jueves, 21 de abril de 2011

The Almost

21 de abril, 2011 / Función única /
1:00 hora de duración / Promotor: Alejandro de la Cuesta
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Alejandro González Castillo
Aaron Gillespie toma aire profundamente para saludar al público. Comenta que tanto él como los cuatro músicos que lo acompañan vienen de Florida para luego preguntar si existe el ánimo de pasarla bien. Su rubia cabellera luce desordenada después de brincar sin cesar durante cerca de tres minutos al ritmo de “Lonely Wheel”, pero sus pantorrillas no descansan cuando ese tema se extingue; “Monster Monster”, el segundo número de la noche y de paso el título del más reciente álbum de The Almost, es lo suficientemente enérgico como para que la sofocación continúe y el cantante abunde en detalles geográficos para así explicar porqué el sudor forma parte indispensable del show: “Sucede que venimos de un lugar muy, muy caliente”.


Fue hace cuatro años que Gillespie puso a la venta Southern Weather, un álbum donde, además de cantar, él mismo se encargó de ejecutar prácticamente todos los instrumentos. Pero antes de ése, su debut discográfico, grabó una serie de demos que delineaban una personalidad sonora alterna a la de Underoath, el grupo en el que entonces participaba como baterista; puesto que abandonaría en 2010 para así dedicarse enteramente a The Almost. Así, en franca sintonía con el frenesí del autor, “No, I Don’t”, “Young Again” y “Hands” son algunos de los temas más celebrados por un público joven que aplaude los puntos en común entre esas tonadas y el catálogo de Greenday y Blink 182; aunque también celebra el perfil menos aguerrido de los estadounidenses, quienes también ofrecen pasajes donde Poison y Bon Jovi se anuncian como influencias.

Después de confesar su pasión por los tacos y arrojar piropos a sus fans, Gillespie se pone meditabundo y comenta que pasó un periodo de tiempo a la caza de una paz espiritual que finalmente encontró en Jesús. Entonces, como si se hubiera mencionado el nombre de Jimi Hendrix, Kurt Cobain o cualquier otro mártir del rock en vías de canonización, la gente que se arremolina frente al escenario arroja la ovación más poderosa de la noche; una que ni siquiera alcanzan los épicos coros de “Free Fallin’”, el clásico que inmortalizara hace décadas Tom Petty y que hoy consigue que todos dirijan sus palmas hacia el techo del recinto.
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Paradójicamente, si se toman en cuenta las gotas de sudor que escurren de sus rostros, la despedida de Aaron, Jay Vilardi, Alex Aponte, Joe Musten y Dusty Redmon es bastante adusta. La audiencia exige más temas, pero los músicos desaparecen repentinamente hasta que, después de varios minutos de ausencia luego de los acordes finales de “Monster”, es el baterista quien regresa al escenario para tomar la mano de los muchos que, debido a su edad, no tuvieron acceso a bebidas fuertes, pero cuya euforia los hace lucir en un demoledor estado de embriaguez.
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