lunes, 21 de febrero de 2011

Los diez tenores: Noche de relevos australianos

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Tour The Power of Ten / 21 de febrero, 2011 / 2:05 hrs. de duración / 
Función única / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.
Julio Alejandro Quijano
Ben Clark se detiene en el escenario a presentar la cuarta canción. Lo hace con un movimiento de pelvis que insinúa un irrefrenable impulso romántico. Se dirige al público femenino en perfecto español: “Muchas gracias, son ustedes unas mamacitas”. Enseguida invita al resto de sus colegas a mover las caderas con ese mismo ímpetu. “A nosotros nos gusta ser muy sensuales en nuestros bailes, ¿verdad que somos sexys?”, pregunta. La respuesta es el silbido unánime que traducido podría significar: “¡Claro que sí, papacitos!”

Alguien que hubiera llegado retrasado al concierto y se encontrara primero con esta escena, difícilmente atinaría a decir que se trata del concierto de Los Diez Tenores. Porque además, luego de los bailes sensuales, interpretan “There Must Be an Angel”, aquella melosa canción de Eurythmics que aquí se convierte en el pretexto perfecto para los piropos mutuos: además de papacitos, seguramente estos jóvenes se cayeron del cielo, según gritan las mujeres del público.

“A nosotros nos gusta cantar todos los estilos de música: pop, rock y clásica”, explica Keane Fletcher. Y lo demuestran cuando llegan a “Bésame mucho”, el bolero de Consuelito Velázquez que ellos retoman con un español que recuerda a la versión de The Beatles Bésssame, bésssame muchou y con sofisticado arreglo de tango. El revoltijo de identidades complace a la mayoría por los gestos amorosos labios en posición de beso, ojos a medio cerrar— que los galanes dedican a lo largo de la canción.
El recital se divide en dos actos y comienza con  los cantantes ceñidos a su oficio de tenores: una luz ilumina a Thomas David Birch, quien comienza los  versos de “O fortuna” con los ojos cerrados. El gesto recalca la altivez de su rostro cejas pobladas que apuntan hacia las sienes, nariz respingada, labios finos. A la segunda estrofa se une Jordan S. Pollard, de sonrisa fácil. Poco a poco, a lo largo de la pieza de Carl Orff, las luces muestran a más integrantes, cada uno añadiendo variedad física y tonal. De entre todos destaca Dominic Smith, alto, robusto, mirada serena y voz evidentemente educada.
La decena de cantantes continúa con el “Anvil Chorus”. El fragmento de la ópera El trovador sirve a los cantantes para hacer otro alarde de técnica. Pero en sus rostros hay algo más: gozo y empatía con la letra. Provenientes de Australia, salieron de su país cuando apenas habían terminado la Universidad y desde entonces han rodado por el mundo alzando el mazo del trabajo, cual si fueran los gitanos del coro de Verdi.
Luego de estas arias, los tenores se vuelcan en canciones de rock y pop. Su actitud en el escenario se torna sexy y hasta se convierten en animadores de futbol: “¡Arriba las Chivas!”, grita Boyd Owen. Y como no obtiene respuesta, revira: “¡Arriba el América!”. Tampoco. Luego de varios intentos, atina con “¡Arriba los Pumas!”, que provoca la misma ovación que un gol de Hugo Sánchez en los ochenta.
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Los Diez Tenores encaran riesgos en cada canción que sacan del repertorio popular para interpretarlo con la grandiosidad de la voz tenor. Apuestan, por ejemplo, a que si “The Show Must Go On” ya es todo un emblema de heroísmo épico en voz de Freddy Mercury, entonces su valor emotivo debe ser mayor al interpretarlo con técnica operística.
Cierran con “I’d Do Anything for Love”, cuyo contraste de emociones —el amante que está dispuesto a ir al infierno y de regreso, pero es incapaz de cumplir el inconfesable deseo que le pide su amada— es ideal para la participación de todos los tenores, que uno a uno suman amor y sufrimiento a la canción de Meat Loaf.
Se despiden, pero eclécticos como lo han sido durante ciento veinte minutos regresan para ofrecer “Nessum Dorma”. El público responde como lo ha hecho hasta ahora: con aplausos diez veces más potentes de lo normal.

Entre arias y baladas
La pregunta es usual y persiste cada vez que un tenor encuentra en el pop la fuente de su éxito masivo: ¿Cuál es su motivación?
Urs Buhler, integrante de Il Divo, explicó en una entrevista para Pollstar la generalidad de sus razones: “Estoy seguro de que mucha gente que gusta del pop, también disfrutaría de la ópera si la escuchara. Considero que mi trabajo tiene sentido si al menos una persona va a nuestros conciertos y descubre ese gusto por las arias”.
Para Andrea Bocelli el asunto se puede entender con una metáfora: “Si hay un caballo difícil de domar, que le da miedo a la gente, entonces yo quiero montarlo. Si alguien dice que el pop y el tenor es algo incompatible, entonces yo lo quiero hacer”, dijo a The Sunday Times.
Para Los Diez Tenores, la explicación es mucho más sencilla: “Nosotros hemos sido muy criticados por puristas clásicos ya que incluimos “Nessum Dorma” de Giacomo Puccini y “Bohemian Rhapsody” de Queen en un mismo espectáculo, pero ellos deben comprender que los tiempos han cambiado y ahora las cosas son así”, dijo Graham Foote. (J.A.Q.)


Programa
Primer acto: O fortuna / Anvil Chorus / All’improvviso amore / There Must Be an Angel / Kiss From a Rose / Rondine al nido / En Aranjuez con tu amor / Bésame mucho / Waltzing Matilda / River Deep, Mountain High
Segundo acto: Il Gladiator / Miserere / Angel / Against All Odds / The Show Must Go On / The Boxer / Now We Are Free / I’d Do Anything for Love / Nessum Dorma.

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