en el que el lugar deja de ser un recinto de conciertos para convertirse en una sala de baile.
Y en el menú hay abundancia para elegir. Desde ritmos latinos y pop, hasta rock, un poco de doo wop, jazz y atisbos a la música africana. La kalimba, instrumento oriundo del continente negro y que ha estado en todos los discos grabados por EWF, también se hace presente manipulada diestramente por Bailey. Abunda el funk y el soul, y los movimientos, perfectamente coreografiados, otorgan espectacularidad al encuentro, pero también los momentos íntimos y románticos son bien recibidos, porque dotan de pausa a una noche que ha estado signada por el vértigo y en la cual la música sólo se interrumpe un par de veces para que sea Bailey quien se dirija al público.

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional
Pero esos respiros apenas y sirven para tomar aire porque poco a poco los cuerpos nuevamente comienzan a agitarse y a sudar. Comandados por un hiper-kinético White que más parece azotar que tocar su bajo, el grupo regresa a la senda del funk y la sensualidad de la música se posesiona del Auditorio Nacional. Al final, el mismo Verdin White emprende un paroxístico baile con el torso desnudo que enciende a todos. Hace falta una pista de baile, algunos metros de más para poder bailar a sus anchas; pero cada uno se las ingenia para moverse al ritmo de una música que a pesar de los años aún se muestra incendiaria por momentos.
Hoy, EWF ha ido de una música negra pura y sin concesiones, a las melodías más complacientes y cercanas a los charts; pero en la mezcla, sabiamente administrada, parece estar el secreto de su longevidad. Cuarenta años han pasado desde que este combo se formó en Chicago, Illinois, pero hoy da muestras de que la edad no es un impedimento para hacer música, gran música.

Los años dorados
EWF ha grabado 31 álbumes. El primero apareció en el mercado en 1970, el más reciente es Live at Velfarre (2010). Sin embargo, su producción más creativa y exitosa, se concentra en sus producciones de los años setenta. Head to the Sky (1973) fue con el cual consiguieron sus dos primeros éxitos: “Evil” y “Keep Your Head to the Sky”. Dos sencillos igualmente exitosos, “Devotion” y “Mighty Mighty” se desprendieron de su siguiente trabajo: Open Your Eyes (1974).
Pero la obra de rompimiento y despegue fue That’s the Way of the World (1975). Concebido como soundtrack de la película del mismo nombre, el filme narra como “El Grupo” es descubierto por un productor (Harvey Keitel) que buscará lanzarlos a la fama. La cinta pasó oscuramente por las salas cinematográficas, mientras el disco, considerado como “uno de los más sólidos de los setenta” por Allmusic, alcanzó la cima en las listas de Billboard convirtiendo a EWF en el primer acto negro en lograrlo.
Gratitude (1975), Spirit (1976), All ’N All (1977) y I Am (1979) se encargaron de consolidar la reputación de la banda y fueron sus últimas obras más adscritas a los metales y a las percusiones, después siguió un periodo electrónico marcado por la dispersión y los constantes cambios de alineación hasta llegar a 1987, en el que se llevó a cabo una reunión de la mayoría de los integrantes originales para grabar Touch the World, el disco que para la crítica es el último trabajo consistente de la banda. (D.C.)

Programa
Boogie Wonderland / Singasong / Shining Star / Getaway / Jupiter / Serpentine Fire / Sun Goddess / Kalimba Story / Evil/ Brazilian Rhyme / That’s the Way of the World / Devotion / Love’s Holiday-Can’t Hide Love / After the Love Has Gone / Reasons / Fantasy / September / Let’s Groove / Mighty Mighty.
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