jueves, 19 de mayo de 2011

Agarrate Catalina: El acento va en la crítica

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Gente común / 19 de mayo, 2011 / Función única /
1:50 horas de duración / Promotor: Tres Cuartos S.R.L.
 
Julio Alejandro Quijano
Este carnaval comienza con la marcha de un pueblo que alaba a su líder. La fiesta es escandalosa y exalta las virtudes de quien, ahora como gobernante, “guía los destinos de todo el país”. Pero hay un momento en que el carnaval es interrumpido por un comparsa escéptico. Los entusiasmados marchistas lo encaran y gritan: “¡Patria o muerte!, ¡Patria o muerte!”. El comparsa reflexiona y luego contesta: “Pues ni modo que escoja la muerte”.

Carcajadas. Muchas. Y mezcladas con “sí es cierto”, “es verdad”, “lo hemos vivido”. Este número del espectáculo de la murga Agarrate Catalina marca el tono del resto de la noche. En el escenario todo sucede en serio, como si fuera un espejo de la realidad. Pero en el público, ese reflejo provoca carcajadas muchas veces incontrolables. La explicación es sencilla: entre ambos hay una cuarta pared pintada de ironía.
En una entrevista días antes de su presentación, el letrista, cantante y fundador de la agrupación, Tabaré Cardozo, miraba los apuntes del periodista mexicano que se esmeraba en entender de qué se trata la murga uruguaya. Pero cada vez que Cardozo mencionaba el nombre de su murga, hacía una pausa y volteaba de reojo hacia el cuadernillo. Divertido, señala al final: “Pero es que aquí hemos terminado por cambiar de nombre. En Uruguay somos Agarrate Catalina, sin acento; pero en México todo mundo nos dice que somos Agárrate Catalina”.
En resumen, la murga uruguaya es un carnaval que, por cierto, pone el acento en la crítica política y social. Agarrate Catalina la practica desde hace once años, y su más reciente espectáculo llamado Gente común es, dice Tabaré, “una burla de lo uruguayo”.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Muy pronto es posible darse cuenta de que cuando hablan de un sacerdote que esconde sus pecados sexuales bajo la sotana, de un gremio obrero descabezado, de una empresa hacedora de hamburguesas que explota a sus trabajadores, no sólo hablan de Uruguay, sino también de otras regiones.
Si se apretara el botón de “mudo” al escenario y se escucharan sólo las carcajadas del público —en especial de los uruguayos en la mesa más lejana—, difícilmente alguien adivinaría el motivo de tanta risa. ¿Quién se imaginaría que los temas que provocan la fiesta son la crítica feroza la pederastia, el racismo, la violencia, el abuso?
De hecho, hasta antes de que comience el espectáculo, el Lunario tiene la apariencia de un foro bastante común: comensales concentrados en pláticas y en departir brindis con sus compañeros de mesa.
El escenario entonces se llena con comparsas de atuendos carnavalescos y rostros pintados. Sucede en ese momento que el foro se convierte en calle: las paredes estorban y la música y los cánticos se extienden. Más tarde serán las fronteras las que estorben y será la ironía la que provoque risas por igual entre mexicanos y uruguayos que componen la audiencia.
El dilema del acento en el nombre de Agarrate Catalina, podría tomarse también como una metáfora de su método. Las letras de sus canciones comienzan con tal seriedad que parecen discursos. Hablan, por ejemplo, de Atilio, un sacerdote que piadoso que a todos quiere redimir. Pero enseguida tornan a revelar que Atilio es un sacerdote mentiroso que a todos quiere bajo su sotana. Para terminar, ponen el acento con una frase contundente: “Que dios lo perdone”.
Luego, cuando se imaginan a un restaurante de hamburguesas comunista, el acento es igual de lapidario: “Si tú no cambias, tu país no va a cambiar, por más que tu presidente sea Fidel”.
Al final, el público sale de Lunario con el impulso del carnaval: bailando, cantando y, por supuesto, poniendo el acento en el comentario político.

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