sábado, 25 de junio de 2011

Adanowsky: Frankenstein de la música

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional

25 de junio, 2011 / 2:15 hrs. de duración /
Función única / Promotor: Elizabeth Monroy

Julio Alejandro Quijano
Al ver que su criatura mueve los labios por primera vez, Víctor Frankenstein sólo atina a gritar: “¡Bonito! ¡Grandioso!”
Así, al ver que Adanowsky aparece con su chaqueta de pedrería brillante, cantando “Estoy mal” y moviendo sensualmente las caderas, lo sensato es gritar: “¡Está vivo, El Ídolo está vivo!”


Pero, ¿acaso El Ídolo no murió hace un año? ¿Adanowsky no lo había matado para convertirse en Amador? ¿No fuimos testigos de la letal sentencia ejecutada en este mismo espacio contra ese personaje provocador y teatral? ¿No fue él mismo quien, en sentido inverso al doctor Frankenstein, tomó a su criatura para quitarle la vida y ponerlo en un ataúd? Hay fotos que lo comprueban.
Pues esta es la historia de su resurrección. Nueve de la noche. La ciudad lleva varias semanas sofocada por un sol quemante, pero hoy por fin las nubes se deshacen en una llovizna refrescante. Adanowsky, convertido en Amador desde la muerte de El Ídolo, ha convocado para un último concierto en la ciudad.
Los feligreses responden con entusiasmo. Amador aparece entre ellos mientras interpreta “J’aime Tes Genoux”. Sus seguidores lo rodean. Le tocan y le besan lo que queda a su alcance: saco, mano, mejilla, frente.
Sube al escenario y pregunta quién ha estado previamente en alguno de sus conciertos. Casi todos levantan la mano para confirmar su fidelidad. Él les dice: “Ésta es una de las últimas presentaciones antes de la muerte de Amador. Por eso es que vamos a cantar algunos temas que por lo general no hacemos”. Saluda luego a su madre entre el público y se dedica a complacer a los fans con su rock de letras románticas y dulces, aptas para los besos de las parejas que, de pie, se buscan en la oscuridad.

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional
Al agotar su repertorio, Amador anuncia una sorpresa que crea expectación entre sus feligreses. Quizá, suponen, es el anuncio de la resurrección de El Ídolo. No es así. En el escenario aparece Rebel Cats, grupo de rockabilly que interpreta “Great Balls of Fire” acompañado en el teclado por un Amador vigoroso que parece tener en la mente a Jerry Lee Lewis.
Rebel Cats se despide. Amador regresa con el escenario a oscuras. “No me apaguen todas la luces”, pide. “Es que me siento como muerto”, precisa. Parece un chiste, pero al final resulta un anuncio. Al volver la luz, sus seguidores ya no ven a Amador sino a Adanowsky con su chaqueta de pedrería brillante y desabotonada. Tardan un poco en reconocerlo. Canta los versos cínicos y deprimentes de “No”. Los feligreses explotan. Ver para creer: ¡El Ídolo estaba vivo!
En Frankenstein, la criatura reclama a su creador: “¿Cómo te atreves a jugar así con la vida y la muerte?” En el concierto, El ídolo se quita la chaqueta. Con el torso desnudo y bailando con ese desenfado que enloquece a más de 300, llena el ambiente de sarcasmo. Está feliz de haber resucitado. Hacia el final del concierto, El Ídolo desaparece y cede el escenario a Amador, quien anuncia su respectiva muerte. A diferencia de la novela de Shelley, las criaturas de Adanowsky viven, mueren y reviven en paz. Él, por cierto, se despide con el anuncio de que pronto dará vida a otro personaje.



Programa

J'aime tes genoux / Lo que siempre fui / Saber amar / Yo soy / Estoy mal / Me siento solo / Niña roja / No / Si aún me quieres / You are the one / Con The Rebel Cats: Estoy Mal / El Ídolo / Estrella inmortal / Un sol con corazón / Basta del oscuro / Mamá / Déjame llorar / Master Blaster / Amor sin fin / Dime cuando / El muerto vivo


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