sábado, 30 de abril de 2011

"Il Trovatore": La perversidad de la venganza

Foto: The Metropolitan Opera


En vivo desde el Met de Nueva York / 30 de abril, 2011 / Función única /
3:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
Las publicaciones especializadas consideran que Il Trovatore, de Giuseppe Verdi (1813-1901), es una de las veinte óperas más populares y representadas en la historia de ese género. Tal expectación se percibe desde la plática introductoria de Sergio Vela en el Lunario, que luce repleto; se hace necesario colocar sillas en el vestíbulo del recinto para que más gente pueda ver y escuchar al especialista a través de una pantalla de video.


Vela advierte que se trata de “una obra dramáticamente tétrica, sangrienta, tenebrosa, fúnebre y de lo más siniestra”; luego aligera el comentario con una graciosa anécdota personal: “Mis padres me llevaron a verla cuando yo tenía cinco años de edad y miren lo que pasó”. Agrega que la anécdota es muy compleja, aunque los hechos suceden con una agilidad inusitada: “Verdi es capaz de narrar una historia en dos horas, mientras que Wagner utiliza ese mismo tiempo para que un personaje diga ‘te amo’”.
El imán de esta ópera llena por completo la luneta y zona preferente del Auditorio Nacional, y se registra buena entrada en la parte alta. De aquí nadie saldrá defraudado porque la producción de David McVicar resulta impecable: desde una escenografía giratoria —que en segundos traslada la acción de un campamento gitano al exterior de un palacio o al patio de un convento— hasta un afortunado casting en el que casi cobra vida la sentencia de Caruso: “Es muy fácil de representar Il Trovatore, siempre y cuando tengas a los cuatro mejores cantantes del mundo”.
La historia es realmente compleja. El conde de Luna (Dimitri Hvorostovsky, barítono), quien presta sus servicios en el castillo de Fernando de Aragón, lleva una vida triste desde la infancia porque aparentemente su hermano menor tuvo un fin trágico: el pequeño había perdido la salud luego de que una gitana se acercara a leerle el destino, y eso provocó que ella fuera quemada en una hoguera, acusada de brujería. En venganza, Azucena (Dolora Zajick, mezzosoprano), hija de la gitana, robó al niño enfermo para incinerarlo. Todo esto lo cuenta detalladamente Ferrando (Stefan Kocán, bajo) a un grupo de soldados, pues él fue testigo de los hechos un par de décadas atrás.
El destino quiere que el trovador Manrico (Marcelo Álvarez, tenor), hijo de Azucena, se enamore de Leonora (Sondra Radvanovsky, soprano) y sea bien correspondido. Sin embargo, el conde de Luna también ama a Leonora y es capaz de cualquier bajeza para hacerla suya, incluyendo el rapto. En un momento de debilidad, Azucena confiesa que años atrás quemó por error a su propio a hijo y crió al hermano del conde, de lo cual se desprende la consanguinidad de los hombres que se disputan a Leonora.
Sin conocer el lazo fraterno que lo une con Manrico, De Luna lo manda apresar y ordena su ejecución, mientras que Leonora se suicida tomando veneno. Cuando la gitana ve que el conde ha matado a su propio hermano y perdido a la mujer que ama, levanta la vista al cielo y le dice a su madre fallecida: “Te he vengado”.
La participación vocal de los principales intérpretes resulta sobresaliente, en especial la de Sondra Radvanovsky, quien recibe cuatro o cinco ovaciones de muy larga duración luego de sus arias en solitario, premios pocos frecuentes en el Met de Nueva York. Marcelo Álvarez, Dimitri Hvorostovsky y Dolora Zajick están casi a la misma altura de la soprano. En cuanto a actuación, destaca Zajick, quien desde hace 23 años interpreta el papel de la gitana.
James Levine estaba anunciado como director musical, pero problemas de salud impiden su presencia; lo suple eficazmente el joven italiano Marco Armiliato. El coro cumple de manera excepcional su labor como un grupo de anónimos soldados o gitanos. Para crear el mundo visual, el escenógrafo Charles Edwards se inspiró en la serie de dibujos Los desastres de la guerra, de Goya, apoyado en esa tarea por la vestuarista Brigitte Reiffenstuel, iluminación de Jennifer Tripton y coreografías de Leah Hausman.

Apasionados y locos de remate
* El libreto de esta ópera fue escrito por Salvatore Cammarano, basado en El trovador, de Víctor Hugo. La obra fue estrenada en el teatro Apollo de Roma, el 19 de enero de 1853.
* Sondra Radvanovsky se graduó en 1998 en el Programa de Jóvenes Artistas en Desarrollo del Met, donde ha pisado el escenario en 125 ocasiones. Al ser entrevistada en el intermedio, señaló que el personaje de Leonora es de los más difíciles de Verdi, pues “exige de todo: notas muy agudas, muy bajas, suaves y fuertes”.
* Marcelo Álvarez estudió economía y no fue sino hasta que cumplió 30 años que se interesó en cantar ópera. Él atribuye la popularidad de Il Trovatore a que “aborda toda clase de emociones y vivencias: amor, odio, celos, venganza, sufrimiento, dolor y muerte”.
* Dimitri Hvorostovsky, quien fue el intérprete más aplaudido después de Sondra Radvanovsky, comentó que el papel del conde “exige que además de cantar bien proyectes las pasiones que provoca un amor fallido”.
* En 1988, Dolora Zajick debutó en el Met como Azucena. Afirma que ese papel “requiere mucha pasión, pero si no posees técnica, es imposible que lo hagas”. También dijo con mucha gracia: “En esta ópera, todos los personajes están locos de remate”. (F.F.)
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