viernes, 23 de septiembre de 2011

Alejandra Guzmán & Moderatto: Mírala, míralos

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Tour 20 años de éxitos en vivo / 23 de septiembre, 13 de octubre, 2011 / Dos funciones /
2:10 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V. 



Alejandro González Castillo
Las luces del foro van perdiendo intensidad conforme los compases de “My Way”, en la voz de Aretha Franklin, van sumándose para cederle terreno a los redobles de “Won’t Get Fooled Again”, de The Who. Así se advierte que lo increíble está por ocurrir; riffs, acordes y bases rítmicas pertenecientes a The Velvet Underground, Led Zeppelin, The Beatles, Aerosmith, The Rolling Stones y Guns N’ Roses, entre otros más, se entrelazarán con “Hacer el amor con otro”, “Verano peligroso”, “Mírala, míralo”, “Güera” y “Eternamente bella”; todos éxitos de quien se conoce popularmente como La Guzmán.
Afortunadamente, ningún fundamentalista del rock parece rondar el Auditorio Nacional. Porque a Moderatto, el grupo que acompaña a la hija de Silvia Pinal, se le ha criticado por llevar su broma ―visitar desparpajadamente todos los clichés del rock como alguna vez lo hizo Spinal Tap― demasiado lejos. Sin embargo, al conjunto parece importarle poco el qué dirán. Con botas a la altura de las espinillas y cabelleras (dos de ellas artificiales) reposando sobre sus hombros, el quinteto enmarca su maquillado rostro. Pantalones entallados y lenguas bien entrenadas para salir a saludar cada vez que la cámara se acerque, complementan las poses de músicos que aprendieron sus mejores trucos en las filas de grupos tan distintos entre sí como Titán, Isis y Fobia, pero que jamás abandonaron el deseo de vivir en carne propia las bondades que acarrea convertirse en rockstars. Que Marcelo Lara, Elohim Corona, Jay de la Cueva, Javier Ramírez e Iñaki Vázquez operen como músicos de La Reina del Rock que bautizó Siempre en domingo resulta absolutamente congruente.
Alejandra porta plumas violáceas hasta en las pestañas y pasa de la licra a la piel de cocodrilo con la soltura que cambia su desordenado cabello por inocentes coletas. Y aunque un par de coristas hace su mejor esfuerzo escalando los tubos que escoltan el aparatoso set de tambores de Corona, no logra opacar los escarceos que tienen lugar entre Ale y Jay. En ese sentido, pese a compartir el escenario prácticamente durante todo el concierto, De la Cueva y los suyos encuentran espacio para quedarse solos y demostrar que su poder de convocatoria no es nada desdeñable. “¡Sacúdanse esa hueva, que el Auditorio Nacional se transforme en un hospital psiquiátrico lleno de enfermos, todos locos por el rock & roll!”, grita el también guitarrista provocando que su público agite las manos para después coordinarse en un salto masivo perfectamente sincronizado con el remate final de “Quemándome de amor”. 

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Por un lado, se habla de cuánto se extrañan unas caderas afiladas y escurridas, acompañadas de una barba que raspaba como lija; por el otro, se hace una confesión temeraria: “No es que sea mala onda, te juro, no quería hacerlo, pero al final te puse el cuerno”. Se trata, nada menos, de algo que esta noche se denomina “amor juvenil”, un sentimiento que se vive entre “Autos, moda y rock & roll”; una crisis que palpita en medio de “Un grito en la noche”. Después de tanta llamarada rosada y llovizna de chispas, de explosiones y motocicletas, “Mil demonios” provoca que la mujer de las alas de plumas negras contenga unas cuantas lágrimas; “Ustedes, mi público, han estado conmigo en las buenas y en las malas. Qué manera de celebrar veinte años de carrera. La neta, no me la acabo”. De este modo, entre rosas rojas arrojadas a las primeras filas y abrazos entre músicos, de nuevo suena “My Way”, aunque esta vez interpretada por Sid Vicious, cuya gamberra voz sirve de despedida para los miles de pacientes que acaban de ser dados de alta del recién inaugurado hospital psiquiátrico.




Alejandra & Jay, herederos eléctricos 
Los apellidos Guzmán y De la Cueva son bien conocidos en la historia del rock & roll manufacturado en México. En primer lugar, Enrique Guzmán comenzó tocando el bajo con Los Teen Tops a fines de los cincuenta, aunque tiempo después se transformaría en el cantante para así grabar un par de LP’s que generaron clásicos como “La plaga” y “El rock de la cárcel”. Más tarde, iniciaría una carrera como solista, la cual ha arrojado a la fecha más de 70 álbumes y éxitos como “Payasito”, “Dame felicidad” o “Mi corazón canta”. Del mismo modo, Enrique se ha desempeñado como actor en diversas películas (al lado de Angélica María y Rocío Dúrcal, por mencionar dos nombres), como comediante en TV e, incluso, como productor teatral. 
Por otro lado, Javier de la Cueva engrosó las filas de Los Hooligans ocupando el puesto de pianista para así protagonizar actuaciones excepcionales en el hoy mítico programa televisivo Orfeón a go go, con temas como “Agujetas de color de rosa”, “Acapulco rock”, “Despeinada” y su versión a “Black is Black”, original de Los Bravos. En su momento, Javier también formó parte de los Black Jeans (igualmente conocidos como Los Camisas Negras) y Los Bopper. Tiempo después acompañó al tijuanense Javier Bátiz en el teclado. (A.G.C.)


Programa

Verano peligroso / Mírala ,míralo / Muriendo lento / Mala hierba / Ten cuidado / llama por favor / Dime de verdad / Sentimettal / Quemándome / Hey güera / La plaga / Ya lo veía venir / Hacer el amor / No hay otra manera / Soy sólo un secreto / Zodiaco / Reina de corazones / Volverte amar / Eternamente bella / Mil demonios / Día de suerte / Un grito en la noche.
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