martes, 17 de agosto de 2010

Jazz Power Trio: Cazadores tras la presa

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


17 de agosto, 2010 / Función única /
2:35 hrs de duración / Promotora: Deborah González

David Cortés
Mágico y paradójico. El jazz puede ser eso y más a la vez; es una avanzada sonora regida por las matemáticas, pero que no suele ser tan precisa en sus resultados. Tomemos de ejemplo al baterista Ari Hoenig, al contrabajista Ben Street y al guitarrista Adam Rogers. Si Pitágoras fuera tan certero como cuenta la historia, la suma de estos individuos daría un irrebatible tres. Sin embargo no es así, al menos hoy: la suma de estos personajes arroja una unidad llamada Jazz Power Trio.
Cada uno de estos músicos tiene un amplio currículum: Hoenig, además de profesor y contar con su propio cuarteto desde 2002, ha tocado al lado de Joshua Redman, Mike Stern, Dave Liebman, entre otros. Rogers tiene grabaciones en solitario, fue cofundador de Lost Tribe y ha colaborado con Michael Brecker, Laurie Anderson y Terence Blanchard. Más discreto es Street, cuyo instrumento estuvo al servicio del saxofonista Sam Rivers durante varios años.
Hoenig se ensimisma en su kit, pero desde allí dirige la nave. Toca prácticamente encima de su instrumento, crea una gran alfombra rítmica que permite a Rogers entusiasmarse con las líneas generadas por su guitarra, seis cuerdas de las que emana un tono claro, cálido, líquido, difuso por momentos, pero siempre amable. El enlace entre ambos es Street, contrabajista cuyas notas se encadenan hasta tornarse densas y opresivas.
El set va de standards a composiciones de Rogers y Hoenig. Los tres son diestros en sus instrumentos y desarrollan entre ellos interesantes diálogos, especialmente Hoenig y Rogers. Hacen solos aceptables, promedio; sólo Hoenig trata de ir más allá de lo convencional al experimentar un poco, pero al final se contiene. Al acometer las notas empiezan de manera cauta y conforme la seguridad aumenta la interpretación gana energía, propicia una tensión que amenaza con romper un velo invisible.
Son un trío de cazadores que rodean poco a poco a su presa, la encantan y embelesan. Antes de la acometida final crean digresiones, llevan a cabo nuevos giros para arrinconar a la víctima, postergan el clímax para imprimir dramatismo. Sin embargo, el zarpazo definitivo nunca llega. Si algo podemos reprocharle al grupo es que muchas de sus promesas sólo quedan en eso y jamás llega al cenit. 
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
 
Esa tensión que construyen con tanto cuidado y artificio nunca culmina, se presagia tormenta, pero el anuncio es fallido. El vendaval, el poder del cual hacen gala en su nombre, hay que esperarlo para una ocasión posterior, porque incluso el encore se caracteriza por la tibieza.
De entrada, el grupo del debutante saxofonista Gerry López cumplió el cometido de encender la noche.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.