martes, 21 de junio de 2011

Doctor Deseo: La oscuridad vasca

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional

21 de junio, 2011 / 2:15 hrs. de duración /
Función única / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C
David Cortés
Esta noche reina lo imprevisto. Francis Díez, vocalista y líder de la agrupación vasca Doctor Deseo, tendrá una apariencia normal; pero ninguna de sus acciones, al menos desde hace tres décadas que está al frente de este proyecto, podría calificarse de ordinaria.

Hoy está decidido a visitar todos los rincones del Lunario. Cuando apenas han interpretado tres canciones, sus compañeros (Txanpi, batería; Josi Jiménez, bajo; Aitor Agiriano, guitarra; Raúl Lomas, teclados), lo ven bajar del escenario para cantar entre el público y después subir a la barra y hacerlo desde ahí.
Y es que la noche está decorada de seres marginados, erotismo y amor desenfrenado. Las letras, diseminadas por Francis en una docena de álbumes, visitan los miedos, la noche, la incomunicación, el sistema represivo que ahoga la voluntad de los individuos y se manifiesta en freaks que pululan en los guetos, periferia y barrios bajos, y que encuentran en la noche a su mejor aliado.
Si las letras no son lo suficientemente explícitas, Doctor Deseo no permite las dudas y utiliza las pantallas laterales para exhibir grabados eróticos del art decó y de la imaginería asiática que subrayan una música oscura, de tintes góticos, en donde el carácter maldito del quinteto tiene su nicho.
“No me voy a poner cursi como una jodida miss, pero es muy emocionante estar con ustedes”, dice un Francis que recuerda a los presentes que ésta es su segunda visita a México. Y sí, en España lo aman las multitudes, pero eso no parece importarle al director de la agrupación bilbaína que se entrega con una intensidad digna de un novato, y sabedor de que quienes han venido a idolatrarlo han hecho de su colectivo una banda de culto.
La música apenas rompe sus tonos oscuros. La guitarra, cuando domina, es como un cartucho de dinamita presto a la explosión; el theremin refuerza las atmósferas ocres y densas; mientras, la sección rítmica acomete una serie de ritmos rápidos que Díez aprovecha para contar la historia de quien se encuentra sometido a los genitales de su amante, o aquella de la María, “el travesti que es la mujer más bonita del lugar”.



Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional
Fiel a su idea de generar sorpresas constantes, el vocalista inicia un largo bis y sale a cantar por la parte trasera del lugar para luego posicionarse en el escenario e invitar a un par de odaliscas a flagelarlo. Es el instante en el cual la banda aprovecha para enzarzarse en un largo crescendo que bastaría para cerrar el directo, pero aquí sirve como un preludio a otras seis intensas canciones, en las que, si todavía hacía falta algo por entregar, Francis y compañía lo hacen sin reparar en el agotamiento.

Programa
Intro / Hambre y sed… de ti / Destrozos, promesas y arrepentimientos / Has debido de llorar/ Isla del cielo / Sodomako Sagarra / ¿Quién mueve las cuerdas? / Encadenado a tus jugos / Que amanece de nuevo / Abrázame / De la mano de un deseo / De chocolate y vainilla / Dancing in Hell / Noche de viernes / Fugitivos del paraíso / A mi pequeña María / Lágrimas de placer / Una mujer rota / En tu rincón / Suspira y conspira / La hermandad de los perros sin dueño / Corazón de tango / Mi torpe corazón / Canción del pirata.
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