martes, 30 de agosto de 2011

Red Hot Chili Peppers: Viejos los chiles… y reverdecen

Foto: Warner Bros.

Red Hot Chili Peppers Live: I’m with You / 30 de agosto, 2011 /
Función única / 2:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Alejandro González Castillo
Una larga fila de fanáticos entrega su boleto en las puertas del E-Werk, en Colonia, Alemania. Abrigos, gorras y bufandas, además de un cielo poblado por espesas nubes grises, advierten que el frío carcome huesos. El show está a punto de arrancar; mientras tanto, en México la lluvia hiere el pavimento y el público del Auditorio Nacional celebra con gritos la cuenta regresiva que se orquesta en la pantalla giugante del recinto. En ambos países resulta sencillo notar que existen dos tipos de fans: unos con arrugas surcando su rostro y otros con acné lacerando sus mejillas.


Red Hot Chili Peppers inició su carrera discográfica en 1984 con poca atención mediática a su favor. Fue hasta 1991 que el imperio MTV y sus súbditos echaron un vistazo a Chad Smith, John Frusciante, Anthony Kiedis y Flea, quienes se encontraban lejos del sonido que entonces era etiquetado por la industria disquera como “alternativo”. En realidad, los cuatro amasaron funk, rap, punk y metal cuando esto parecía un acto suicida, revelando así la fórmula que años después reproducirían Limp Bizkit y Korn, aunque ya sin la grasa del funk lubricando la mezcla.

Se trata, pues, de un grupo que sabe llenar estadios y forma parte del selecto club de artistas que, aún, despachan discos por carretadas (Anthony y los suyos han vendido más de 60 millones de platos a la fecha). Entonces, ¿por qué elegir un pequeño foro para presentar I'm with You, su nuevo álbum? Josh Klinghoffer tiene la respuesta.
Tras la inesperada salida de Frusciante, los otros miembros se vieron orillados a encontrar un remplazo en la guitarra; un asunto complicado si se toma en cuenta que el estilo del desertor definió los mejores momentos del conjunto. Sin embargo, ahí está Josh, “el nuevo”; sonriente, presentándose ante la audiencia alemana sin pensar demasiado en que su debut oficial se transmite simultáneamente a varios países por vía satélite.
Para la cita ha afinado ocho guitarras, y todas ellas pasan por sus manos conforme las catorce canciones que integran el nuevo álbum van tomando forma. Es posible localizar una nueva personalidad sónica en los Red Hot, algo inusitado tomando en cuenta la edad del combo, y todo gracias a que Klinghoffer, a diferencia de Frusciante, prefiere heredarle el papel protagónico a Flea y Smith, constructores de una base rítmica tan sólida como la musculatura de Kiedis, quien, con bigote escoltando sus palabras, refrenda su lugar como el consentido de las chicas.
Contorsiones, tatuajes, distorsiones; sudor y frenesí. Con esas palabras podría sintetizarse el espectáculo que hoy ofrecen cuatro tipos que han pasado su vida entre mansiones hollywoodenses y piscinas rebosantes de sustancias ilegales; entre olas espumosas y playas plagadas de modelos talladas a gusto de sus parejas. Depresión californiana, ni más ni menos.
Al final del concierto, los músicos deciden destapar la olla de frijoles saltarines con un clásico de su repertorio: “Give it Away”. Entonces, el público alemán y el mexicano hacen cimbrar sus respectivas tierras. Qué importa si se trata de adultos que se resisten al ataque de las responsabilidades o de jóvenes que llegarán a casa a abrir sus cuadernos escolares. En medio del jaloneo, repentinamente la audiencia se siente intimidada por el bajista, quien desde el escenario observa a ambas generaciones con esa mirada loca que sólo él es capaz de disparar. De hecho, pareciera que retase a todos a sostener su ritmo, a sacudir la cabeza simultáneamente y mostrar sus dentaduras tal como él hace cuando presume esa hendidura tan coqueta que nace en medio de sus dientes frontales. La verdad es que, muy en el fondo, todos quisieran envejecer como los Chili Peppers. Así, bien rojos y ardientes.

La saga del guitarrista perdido
Hillel Slovak fue el primer guitarrista con el cual Red Hot Chili Peppers contó. Sin embargo, una vez que el grupo puso a la venta su tercer álbum. (The Uplift Mofo Party Plan, 1987), éste murió a causa de una sobredosis.
La noticia cayó como balde de agua helada sobre el entonces baterista del grupo, Jack Irons, quien dejó a Anthony Kiedis y Flea solos en la búsqueda de un suplente. Fue entonces que Chad Smith se hizo del puesto de baterista y más tarde John Frusciante tomó el de guitarrista para grabar un par de álbumes célebres: Mother's Milk (1989) y Blood Sugar Sex Magik (1991), tras los cuales el recién llegado abandonaría al grupo para sumirse en una batalla contra sus adicciones.
Los zapatos de John serían ocupados por Dave Navarro (Jane’s Addiction), quien grabaría One Hot Minute (1995). Desafortunadamente, Dave también contaba con costumbres difíciles de abandonar, así que escaparía del grupo en 1998, justo al mismo tiempo que Frusciante comenzaba a sentirse recuperado. De este modo, el viejo desertor regresó a la guarida. 
Desde entonces, los angelinos gozaron de años de bonanza con la ayuda de tres álbumes —Californication (1999), By the Way (2000) y Stadium Arcadium (2006)—; sin embargo, luego de un descanso grupal por tiempo indefinido, Frusciante anunció que de nueva cuenta se separaba de los Peppers. Acostumbrado a cojear del mismo pie, el trío sobreviviente recurrió a los servicios Josh Klinghoffer, un polifacético instrumentista —por cierto, amigo de John—, a quien ya había convocado como músico de apoyo durante su previa gira mundial. (A.G.C.)
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