domingo, 8 de mayo de 2011

Giselle: Amor entre las tumbas

 Grandes Ballets del Mundo / 8 de mayo, 2011 / Función única /
2:15 horas de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C.
Gina Velázquez
Quien mira por vez primera la pantalla gigante del Auditorio Nacional, se asombra como un niño ante su tamaño y nitidez. La siguiente sorpresa consiste en el privilegio de ser testigo de un preámbulo tras bambalinas, cuando el coreógrafo ruso Mikhail Messerer destaca en entrevista la importancia y belleza inigualable de Giselle. La define como una obra maestra del romanticismo, y señala que para los protagonistas representa un enorme reto por los requerimientos técnicos e histriónicos que impone.


Las cámaras también captan el nerviosismo de los integrantes del Ballet Bolshoi; cada estiramiento y rutina previa hacen crecer la expectación. La vista aérea de los instrumentistas ocupando sus lugares anuncia el comienzo de la adaptación más reciente de Giselle. La coreografía es de Yuri Grigorovich (nacido en 1927), quien se basó en las versiones de Jean Coralli, Jules Perrot, Marius Petipa, Alexander Gorsky, Leonid Lavrovsky y Vladimir Vasiliev.
El libreto de la obra, inspirado en un poema de Heinrich Heine, fue escrito por Jean-Henry Saint-Georges y Théophile Gautier durante el auge del romanticismo en Francia; la obra se estrenó en 1841, en París, con música de Adolphe Adam.
En el primer acto se muestra la belleza e inocencia de la protagonista (Svetlana Lunkina), que en cada pirueta emana la gran ilusión y el amor que le provoca Albrecht (Dmitry Gudanov), quien en realidad no es un campesino como ella piensa, sino un noble disfrazado. Giselle deshoja una margarita para saber si es correspondida, pero el último pétalo de la flor revela que no; sin embargo, decide confiar en la palabra de su amado. El guardabosques, también interesado en Giselle, trata de desenmascarar a su rival, pero es ignorado. Contra un amor de ese calibre es imposible luchar.
Un sentimiento tan vehemente sólo puede desembocar en una consumación trágica. Cuando la prometida de Albrecht aparece fortuitamente en la aldea de Giselle, ésta cae enferma de locura, horrorizada ante la devastación de sus sueños, y muere. El telón se cierra y el pasmo en el recinto es tan evidente, que al encenderse las luces pocos se apresuran a moverse de sus asientos.
La atmósfera cambia en el segundo acto. La luna ilumina el cementerio a medianoche; las espectrales Wilis, orquestadas por su reina, Mirtha (Maria Allash), aparecen entre las tumbas para atormentar a los visitantes y obligarlos a danzar hasta morir. La representación de los entes sobrenaturales fue inspirada en una leyenda eslava, plasmada en la obra de Heine. La danza colectiva de las mujeres fantasmales destaca por su sincronía y equilibrio; sin embargo, Allash sobresale con la exquisitez de sus solos.
Albrecht está destinado a caer en el vengativo ritual, pero la sombra de Giselle aparece para protegerlo; su amor trasciende la muerte y lo ayuda a resistir hasta el alba. El pas de deux de los estelares maravilla y no se contienen los aplausos. Con el amanecer, las Wilis desaparecen y la despedida entre los amorosos es definitiva.
La ovación irrevocable para Svetlana Lunkina evidencia por qué el papel de Giselle es uno de los más codiciados, pues demanda perfección técnica, gracia excepcional y lirismo, así como gran habilidad dramática. Como en el cine, muchos permanecen atendiendo a los créditos; y en alguna parte se percibe un suspiro que murmura: “Eso sí es romántico”.

De Rusia para el mundo

* El Ballet Bolshoi es una de las compañías más antiguas de Rusia y, sin duda, la más conocida internacionalmente. En 1773 se dictaron allí las primeras clases de danza y desde entonces ha formado a un sinfín de reconocidos bailarines. Fue hasta 1956 cuando la compañía llegó a Londres y su fama se extendió mundialmente.
* El coreógrafo de esta versión de Giselle, Yuri Grigorovich, fue director del Ballet Bolshoi de 1964 a 1995; sus producciones más famosas son El Cascanueces (1966) y Espartaco (1967), y causó controversia con su versión de El lago de los cisnes (1984), en la que se llega a un final feliz. En 2008 regresó como ballet master y coreógrafo.
* La primera bailarina Svetlana Lunkina, se unió a la compañía del Ballet Bolshoi en 1997. Ese mismo año debutó en el papel principal de Giselle, en la versión de Vladimir Vasiliev. Debido a su talento, desde entonces ha conservado su lugar como protagonista en esta obra.
Dmitry Gudanov, primer bailarín, se graduó en la Escuela de Ballet del Teatro Bolshoi, en 1994. Es un participante regular del Proyecto Estrellas del Siglo XXI, las galas internacionales que se han presentado en Toronto, París, Cannes, Nueva York y Tokio. En 1998 ganó el primer premio en la Competición Internacional de Artistas de Ballet, en París. (G.V.)
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