sábado, 9 de abril de 2011

Lazcano Malo: El arte de la mutación

Parte del show 41 / 9 de abril, 2011 / Función única / 2:10 horas de duración / 
Promotor: César Eduardo Lazcano Malo
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Julio Alejandro Quijano
¿Es un mago? ¿Es John Travolta con camisa de holanes? ¿Michael Jackson con el pelo ensortijado? ¿Cepillín cantando al desamor? ¡No! ¡Es Parte del show! Es decir, Lazcano Malo, quien para presentar su nuevo disco (titulado Parte del show 41) se ha puesto sombrerode copa adornado con un corazón de lentejuelas, pantalones y saco de cuero negros, y se esmeró en el arreglo de su largo cabello chino.

De cuerpo entero, la mezcla provoca cierta confusión entre los neófitos de la Lazcanomanía, no así en el grueso de los que llenaron el Lunario. Estos últimos saben también que el eclecticismo no es solamente exterior.
Justo antes de presentar su canción más trovadora, cursi y romántica, habla de su gusto por la mezcla, o como dice él mismo, por lo “bastardo”. “Cuando la gente me pregunta cuáles son mis influencias, yo les digo que no tengo porque ya me vacuné. Pero de niño me gustaba Cepillín y me pintaba la cara; luego vino Kiss y yo seguía con la mariconería de maquillarme. Después llegaron Pablo y Silvio… y yo seguía con Kiss. Gracias a esa influencia cubana que nunca tuve, escribí esta canción”.
El título es una obviedad que hubiera firmado cualquier trovador latinoamericano: “Te amo”. De hecho, no hace falta hacer mucha memoria para recordar que así le pusieron a “Yolanda”, de Pablo Milanés, cuando la grabó Guadalupe Pineda. Dispuesto al auto escarnio, Malo une los versos de su canción con los de Milanés (Te amo, te amo / eternamente Yolanda), en una última estrofa que provoca otra confusión: ¿Un trovador sarcástico? ¿Un imitador nato?
Todo eso y más. También es uno de los Bee Gees en pleno clímax sexual, tal como lo comprueba su anécdota del día en que perdió la virginidad en casa de sus padres, mientras escuchaba “Stayin’ Alive”. Comenta que “las canciones de los Bee Gees son las mejores para hacer el amor porque le subes el volumen y así tus padres escuchan el ‘Ah, ah, ah, ah’ de Maurice Gibb y piensan que es el coro, cuando en realidad es tu novia gritando lo mismo”.
Minutos después ya es un “Hombre de hojalata”; descubre entre el público al trovador Raúl Ornelas, lo invita a interpretar el tema con ese nombre y provocan un momento emotivo. La respuesta son dos gritos de “te amo”, uno femenino y otro masculino. Lazcano revira respectivamente: “Yo también te amo, pero vienes con tu papá”, y “Yo también te amo, pero ya sabes que no soy zoofílico”.
Desde el comienzo de su carrera, Malo tuvo facilidad para la mutación: compuso uno de los mayores éxitos de Gloria Trevi (“La papa sin cátsup”) y es el colaborador favorito de Enanitos Verdes. No es raro que esas fuerzas transformadoras comenzaran a reflejarse en este personaje que desde su anterior disco, El último niño héroe, se ha perfeccionado.
En el concierto, cada tema es una transformación. Con facilidad se torna en un arrabalero bonaerense que, con voz gardeliana y acompañado al bandoneón por el virtuoso Pablo Aimar, interpreta “Naturaleza muerta”. Y lo hace con tanto dolor que se juraría que es oriundo del barrio de Boca y que sus padres vivieron en la calle Caminito.
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Sólo al final es posible descubrir al personaje original. Entonces resulta obvio que no es un cantante de tangos porteño, tampoco un trovador revolucionario o un payaso de humor ácido. Malo es un tipo que añora su terruño, pero no el que aparece hoy en las noticias, de violencia y crimen, sino el de su infancia, “cuando todavía era posible que los niños saliéramos a jugar sin temor a perder la vida”.
Este hombre con sombrero de copa, camisa de holanes y pantalones de cuero interpreta “Buenos tiempos” con nostalgia y sinceridad. “Es —dice ya sin personajes de por medio— un homenaje a Tamaulipas”.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.