viernes, 11 de febrero de 2011

Luis Miguel: Cita con un beach boy

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Tour 2011 / 11, 12, 13, 14, 17, 18, 19, 20, 24, 25, 26 y 27 de febrero;
3, 4, 5 y 6 de marzo, 2011 / 1:30 hrs. de duración / 
16 funciones / Promotor: Showlatin S.A. de C.V.


Alejandro González Castillo
Ahí está la sonrisa impecable, el porte sin igual y la cabellera brillante; los detalles que más importan en las portadas de las revistas del corazón y de los discos. Al fin se deja ver, parado en una pierna, como si fuese una garza. Y que vengan los piropos.

“Es increíble descubrir el tiempo que ha pasado. Diferentes generaciones han conseguido que mis canciones sean un éxito; desde abuelitas hasta niñas. Y que ustedes sean felices es lo más importante”. El cantante se refiere exclusivamente a ellas; sus mujeres, quienes celebran las únicas palabras que les serán dirigidas. El foro que hoy recibe a su mejor vendedor de entradas ha visto a toda clase de invitados cruzar sus puertas, pero ni en las bodas se observan tantos vestidos de gala. Previsor, el público se encuentra listo para algo más que hacer sonar sus palmas. Después de todo, quién sabe cuándo va a recibirse una mirada del cantante, en qué momento surgirá el guiño cómplice seguido de una invitación al yate para beber champán entre olas. ¿Hombres? No, por favor, que aguarden en el auto.

Nadie está capacitado para tapar al sol, ni siquiera Frank Sinatra. Por eso “Come Fly With Me” es reconocida hasta que el mexicano nacido en Puerto Rico secunda la voz del angelino, quien aparece en las pantallas del recinto. Por su parte, Carlos Gardel también resulta opacado, pues “Volver” abandona los melancólicos barrios bonaerenses para instalarse bajo una palmera en Florida. Del arrabal al coco con ginebra, de las voces sampleadas a los acordeones sintéticos que conviven con una robusta sección de metales integrada por ocho elementos, fieles reproductores de los arreglos que los álbumes del intérprete poseen. Así, con el inconfundible sello sónico de Miami, aparecen los temas que mejor se bailan, esos donde la seducción es el combustible lírico.
Los boleros apenas tienen oportunidad de figurar si se les compara con el amor juvenil que ocurre esos sábados eternos con tu cara en mi cuaderno. La tanda de éxitos de los ochenta aparece con problemas para los miembros de seguridad, quienes desenredan la maraña de chicas rubias que ha quedado en mal estado una vez que rozó los dedos de quien se anuncia como un hombre que busca a una mujer; un latin lover que se desabotona el saco para permitir, por un segundo, que su hombro salude a la fanaticada. Los viejos hits adolescentes son los mejor recibidos por las asistentes.
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Sin mariachi de por medio, el hombre que encarna tantas fantasías como éxitos radiales se aleja despreocupado para no volver, aunque antes arroja tres besos al aire. Varias atrapan los ósculos con caras largas, preguntándose dónde están “Los muchachos de hoy” que ansían la llegada de “La incondicional”. Y es cierto: ¿en qué parte se hallan los arrojados que se comportan como verdaderos beach boys, sin más preocupación que broncearse mientras tararean “La chica del bikini azul”, “Isabel” y “Cuando calienta el sol”? Las coreografías ya solicitaron no culpar a la noche, a la playa ni a la lluvia por la escasez de ejemplares; en determinado caso, habría que señalar como responsable de la catástrofe a la fábrica que, dicen, cometió la torpeza de destruir el molde con el que Luismi fue creado. Pieza única e intocable cuyas bondades sólo son perceptibles bajo el techo del Auditorio. Fuera de él, no hay más que especulaciones.

Los soleados años ochenta
Luis Miguel Gallego Basteri vivió su adolescencia como un verdadero rockstar sin necesidad de compartir el éxito con nadie –como lo hicieron, por ejemplo, los chicos que integraron grupos al estilo Menudo o Timbiriche. Desde su debut discográfico en 1982 (1+1 = 2 enamorados) y su respectivo arranque como actor en el filme Ya nunca más, el cantante vivió los años ochenta con el acelerador a fondo, a una velocidad muy distinta a la que acostumbran los jóvenes de esa edad.
Recibió su primer Grammy con apenas quince años de edad, al tiempo que triunfaba en el Festival de Viña del Mar y en el Festival de la Canción de San Remo (con la llegada de los años noventa, no sólo Chile e Italia le aplaudirían, sino el resto del mundo). Así fue como el intérprete abandonó la adolescencia; con millones de álbumes vendidos y un disco que operaría como el primer paso del nuevo trote que estaba por arrancar, su título: Un hombre busca una mujer.
Distante de la imagen de niño precoz y con “La incondicional” como punta de lanza, Luis Miguel repentinamente dejó de ser un sempiterno adolescente para transformarse en El Sol. (A.G.C.)

Programa
Te propongo / Suave / Con tus besos / Tres palabras / La barca / Volver / Come Fly With Me / O tú o ninguna / Entrégate / La incondicional / Tú solo tú / Te necesito / No existen límites / Ella es así / Lo que queda de mí / Mujer de fuego / Qué nivel de mujer / Oldies medley / Dance medley / Labios de miel.
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