sábado, 19 de marzo de 2011

Lucia di Lammermoor: Una boda funesta

En vivo desde el Met de Nueva York / 19 de marzo, 2011 /
Función única / 3:50 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.


Fernando Figueroa
“Cuando canto, siento como si el alma del personaje saliera por mi boca”, dijo Natalie Dessay en una entrevista con el diario El País, en mayo de 2007. Casi cuatro años después, esas palabras cobran vida cuando interpreta el papel principal de Lucia di Lammermoor, en el Met neoyorquino. El público que presencia el espectáculo en vivo —e incluso a distancia— la ovaciona después de sus intervenciones más significativas, seguramente el mayor número de veces en lo que va de la temporada 2010-2011.
Antes de que se abriera el telón, Dessay había comentado ante la cámara de video que interpretar a Lucía es un privilegio y que siempre ofrece el cien por ciento de su capacidad artística “porque nunca se sabe si será la última vez y quiero dejar una imagen imborrable”. Sin duda logra su objetivo, ya que muchas horas después de finalizada la función perdura en la mente no sólo su imagen de novia con vestido ensangrentado sino, sobre todo, sus grandes dotes vocales y algo poco común en la ópera: la capacidad de improvisación actoral.
Ante el mencionado diario español había confesado que es una actriz frustrada que se refugió en la ópera. En el intermedio de la función del Lincoln Center le dice a la conductora Renée Fleming que conoce tan bien esta obra de Gaetano Donizetti que se olvida de la complejidad de la partitura y se concentra en la creación de un personaje creíble. La mayoría de quienes la ven en escena están convencidos de que realmente existe, que adora a Edgardo (Joseph Calleja) y que además tiene un hermano cruel (Ludovic Tézier como Enrico) empeñado en casarla con Arturo (Matthew Plenk). Y la cereza del pastel envenenado: el pastor Raimondo (Kwangchul Youn), cuya principal actividad consiste en exigir a Lucía: “Pliégate a tu destino”; en otras palabras: “Sométete a la dictadura de Enrico”.
La productora Mary Zimmerman se ha empeñado en mostrar una visión feminista de la historia, con una Lucía rebelde, que inconscientemente prefiere perder la razón (llevándose entre las patas a al esposo indeseado) antes que caer en las garras del poder masculino que la rodea. Zimmerman comenta que en La novia de Lammermoor, novela de Walter Scott en la que está basado el libreto de Salvatore Cammarano, se hace énfasis en la aparición de dos fantasmas femeninos —el de una desconocida que había sido apuñalada por su celoso amante y el de la propia Lucía al final del último acto—, quienes buscan revancha luego de tanto oprobio, y por eso ella quiso incluirlos en el montaje.
Además de su estupenda actuación, Dessay se da vuelo con los fuegos artificiales de la coloratura, mientras que Calleja (tenor) flaquea un poco en la creación del personaje pero se muestra sobresaliente en el canto. El trabajo de Kwangchul Youn (bajo) y Ludovic Tézier (barítono) no tiene mácula, al igual que el coro, ese personaje que lo mismo representa al pueblo en el páramo que a la burguesía en la boda. La orquesta del Met, con su nivel de excelencia acostumbrado, ahora bajo la batuta de Patrick Summers, y dos instrumentistas que destacan en un par de solos inolvidables: Deborah Hoffman en el arpa y Denis Bourikov en la flauta, segmento este último que Donizetti compuso para armónica de cristal.
Consultada por Fleming, Natalie Dessay afirma que para ella el tercer acto no es el más difícil porque en ese momento ya intuye la liberación: un tobogán que pondrá punto final al sufrimiento y la desesperación; más bien le teme a las primeras notas, cuando todo es cuesta arriba y aún falta un largo y sinuoso camino por recorrer.
Los 15 minutos de la escena de la locura quedarán literalmente grabados en los anales de la historia operística, con una Desay exigiendo un hueco en el Olimpo donde ya estaban María Callas, Joan Sutherland y Renata Scotto. Dentro de un siglo y aún después, los amantes del arte total tendrán acceso en video a una experiencia de casi cuatro horas que en vivo resultó conmovedora, al borde o en el abismo de las lágrimas, según el caso. Habemus Diva.

Romeo y Julieta revisitados
Walter Scott (1771-1832) narra en La novia de Lammermoor (1819) un conflicto similar al de los Capuleto y los Montesco en Romeo y Julieta (1597), de William Shakespeare, quien a su vez se basó en textos aún más antiguos. En la novela de Scott, el enfrentamiento se da entre la familia protestante Ashton, que despoja de sus bienes a los católicos Ravenswood y provoca el deceso del patriarca de estos últimos, a causa de un infarto. El destino quiere que Lucy Ashton se enamore de un Ravenswood, quien había jurado vengar la muerte de su padre.
Lady Ashton, madre de Lucy, no acepta esa relación y trata de impedir a toda costa que se casen. En la versión operística, quien se opone no es la madre —“ha muerto recientemente”, se oye decir de ella desde el primer acto— sino dos varones: el hermano de la protagonista y el pastor Raimondo. El libretista Salvatore Cammarano muestra a una Lucía realmente indefensa, pues se enfrenta a los poderes religioso, político y económico, y además piensa que la ha traicionado el hombre a quien ama. Un coctel explosivo, capaz de enloquecer a cualquiera.
Walter Scott escribió poemas y varias novelas históricas como Waverley, acerca del levantamiento jacobino de 1745 en el Reino Unido; Ivanhoe, ambientada en la Inglaterra del siglo XII, y Quentin Durward, que sucede durante el reinado de Luis XI en Francia. Estudiosos de la obra de Scott suponen que La novia de Lammermoor está basada en hechos que realmente acontecieron en la campiña escocesa, aunque tal hipótesis no ha sido comprobada. (F.F.)

Elenco
Natalie Dessay: Lucía
Joseph Calleja: Edgardo
Ludovic Tézier: Enrico
Kwangchul Youn: Raimondo
Patrick Summers: Director musical
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