sábado, 9 de abril de 2011

El Conde Ory: Las Cruzadas de Juan Diego

En vivo desde el Met de Nueva York / 9 de abril, 2011 /
3:00 hrs. de duración / Función única / Promotor: FUAN Financiera S.N.C.
Fernando Figueroa
12:25 (hora de Nueva York). Departamento de Juan Diego Flórez en Manhattan. Después de pasar en vela toda la noche, auxiliando a su esposa en el trabajo de parto, el tenor recibe dentro del agua a su primogénito, Leandro, y lo entrega a la mamá, la australiana Julia Trappe.
12:30. El artista peruano sale rumbo al Lincoln Center, pues media hora después inicia la función de El Conde Ory, de Gioachino Rossini, en la que interpreta el papel principal.
13:00. Comienza la transmisión vía satélite con la presencia de la conductora Renée Fleming, quien da la noticia de ese alumbramiento y de la reciente llegada del papá al teatro. También comenta que es la primera vez que esta ópera cómica se representa en el Met, pues resulta muy complicado conseguir a las tres grandes figuras del bel canto que se requieren: El Conde Ory (Juan Diego Flórez), Condesa Adèle (Diana Damrau, soprano) e Isolier (Joyce DiDonato, mezzosoprano).
La producción de Bartlett Sher tiene múltiples apoyos pero descansa básicamente en la poderosa voz y vis cómica de Flórez; a lo largo de la función, el público premia con aplausos su canto, y con risas su destacada actuación, sin imaginar que el divo no ha dormido en absoluto (la información acerca de su vida privada es un plus sólo para quienes observan los hechos en pantalla de alta definición). Resulta muy gracioso ver a Flórez disfrazado de ermitaño, con barba y cabello largo, y luego como monja, en ambos casos metiendo mano en la humanidad de la tímida Adèle.
Sher opta por un montaje de teatro dentro del teatro, acorde con el tono pícaro de la obra; de principio a fin, el humor permea no sólo los diálogos y situaciones sino también el planteamiento escénico. Un actor extra hace las veces de un anciano y huraño director omnipresente que marca los tiempos a los actores y músicos, además de ser tramoyista milusos que manipula telones, la puerta del castillo y hasta las mariposas metálicas que aparecen en torno a los amantes.
La historia transcurre en la Edad Media, cuando un grupo de soldados abandona una fortaleza para unirse a las Cruzadas. La ausencia de hombres es un acicate para el Conde Ory, un hombre enamoradizo que desea conquistar a Adèle y, de paso, flirtear con todas sus damas de compañía. Una anécdota tan sencilla sirve como marco para un frenético divertimento, en el que la ambigüedad es el nombre del juego; Isolier, el paje de Ory, también ama a la condesa, sin importar que el personaje sea interpretado por una mezzosoprano (castrati originalmente).
La escena cumbre, que Berlioz definió como “la página magistral de todo Rossini”, es un simpático ménage à trois resuelto con ingenio. Isolier y Adèle tratan de consumar su amor, pero en la penumbra aparece Ory, quien ignora la presencia de su rival. El toqueteo se convierte en una graciosa batalla campal, al tiempo que se lleva a cabo la amalgama de voces belcantistas. Todo esto es perfectamente visible porque el lecho se muestra casi vertical, gracias a que el mencionado director de escena opera un mecanismo similar al que tienen las camas de hospital. Igual de hilarante es el momento en que los compañeros del Conde Ory, disfrazados de monjas, asaltan la cava del castillo y se embriagan, entonando cánticos mundanos y religiosos alternadamente.
Stéphane Degout (Raimbaud), Susanne Resmark (Ragonde) y Michele Pertusi (Tutor), interpretan sus personajes con gran credibilidad, y vocalmente empatan con los altos estándares del trío principal; la dirección musical en el foso corre a cargo de Maurizio Benini. Los coros, que en esta ópera juegan un papel importante como interlocutores, son espléndidos. La escenografía resulta ágil, aunque a ratos se percibe tráfico pesado por culpa de una reducción innecesaria de espacios; el vestuario combina elegancia, sensualidad y gracia, según el caso.
La ovación final parece interminable, sobre todo para alguien que desea correr a casa para abrazar a un bebé recién nacido.

La palanca de velocidades del timing
* En las entrevistas del intermedio, Juan Diego Flórez no sólo se refiere a su debut como papá; también declara su preferencia por la comedia, género en el que se siente más relajado, aunque define al Conde Ory como uno de los papeles más complicados de su repertorio.
* A Flórez se le había visto antes en tres transmisiones en vivo desde el Met: El barbero de Sevilla, La hija del regimiento y La sonámbula. Acerca de él, Plácido Domingo ha dicho que “es el mejor tenor lírico de la historia”.
* Para el productor, Bartlett Sher, lo más difícil a la hora de elegir reparto en una ópera cómica, “es encontrar cantantes que hayan nacido con timing, pues es algo imposible de enseñar”.
* Joyce DiDonato afirma que ésta es una obra en la que se requiere tener muy afinado “el cambio de velocidades” para dinamizar el tono de comedia. Por otra parte, lo que más le gusta a Diana Damrau es que “tiene cosas muy francesas; hay parlamentos que aparentemente dicen una cosa pero significan otra”.
* Le Comte Ory fue la penúltima ópera escrita por Gioachino Rossini (1792-1868) y se estrenó el 20 de agosto de 1828 en París. Gran parte de la música la tomó de otra obra suya, Il viaggio a Reims, que había realizado para la coronación de Carlos X y que estaba fuera de repertorio. El libreto de El Conde Ory fue escrito en francés por Eugène Scribe y Charles Gaspard Delestre-Poirson, a partir de un vodevil homónimo inspirado, a su vez, en una balada medieval. (F.F.)

Elenco
Juan Diego Flórez: El Conde Ory
Joyce DiDonato: Isolier
Susanne Resmark: Ragonde
Raimbaud: Stéphane Degout
La Condesa Adèle: Diana Damrau
Maurizio Benini: Director musical
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