sábado, 11 de junio de 2011

Fernando Delgadillo: Una ventana al mundo

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional

Gira 25 años / 11 de junio, 2011 / 2:50 horas de duración /
Función única / Promotor: Ernesto Vargas Mancilla

Fernando Figueroa
¿Qué han visto los fans de Fernando Delgadillo durante el cuarto de siglo que ha durado su carrera? Entre otras cosas, un hospital de libélulas y abejas, donde todo mal se desvanece; cientos de botellas con mensajes de esperanza o desazón; una isla que compite con los encantos femeninos y apresa al trovador; declaraciones de amor a la gran urbe; sueños fugitivos, veranos de brumosa claridad, remedios contra el olvido.



De su pluma y guitarra han surgido paseos fantasmales con mujeres que jamás le han dado una cita, la transformación de una dama en la primera estrella del atardecer, una mirada erótica a través del cristal de la bañera, pompas de jabón que evocan noches gloriosas, soldados de juguete que no han ido nunca a la guerra, excitantes voces anónimas que desafortunadamente surgieron antes de la existencia del identificador de llamadas, frases de un vago que nunca se ha cansado de descansar, loas a una mesa que escucha mil conversaciones, himnos a la boca convertida en un jardín de cerezos.

Delgadillo no sólo es un creador de imágenes y metáforas, también las recopila y deposita en bandeja de plata. Enseña que si cae en la desgracia de mendigar sólo hay que tocar las puertas de las grandes mansiones; sugiere no volver al sitio donde se ha sido feliz; contar las alegrías a los demás y las penas a uno mismo; analizar el poder del silencio, coronar el carácter propio con la humildad, jamás herir con la lengua y entender que gran parte de la felicidad consiste en dar.

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional
Luego de veinticinco años de carrera ascendente, el cantautor se planta en el escenario y lo primero que dice es un simple: “Hola, soy Fernando Delgadillo”, que provoca un estruendo mayor al de su aparición de entre las sombras. Presenta juguetonamente a Juan Duarte y Yuri Nilo como “unos chavos que estuvieron ensayando las canciones y que hoy harán su examen final”; a lo largo del show, ellos lo acompañan sucesivamente con guitarras, banjo, chelo, saxofón, triángulo, cajón, armónica y flautas.
Un hombre le grita “¡Te amoooo!” y el trovador responde con gracia: “¡Óyeme… no!, eso es contra natura; ¿no has oído hablar de que los borreguitos con las borreguitas?” Más tarde, Delgadillo pide una bebida similar a la que está tomando el fan que quiere oír una canción que ya fue interpretada; luego ironiza cuando alguien pide “La función de las doce”: “Quisiera complacerte, pero esa todavía no la escribimos, ¿no prefieres ‘La función de las seis’?”.
Los temas de Fernando Delgadillo son una ventana desde la cual se miran valles despejados, noches de insomnio, amores de ayer y hoy, fotografías de la nostalgia, oleadas de recuerdos, casas sin puertas, risas cristalinas, radiografías del pasado, cerros cubiertos de nieve, escenas felices, nubes negras, viajeros en el tiempo y todo aquello que los escuchas han vivido en carne propia pero no sabían cómo diantres decirlo.
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