jueves, 14 de abril de 2011

Benny Ibarra: Un músico en pos de la madurez

Fotografía: Jorge Carreón / Auditorio Nacional


14 de abril, 2011 / 2:55 hrs. de duración /
Función única / Promotor: Ocesa Promotora S.A. de C.V.

David Cortés
La frontera entre un reconocimiento sentido y honesto, y una demostración de sentimentalismo es tenue, y hoy Benny Ibarra, a mitad de su concierto, la bordea con temeridad. El cantante deja correr un sampler en el cual habla de sus progenitores mientras en las pantallas laterales se muestran imágenes alusivas. A ella, Julissa, dice, le debe sus estudios de música y teatro; a él, Benny, un músico rebelde y cantante de Los Yaki, su vocación musical. “Él es mi primer ídolo”.

En seguida, el compositor y su banda atacan las notas de “Murmullo de amor” y de bambalinas sale Benny padre a cantar con su hijo; ambos ligan el tema con “Diablo con vestido azul / La Plaga”, para cerrar con un abrazo que rinde aún más a la audiencia.

El gesto habla de la dicotomía de un cantante que se lanza a ciertos atrevimientos y busca desligarse de marcos impuestos por la industria. Y es que el camino de Benny Ibarra, a pesar de las evidencias, no ha estado exento de complejidades. Es difícil desprenderlo de Timbiriche, banda a la cual se le unió sin preguntársele y hay también un público que no olvida su paso por aquella agrupación y pide, ante todo, conciertos del recuerdo.
Sin embargo, Benny está a medio camino entre el canto romántico y la canción de autor, liberada de ataduras y sin compromisos. Hoy, al inicio se decanta por los alientos del corazón, aunque invariablemente encontrará el instante para insertar elementos distintos y que imprimen otros matices a su sonido.
Aquí es un poco de jazz, ahora una pizca de hip hop, mucho pop rock y, cuando la intensidad de una composición así lo demanda, recurre al rock muy directo, totalmente upbeat, capaz de elevar los ánimos en un santiamén.
Su banda es disciplinada, pero puede ir a lugares insospechados, siempre y cuando el capitán de este barco decida soltar las amarras. Al entrar al escenario la cantante Paty Cantú para hacer un dueto con él, el sexteto se repliega y se ciñe a lo esencial; pero al calentarse la noche y subir el acordeonista Celso Piña, los músicos se transforman y se despliegan con libertad.
Afloran los ritmos latinos, las cadencias sensuales y la música caliente despide lascivia. Si ésta pudiera encarnarse, hacerse de un cuerpo, seguramente sería una mulata de marcadas curvas. Es aquí, con ayuda de la tecnología, que Benny canta a dueto con Lila Downs; es aquí, también, el instante en el cual la cumbia y el vallenato se encaminan más hacia la world music y entonces atestiguamos una especie de transmutación porque del músico que hace llamados continuos al amor no queda nada; en su lugar está un artífice de los ritmos y de la fusión, un creador sensible a otras músicas.
Pero el oasis es breve porque Benny regresa a la cautela, ordena a sus músicos recular, toma su piano y él solo delinea cada uno de los recovecos de la intimidad. Extrae sus secretos, pinta sus sinsabores, alaba sus bondades e incluso de la decepción hace un retrato pormenorizado.
En el colofón la banda, entregada, apoya a un cantante que ha dejado su éxito radiofónico más reciente para ese momento; una apuesta segura y con la cual deja satisfechos a los feligreses. Las rutas alternas podrán seguir transitándose eventualmente.


El compositor
Benny Ibarra es uno de esos músicos que no obstante provenir de un grupo infantil (Timbiriche) ha logrado destacar por su talento. De 1985 a 1989 estudió jazz, guitarra, música clásica y composición en Walnut Hill School y en el Berklee College of Music de Boston. Ese aprendizaje lo empezó a poner en práctica en 1992 cuando hizo su primer disco como solista, Háblame como la lluvia. Sin embargo, sus pasos como compositor han sido lentos; su trabajo ha necesitado de tiempo (tiene un total de siete discos en solitario) para edificarse y ganar la confianza necesaria.
De su amplitud de miras hablan sus nexos con diferentes músicos; Benny, siempre ha optado por elementos con carreras personales propias (Fratta, Sabo Romo, Fernando Toussaint, Diego Maroto, entre otros) para conformar su banda y esto le ha proporcionado una visión muy amplia de otras vertientes, lejanas al mainstream. Esta actitud, además de otorgarle liderazgo, le ha ganado respeto. Fratta, quien lo ha acompañado al bajo durante muchos años, dice: “En lo personal siempre he admirado a Benny por su tenacidad, concentración y capacidad de trabajo. De los primeros discos a La marcha de la vida (su más reciente producción), ha logrado hacer las cosas por sí mismo: componer, tocar, escribir y producirse. Benny es capaz de salirse de su zona de confort y experimentar sin desbordar los límites reconocidos de lo que la gente reconoce y pide de él”. (D.C.)

Programa
Imperfecto amor / Perder para encontrar / Sin ti / Vuela  / Siento / Uno / Inspiración / Sutil dolor / Tonto corazón / Con Paty Cantú: Se desintegra el amor / Con Benny Ibarra padre: Diablo con vestido azul, La plaga / Con Celso Piña: Sólo un pez en el mar / Con Celso Piña y Lila Downs: Calaveras / Cielo / La marcha de la vida.
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