sábado, 7 de mayo de 2011

Albita: Toda una vida - Entre Celia Cruz y Yemayá


 Fotografía: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional









7 de mayo, 2011 / Función única /
2:15 horas de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Julio Alejandro Quijano
Si las sillas sintieran, seguro que gozarían de tanta candela en sus asientos al sentir a sus ocupantes mover la cintura para exorcizar la amargura mientras corean: “Deja ver cómo le hago / para poderte ofrecer / Nene / Azúcar pa’ tu amargura”. Y se asombrarían de la disciplina con que, sin levantarse de sus asientos, todos siguen un sabroso ritual que Albita explica en cuatro sencillos pasos exorcizantes. Primero, a nadar (brazos arriba y al frente); segundo, a remar (las manos, enjundiosas, por delante del pecho); tercero, a gozar (de la cintura para arriba, todo el movimiento que sea posible); cuarto, a botar la pelota (todos los movimientos anteriores, juntos).


“Estorbamos”, comentarían las sillas al ver que Albita baja del escenario para improvisar cuartetas entre el público. Sobre el pasillo derecho, varias mujeres abandonan sus asientos para, vaso en mano, liberar sus cuerpos. Albita escoge a una de ellas y le pregunta de dónde viene. La mujer se acerca de más, intenta abrazarla, casi la tira y le dice una frase incomprensible. La cantante le pide calma y que repita el nombre de su lugar de origen. Otra vez la mujer falla: tropieza con una mesa, balbucea y se carcajea. A la tercera oportunidad, consigue hacerse entender. Albita improvisa entonces su cuarteta: “¿Cuánto trago has toma’o? / Y no te lo digo de broma. / ¿Tanto ruido y tanto escándalo / pa’ decirme que vienes de Roma?”.
Albita regresa al escenario para rendir un homenaje a José Ángel Espinosa Ferrusquilla. Por primera y única vez en la noche, Albita se sienta para interpretar “El tiempo que te quede libre”. “Por cuarenta años yo pensé que este bolero era cubano, hasta que un día vino mi amiga Angélica a decirme que no, que era de su padre. Y con esta canción quiero resarcir mi error”. Esa amiga Angélica se apellida Aragón, hija del compositor mexicano y actriz que, desde un asiento en primera fila, graba el homenaje.
Fotografía: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

¿Exagerarían las sillas si auguraran que Albita es la sucesora de Celia Cruz? Tiene, desde luego, otra personalidad musical que muestra al cantar un popurrí con canciones que hicieron famosa a Celia. “La vida es un carnaval” se convierte, en voz de Albita, más bien en un canto armonía, y “Oye cómo va” es una súplica romántica. Pero ella misma se reconoce descendiente Celiacruziana: “La primera vez que la conocí fue en Colombia. En ese momento, al ver su sonrisa, tuve la sensación de que había recuperado algo de mi origen, algo que me habían querido robar pero no pudieron: Celia es nuestra”.
Además, nadie negaría que las caderas de Albita se mueven como las olas del mar. Que su vestido negro y largo (empieza en los hombros y termina abajo de los tobillos) la convierten en una sirena de movimientos contagiosos. Al escucharla precisamente en “Plegaria de una sirena”, un comentario se generaliza: en baile, carcajadas y cadencia, Albita semeja a Yemayá, la Diosa del Mar en la religión Yoruba. La propia cantante cubana se arrima al cobijo de esta deidad: “Con esta canción quiero recordar aquel momento de mi infancia en que me descubrí hija del Mar, quiero dedicársela a Yemayá”. A su cobijo y al de Celia Cruz, Albita convoca a su propia cofradía de gozadores.
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