miércoles, 13 de julio de 2011

Triciclo Circus Band y La Internacional Sonora Balkanera: Danza en tierra de nadie


Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional

Con-cierta Independencia / 13 de julio, 2011 / Función única /
3:20 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.



Alejandro González Castillo
Aparecen por la puerta de la cual regularmente sólo salen hamburguesas y papas fritas; se trata de ocho músicos con narices rojas y mejillas bien chapeadas: Alejandro y Luis Federico Preisser, César García, Pedro Rodríguez, Eric Martínez, Oscar Pineda, Francisco Rebollo, Gladys Jiménez y Agustín Medrano, quienes se abren paso entre la multitud hasta llegar al escenario para ofrecer un espectáculo donde las payasadas ocupan un lugar tan importante como la música que ejecutan.
Reunidos por vez primera en 2009, los integrantes de Triciclo Circus Band encontraron en la polka, el vals, el tango, el danzón y la banda oaxaqueña el espíritu apropiado para ambientar sus evoluciones coreográficas. Saxofones, violín, tuba, trombón, clarinete, flauta, trompeta y batería arman el tinglado sobre el cual el noneto de payasos provoca las risas del público, quien entre taconazos y empujones celebra los chistes que el trombonista arroja apenas tiene oportunidad —“¿qué le dijo una tabla a otra tabla? Tabla tu mamá”— aunque también se enternece cuando éste anuncia que su madre se encuentra extraviada entre la audiencia. “Excusez-moi”, “El amor” y “Mr. Ilich” se erigen como los temas más coreados por los asistentes, aunque es “No corro, no grito, no empujo” el que hace sudar a la mayoría de los presentes cuando Alejandro, al grito de “en sus marcas, listos, ¡fuera!”, ordena recorrer a trote todo el Lunario sin extraviar el vertiginoso ritmo de su composición.
Autodenominados como “la banda protagonista del balkan beat en México”, La Internacional Sonora Balkanera se muestra pendiente de las líneas melódicas procedentes del folklore de Europa del Este, pero también ansiosa por mezclarlas con ritmos propios de las pistas de baile del siglo XXI. Cuando su turno llega, Chukupaka, Enrique Pérez, Watty, Pablo Ramírez y Mi+Mi atienden los movimientos que las manos de DJ Sultán realizan sobre su computadora; el lugar desde donde escapan las bases rítmicas que ponen a bailar a los sobrevivientes del espectáculo circense previo. Para el sexteto, el reto consiste en amalgamar los sonidos sintéticos del ordenador con percusiones y clarinetes que irremediablemente evocan una época donde la electricidad era un sueño inalcanzable, y para conseguirlo echan mano tanto de Johnny Cash (“I Walk the Line”) y Dick Dale (“Misirlou”) como de “Caballo viejo” y “El chubasco”, la última cantada por Líber Terán, el invitado especial, quien se permite modificar la letra para ubicarla geográficamente en la zona balcánica.

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional


Jamás se hace una alusión directa; sin embargo, el par de grupos que hoy se presentan, así como el público que con bailes celebra cada compás, sabe bien que sin la exposición mediática que ha recibido Emir Kusturica y The No Smoking Orchestra, difícilmente una cita como la de hoy se hubiera concretado. Y precisamente apelando al repertorio del también director de cine serbio, nada nuevo ha sido escuchado hoy; acaso los ritmos más subversivos, ejecutados por el primer acto de la noche y anunciados por éste como el pretexto ideal para injertar pasito duranguense con slam, escapan de una ruta trazada en la mente del público incluso antes de entregar su boleto a la entrada del recinto.
Sin embargo, bailar al son del folklore de tantos países no es poca cosa. Sin divisiones políticas de por medio, una vez más, el Lunario se ha transformado, felizmente, en tierra de nadie, en tierra de todos.





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