viernes, 12 de agosto de 2011

Pepe Arévalo y sus Mulatos / Chéjere: Dos tandas por un boleto

Pepe Arévalo y sus Mulatos. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Pásele joven: homenaje bailable a Cantinflas / 12 de agosto, 2011 / Función única /
3:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Julio Alejandro Quijano
Lonas de colores se alzan para cubrir el escenario. En el piso, metros de cable coaxial conectan una veintena de lámparas incandescentes que iluminan el foro. El ambiente es rematado con una pequeña pista de baile en blanco y negro. Sólo falta que un pregonero salga a Reforma para anunciar que la carpa ha llegado, que habrá dos tandas y mucho baile en honor a Cantinflas con el espectáculo Pásele joven.

Lejos de los jacalones de barriada populosa que fueron tan comunes entre las décadas de los 20 y 30 del siglo pasado, y en los cuales debutaron figuras que luego alcanzarían la fama en la pantalla grande (Amparo Arozamena, Joaquín Paravé, Delia Magaña), el de hoy es un foro cómodo, con visibilidad tipo estadio, aire acondicionado y servicio a la carta. En primera fila se advierte a un público atento que se acomoda, diligente, y que aborda la pista de baile cuando desea “mover el bote”. ¡Hasta dónde ha llegado Cantinflas en plan de Cid Campeador a cien años de su nacimiento!
La primera vez que el nombre del cómico apareció en un medio de comunicación fue en la revista Vea, en 1935. Los redactores describen que al entrar en la carpa donde se presentaba —no lo mencionan, pero debió ser la Carpa Ofelia o el Salón Rojo puesto que la ubican en Santa María La Redonda— son recibidos por tres anfitriones: primero, “un montón de borrachillos y enfermos del estómago”; segundo, la pestilencia de “nauseabundos olores”; y, tercero, esa palomilla de primera fila que “unas veces resulta graciosa pero otras, como ahora, es simplemente, sangrona”.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Si a la entrada del Lunario sólo falta el pregonero, adentro se añora una cantinfleada: “¿Quiubo muñeca, le tupimos a la chancla?” Y suena la primera tanda, que es de son jarocho con el grupo Chéjere. El respetable escucha la mayor parte de su actuación sentado, hasta que el de la jarana, Ulises Martínez, los invita a pasar a la pista de baile instalada junto al escenario. Y lo con un discurso ad hoc: “Cantinflas y el son jarocho tienen una conexión porque representan una expresión de la felicidad que, como todas las felicidades, llevan al hombre hacia un estado de realidad que no tiene nada que ver con la tristeza sino con la felicidad de su real expresión humana. Ése es uno de los legados que nos dejó Cantinflas que, como ven, ya me contagió de su cantinflismo. ¡Vamos a bailar, chatos!”

Chéjere. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
La segunda tanda es, como corresponde a toda carpa, la más esperada: Pepe Arévalo y sus Mulatos. “S’órdenes, jefe”, dice el líder al momento de presentarse. La frase va dirigida hacia el altar de fotografías que cuelgan de la carpa. Por respuesta, el público genera un ruidoso zapateo que remata los versos de “El son de la loma”, tema con el que Arévalo comienza su homenaje.
El baile cómico fue una de las pocas cosas que Mario Moreno conservó en Cantinflas. Desde aquellas carpas malolientes hasta la película El barrendero, el personaje siempre aprovechó cualquier momento para, con los pantalones a punto de caer, mover las caderas. Cuando se escucha “Pedro Navajas”, aparece uno que otro imitador que no hace sino confirmar que no cualquiera puede cantinflear, ya sea con la palabra o con el cuerpo.
El final coincide con la medianoche. Sudorosos por las tres horas de baile continuo, los asistentes son recibidos por el frío de una calle donde otra vez es posible jugar a las comparaciones. ¿A las puertas de la carpa hay una piquera de donde salen peladitos que son el vivo reflejo de Cantinflas? No. Todo lo contrario: es una calle bien iluminada donde el respetable sube a sus automóviles o aborda taxis seguros. Como diría el propio Cantinflas en un artículo publicado en 1985: “Surgimos de la carpa y por apoyo permanente del público escalamos alturas en el corazón de la gente que nunca hubiéramos soñado alcanzar”.
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