domingo, 17 de abril de 2011

Coppélia: La belleza de lo siniestro

Foto: Ballet de la Ópera de París


Grandes Ballets del Mundo / 17 de abril, 2011 / 2:00 hrs. de duración /
Función única / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.
Fernando Figueroa
Quedan de verse en la escalinata para entrar juntos al Quinto Remate de Libros del Auditorio Nacional; llegan puntuales y se saludan con abrazo y beso en la boca. Ya dentro del vestíbulo, ven un mar de gente y volúmenes de todos tamaños, colores y precios. Deciden separarse para ver lo que a cada uno le plazca, y volverse a juntar cuando el azar así lo decida.
Ella se va directo a los volúmenes relacionados con su gran pasión, los gatos; él quiere una enciclopedia barata de los campeonatos mundiales de futbol, pero casi de inmediato se topa con el título de un libro que lo cautiva: 13 historias siniestras y nocturnas, de E.T.A. Hoffmann. Lo compra de inmediato a precio de ganga y se sienta a hojearlo; al revisar el índice, se siente atraído por “El hombre de arena” y empieza a leer ese cuento. “Son veinte paginitas, me lo echo rápido”, se dice a sí mismo.
Ella lo ve leyendo y no quiere interrumpirlo; hace bien, porque él no le hubiera perdonado una interrupción, sobre todo porque hacía muchos años que un texto literario no lo atrapaba de una manera tan intensa. Se siente reflejado con los miedos infantiles del personaje central, Natanael, a quien le aterroriza la idea de que un hombre vierta arena en los ojos de los niños que no quieren dormirse. Luego piensa que Clara, la novia de Natanael, es muy parecida a la mujer que en ese preciso momento busca libros acerca de felinos domésticos: guapa, comprensiva, pero… muy racional.
Él también se enamora de Olimpia porque nunca contradice a Natanael, y no le importa saber, páginas adelante, que se trata de una muñeca con la mirada perdida. Casi llora cuando el malvado Coppélius destroza a la maniquí, provocando la locura de Natanael y su ingreso a un manicomio. Con alivio se entera de que el protagonista recobra la cordura y el amor de Clara, pero su gozo se evapora cuando la neurosis de aquél reaparece e intenta matar a su prometida, lanzándose finalmente al vacío.
Ella llega junto a él y le dice: “Oye, acaban de anunciar la primera llamada para el ballet Coppélia, ¿no te gustaría entrar? Lo transmiten en video de alta definición; mira el programa, me lo acaban de regalar”. Él no escuchó ninguna llamada, pero acepta, aún aturdido por la historia que acaba de leer. Van a la taquilla, compran sus boletos y entran al recinto.
Los dos se quedan perplejos al ver, en pantalla gigante, la magnificencia del palacio Garnier, que se muestra en todo su esplendor momentos antes de que se abra el telón. Se apagan las luces y aparece Brigitte Lefèvre, directora del Ballet de la Ópera de París, explicando que esta coreografía de Patrice Bart, estrenada en 1996, se basa en la versión original de Arthur Saint-Léon, pero haciendo mayor énfasis en los aspectos oscuros de “El hombre de arena”, de E.T.A. Hoffmann.
Él siente una descarga eléctrica en el cuerpo y sudor en las manos por tamaña coincidencia. Atónito, atestigua que la anécdota sufre muchas modificaciones pero que permanece la lucha entre el bien y el mal, entre la cordura y la locura. Deduce que, en la coreografía de Bart, Natanael es Frantz (Mathias Heinmann), Olimpia es Coppélia (maniquí), Clara es Swanilda (Dorothée Gilbert), y Coppélius una versión joven y donjuanesca del personaje del mismo nombre en el cuento, interpretado por José Carlos Martínez.
Ella dice que el artista español es “guapísimo, elegante, sobrio”, que Gilbert y el cuerpo de baile femenino parecen salidos de un cuadro de Degas, y que Heinmann es un dechado de técnica clásica. Él, en cambio, no ve una representación sino algo real; cree que los maniquíes del estudio de Spalanzani (Fabrice Bourgeois) son tales y no bailarines interpretando seres inanimados. (La iluminación y escenografía de Ezio Toffolutti se regodea en claroscuros y espacios nada cálidos que agudizan el patetismo de ciertas escenas.)
Él no entiende por qué en Coppélia hay un final feliz, con un triunfo del amor entre Frantz y Swanilda. Ella suspira emocionada. Ambos salen al vestíbulo del Auditorio; él necesita un trago y ella quiere buscar más libros que traten acerca de los gatos.
Hoffmann, Freud y Delibes
* A Sigmund Freud le gustó tanto “El hombre de arena”, de E.T.A. Hoffmann, que lo utilizó como base para describir el concepto de “lo ominoso”, que surge cuando lo doméstico y cotidiano se transforman en algo siniestro. Según el creador del sicoanálisis, Natanael se enamora de la muñeca porque ella es el símbolo de lo posible en un mundo de negaciones. Y, but of course, que el temor a perder los ojos es una alegoría del miedo a la castración.
* El ballet Coppélia se estrenó en la Ópera de París, el 25 de mayo de 1870, con coreografía de Arthur Saint-Léon, música de Léo Delibes y libreto de Charles Nuitter. Se ha representado ahí más de mil veces en la versión original y adaptaciones de Albert Aveline (1936), Pierre Lacotte (1973) y Patrice Bart (1996).
* En la coreografía de Patrice Bart se incluyen pasajes de baile que no existen en la versión de Saint-Léon. Para musicalizar esos segmentos, Bart utilizó partes de Lakmé y Le Roi L’a Dit, de Delibes.
* El personaje Coppélius es algo así como la actual puerta principal del Louvre: un añadido moderno a una obra clásica, un hombre vestido de frac que ejecuta solos de danza contemporánea.
* En la función que pudo verse en el Auditorio Nacional, Koen Kessels dirigió magistralmente a la Orquesta Colonne. (F.F.)

Reparto
Mathias Heinmann: Frantz
Dorothée Gilbert: Swanilda
José Carlos Martínez: Coppélius
Patrice Bart: Coreografía
Koen Kessels: Director de orquesta
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