martes, 19 de abril de 2011

Steven Severin: La sangre de un poeta

Fotografía: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Cine-bar BandaSonoras / 19 de abril, 2011 / Función única /
50 mins. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

David Cortés
La historia humana es la continua reescritura de un aparente palimpsesto. La tentación de trabajar, corregir e imprimir una visión diferente sobre lo ya existente es una actividad consustancial al hombre y hoy Steven Severin no deja pasar la oportunidad de estampar su huella en el celuloide.

Quien fuera bajista de Siouxsie and the Banshees, instigador en proyectos como The Glove y colaborador de solistas como Lydia Lunch o Marc Almond, musicaliza La sangre de un poeta (1930), primer largometraje del poeta, dramaturgo, pintor y cineasta Jean Cocteau (1899-1963).

Las imágenes, perturbadoras, extrañas y delirantes de Cocteau establecen, desde el comienzo, una narrativa surrealista, pletórica en símbolos, y Severin, apenas con una laptop y un pequeño tablero de efectos, confecciona una música abstracta, incluso minimalista, en donde el peso del detalle es significativo.
Si el blanco y negro de lo retratado por el director francés dota de una carga de irrealidad a sus ya oníricas historias, Severin despliega atmósferas en las cuales destaca un drone o un sonido que, muy tenue en sus inicios, sube paulatinamente de volumen para instalarse en un primer plano y funciona para dramatizar una escena.
Fotografía: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

En el filme, el poeta se para frente a un espejo y lo atraviesa para llegar al Hotel de las Dramáticas Locuras y al espiar por la cerradura en diferentes habitaciones observa un fusilamiento que se repite ininterrumpidamente, un cielo donde habitan sombras, y un encuentro de hermafroditas. Mientras esto pasa en la pantalla, el músico interpreta una música electrónica que va de un ritmo repetitivo sin llegar al frenesí, a una abigarrada pared de sonidos experimentales, disonantes, cacofónicos y cuyo efecto es desquiciante.
Severin nunca dejó que la música se volviera protagonista; los temas compuestos para la película de Cocteau hablan de un observador atento al movimiento de los personajes y a los gestos de éstos, un par de cualidades que el británico ha cultivado en los últimos diez años cuando, luego de romper un silencio autoimpuesto, regresó para componer coreografías, bandas sonoras y música para teatro. Acostumbrado a llamar la atención cuando formara parte del Contingente de Bromley, Steven Severin aprendió con los años la importancia de saber replegarse. Hoy, el músico, el compositor, decidió alojarse en la retaguardia para permitir a la conjunción del sonido e imagen la gestación de un nuevo ente.
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