sábado, 12 de marzo de 2011

Junip: Suave y sorpresivo

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

12 de marzo, 2011 / Función única / 1:10 hrs. de duración /
 Promotor: Festival de México
David Cortés
Hace diez años, Junip plasmó algunos EPs y cuando el éxito lo esperaba en lontananza, el trío decidió abandonarlo todo. Durante el silencio, el cantante José González catapultó su carrera solista; sin embargo, los recuerdos y las ansias de volver a pisar los escenarios con un grupo de amigos, más la grabación de un primer álbum en 2010, llevaron a Tobias Winterkorn (bajo, teclados), Elias Araya (percusiones) y el propio González (guitarra y voz) a reunirse. (Esta noche un tecladista y un baterista los apoyan.) 

Quienes hoy se dan cita en el Lunario saben de la breve historia de la agrupación, pero González, en un atropellado español, no gusta de equívocos: “Somos Junip, de Suecia”. Segundos después, rasguea su guitarra para marcar la introducción de un tema de aparentes tonos pastorales que lentamente evoluciona hacia una composición dinámica, sazonada con toques ligeros de jazz y matices electrónicos. En medio de ese potaje se cuela un poco de psicodelia, coronada por la bella voz de González.
Cierto, en la música de Junip hay inflexiones folk, probablemente las suficientes como para pensar en ellas como la dominante en el sonido de la banda, pero el todo dista mucho de ser algo inocente porque de pronto hay corrientes desbocadas de energía que atraviesan las canciones, siempre apuntaladas por un bajo palpitante y robusto que otorga rigidez al esqueleto sobre el cual se tiende una brillante gama cromática, en donde se advierten los apasionados rojos del flamenco y los amarillos pastel y los verde limón de las percusiones brasileñas.
Junip hace música de detalle, de sonidos sorpresivos, repentinamente es un redoble inesperado, una tintineante percusión, un arpegio de la guitarra el que sobresale en medio de largos pasajes instrumentales en los cuales incluso se llega a construir un ritmo monótono semejante al de algunos exponentes del rock alemán de los setenta.
En ocasiones, viran hacia inclinaciones progresivas, hacia el jam de la escuela sueca de ese género tan popular hace treinta años y retomada por algunos de sus compatriotas, en la segunda mitad de la década pasada. No obstante, Junip permanece en la vertiente del rock pop de hechuras finas, arreglos elegantes y encuadrado en la canción. Si algo caracteriza a estos tres es que podrán dar rodeos, buscar recovecos y encontrar atajos, pero siempre tienen en mente a la canción, a la letra por deidad.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
 
Desafortunadamente el embrujo tiene su límite y luego de 60 minutos de melifluas sonoridades, dicen adiós. Hay encore, por supuesto, pero su brevedad no alcanza a saciar. Diez años pasaron para mitigar la sed, pero el líquido vertido apenas y la apaciguó.


 
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