viernes, 29 de abril de 2011

Gala sinfónica Queen: Rostros conocidos con renovada belleza


Fotografía: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

29 de abril, 2011 / Función única / 2:19 hrs. de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

David Cortés

Contra lo que muchos creen, la música no sólo enamora por sus sonidos; la posibilidad de una epifanía, siempre latente, se agazapa en los gestos de sus intérpretes, en las imágenes que preceden, acompañan o siguen a la emisión sonora. Hoy, las pantallas laterales del Auditorio Nacional, destacan el rostro de beatitud del fagotista que espera su turno y el embeleso, la satisfacción con la que lo hace llegado el momento, lo lleva a uno a pensar en la magnificencia de la música.

Y majestuosa es la ocasión. La Orquesta Sinfónica de Minería, dirigida por Louis Clark (el mismo que el 28 de marzo se hiciera cargo de los teclados en ELO Former Members), más el Coro Filarmónico Universitario, el Coral Ars Iovalis, el Coro ProMúsica, y el Coro Convivium Musicum, celebran el 40 aniversario del nacimiento de Queen —el grupo de rock formado en 1971 por John Deacon, Brian May, Freddie Mercury y Roger Taylor— e interpretan los principales éxitos del cuarteto en un formato de música de concierto.
Queen surgió a la vera del rock progresivo y aunque su música nunca se ha inscrito en dicho género, sí lleva en ella el germen del sinfonismo y la polifonía de la música vocal. Sus composiciones se prestan a la dotación instrumental de la orquesta y en el paso del rock a la música de concierto no se pierde ni un ápice de la fuerza; en cambio, surgen nuevos colores, atmósferas diferentes, emociones desconocidas y múltiples matices.
En temas como “Play the Game”, la orquesta imprime a la composición un tono pastoral. Hay canciones que con el peso de las cuerdas y la intervención de los alientos, muestran una cualidad cinematográfica que evidentemente existía en ellas de origen, pero que no encontró la posibilidad de explayarse como tal.
Hoy, todas las canciones interpretadas se desdoblan, muestran nuevos ángulos, son objetos de distintas lecturas, se les reconoce porque se les ha escuchado infinidad de veces, pero su rostro nos aparece con otra belleza, con refulgentes brillos y contrastes por explorar. Tintes dramáticos se revelan en algunas de las composiciones como “Don’t Stop Me”, en donde el beat de la batería añade aún más fuerza mientras el coro multitudinario le da al tema un tono vibrante y esperanzador.
Louis Clark toma el micrófono y señala que fue hace treinta años cuando interpretaron por primera vez el repertorio de Queen en formato sinfónico, y que la flautista Elena Durán estuvo allí. Ahora, ella sale para tocar “Love of My Life” y “Killer Queen”. En la primera, su instrumento pone tintes celestiales a la canción; en la segunda, el tema parece fragmentarse para tornarse una pequeña suite que cierra majestuosamente.
Un momento brillante es “Innuendo”, una composición que desde su génesis presenta atisbos de la música sinfónica y que ahora es objeto de una lectura lóbrega y densa en la cual se advierten reminiscencias ravelianas, con sus castañuelas acercándola al garbo y duende del flamenco.
El repaso por la música de Queen no deja de hacer escalas en los puntos más exitosos de la agrupación, pero el encore no por predecible deja de ser estupendo. No hay tema más apropiado para el cierre que “Bohemian Rhapsody”. La orquesta dirigida por Clark, la flauta de Elena Durán, y los coros se unen, se amalgaman, se tornan una unidad y la rimbombancia y grandilocuencia de la composición se agigantan. La polifonía vocal subyuga y la ovación es clamorosa; recuerda la aristocracia y jerarquía de un grupo que vivió y navegó las aguas del rock porque ése fue su deseo, pero cuyas capacidades de ir más allá siempre estuvieran latentes.

Del rock a la música de concierto
Desde los años sesenta, la música de concierto y las orquestas le han prestado un gran servicio al rock. Grupos como Deep Purple, Nightwish, Therion o Metallica, entre otros, han grabado su música respaldados por una orquesta sinfónica y coros. Sin embargo, poco se habla del momento cuando el proceso se invierte y las orquestas sinfónicas llevan a su repertorio temas de la música popular. No son pocos los ejemplos, pero mencionemos aquí algunos de los más interesantes.
A mediados de los años noventa, la Orquesta Filarmónica de Londres realizó varias grabaciones de tributo a bandas de rock como Led Zeppelin y Pink Floyd. En mayo de 2009, en la ciudad de Mérida, Venezuela, la Orquesta Sinfónica de Mérida y el Coro de la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes, presentaron el espectáculo Pinkfonik, un tributo sinfónico a Pink Floyd, en el cual interpretaron la música del grupo británico, aunque no quedó registro discográfico del evento.
Otro ensamble importante, la Orquesta Sinfónica de Londres, no sólo incorporó a su repertorio algunas composiciones de rock y pop, también las plasmó en una serie de discos bajo el título genérico de Classic Rock que inició en 1977 y de la cual se grabaron seis volúmenes —el último del que se tiene noticia data de 1991— y en los cuales se incluyen composiciones de David Bowie (“Life on Mars”), Freddie Mercury (“Bohemian Rhapsody”), Jagger y Richards (“Paint it Black”), Justin Hayward (“Nights in White Satin”), entre otros. (D.C.)

Programa
Flash / Play The Game / Bicycle Race / Don’t Stop Me Now/ Love of my Life / Killer Queen / Somebody To Love / Save Me / We Will Rock You / We Are the Champions / Under Pressure / Who Wants To Live Forever / I Want to Break Free / You’re My Best Friend / Teo Torriatte / Crazy Little Thing Called Love / Innuendo / Bohemian Rhapsody.
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