sábado, 19 de febrero de 2011

Nixon en China: Mao y Dick viajan en Rolls Royce



Foto: The Metropolitan Opera




Transmisión en vivo desde el Met de Nueva York / 19 de febrero, 2011 /
Función única / 3:45 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
Cuenta la historia que el joven abogado Richard Nixon se enlistó en la Marina para participar en la Segunda Guerra Mundial y fue enviado al Pacífico Sur con el fin de realizar labores administrativas; según la leyenda, en su tiempo libre jugaba al póquer y regresó a Estados Unidos con algunos miles de dólares en el bolsillo, producto de su gran habilidad con los naipes.

En el tercer y último acto de la ópera Nixon en China, de John Adams, el presidente le dice a su esposa Pat que en el juego de cartas lo más importante es hablar con suavidad y no externar ningún sentimiento. El póquer también requiere de mucha paciencia, la misma que utilizó ese político republicano para ser vicepresidente durante los dos periodos de Dwight D. Eisenhower, aguantar la derrota por estrecho margen en las elecciones ante John F. Kennedy, en 1960, y saber esperar su turno para llegar a la Casa Blanca en 1968. Ya estando ahí, se reelige en 1972 y, dos años después, se convierte en el primer mandatario de ese país en renunciar al puesto, orillado por el escándalo Watergate, relacionado con espionaje al Partido Demócrata.
En uno de los intermedios, John Adams, quien también dirige la orquesta, cuenta que cuando el productor Peter Sellars le propuso escribir una obra acerca del viaje de Nixon a China, pensó que no era buena idea; luego recapacitó y creó una obra que ha sido ubicada por los críticos musicales en el terreno del post minimalismo. El resultado es un enorme mural que plasma con sarcasmo —apoyado en un poético libreto de Alice Goodman— a un puñado de seres humanos en cuyas manos está el destino de millones de personas. El propio Sellars dice ante la cámara que el reto de Adams era enorme y lo resolvió “con una música que me recuerda a Mozart, llena de cambios de un momento a otro, en la que caben la comedia, la ternura, lo oscuro, la intensidad, mostrando a los personajes en circunstancias insólitas”.
¿A qué se refiere Sellars cuando habla de circunstancias insólitas? Por ejemplo: la oficina de Mao Tse-tung donde se lleva a cabo la reunión con Nixon, no tiene elegantes libreros sino anaqueles con cientos de cajas de cartón que simbolizan el rezago burocrático del comunismo. Durante el encuentro, Nixon habla con una superficialidad asombrosa, mientras Mao intenta filosofar, generándose un diálogo de sordos en la cumbre.
En el segundo acto, el secretario de Estado Henry Kissinger, Nixon y su esposa asisten a una representación teatral y dancística en la que dejan de ser espectadores y se involucran de manera grotesca e hilarante. Pat toma partido por los buenos de la obra y Kissinger por los malos, mientras Nixon pide cordura inútilmente. En plena batalla campal, la mujer de Mao (Chian Ch’ing) saca a relucir el mismo autoritarismo que la caracterizó como lideresa de la Revolución Cultural, llevándose entre las patas al sereno y enfermo primer ministro Chou En-lai.
A Richard Nixon (Dick, como lo llama la primera dama) lo interpreta el barítono James Maddalena, quien participó el 22 de octubre de 1987 en el estreno mundial, llevado a cabo en la Gran Ópera de Houston; es un papel que parece hecho especialmente para él, por su gran parecido con el político. Aunque en menor medida, la soprano lírica Janis Kelly aparece bien caracterizada como Pat, mientras que el tenor Robert Brubaker (Mao) y el barítono Russell Braun (Chou En-lai) requieren de grandes plastas de maquillaje para ser creíbles. El bajo Richard Paul Fink no es muy semejante a Kissinger, pero cuadra perfectamente dentro de la descarnada caricaturización que de él se ofrece. La soprano coreana Kathleen Kim se roba la puesta en escena con su coloratura y gran actuación al servicio de un personaje “espeluznante”, tal como ella misma lo define.
En su oportunidad, Sellars expresó su alegría de debutar como productor en el Met, al que calificó como “el sitio donde trabajan las personas más profesionales del planeta, desde afanadores y tramoyistas hasta el coro y la orquesta”. A esta última, John Adams la retrata en unas cuantas palabras: “Es como un Rolls Royce”.
Al coreógrafo Mark Morris le preguntan si Nixon en China ya puede ser considerada una obra maestra, luego de 24 años de su estreno; la respuesta fue tajante: “Siempre lo fue”.

Las óperas de Adams
Además de haber creado decenas de importantes obras orquestales, John Adams ha incursionado en la ópera con historias generalmente basadas en hechos reales. A Nixon en China (1987) le siguió La muerte de Klinghoffer (1991), que aborda el secuestro del buque Acchille Lauro, en 1985, por parte de rebeldes palestinos; esta obra resultó muy polémica y generó agrias críticas contra el autor, no desde el punto de vista del arte sino político.
En 1995 crea la comedia musical Yo estaba mirando el techo y entonces vi el cielo, inspirada en el terremoto que un año antes sacudió a la ciudad de Los Ángeles. En 2005 estrena Doctor Atomic, que gira en torno al físico J. Robert Oppenheimer y los primeros ensayos nucleares. Finalmente, en 2006 hace a un lado el realismo y compone —inspirado en La flauta mágica de Mozart— Un árbol floreciente, a partir de un cuento tradicional de la India, en el que se narra la historia de una joven humilde que tiene la capacidad de transformarse en una bella planta; el estreno se llevó a cabo en Viena, con el propio Adams al frente no de un Rolls Royce sino de la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar, surgida del actual plan educativo musical de Venezuela. (F.F.)
Elenco
James Maddalena: Richard Nixon
Robert Brubaker: Mao Tse-tung
Kathleen Kim: Chian Ch’ing
Janis Kelly: Pat Nixon
Richard Paul Fink: Henry Kissinger
Director musical: John Adams

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