domingo, 19 de diciembre de 2010

Fernando Delgadillo: La envidiable sonrisa del juglar

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional




25 años / 19 diciembre, 2010 / Función única /
2:45 horas de duración / Promotor: Ernesto Vargas Mancilla

Fernando Figueroa
¿Por qué siempre está lleno el Lunario cada vez que se presenta Fernando Delgadillo? Cada una de las personas aquí reunidas debe tener respuestas diferentes a tal pregunta, pero seguramente muchos lo ven como el prototipo del ser humano feliz e independiente, esa dualidad tan cara en los albores del presente siglo.



Aunque se pone serio cada vez que interpreta canciones de protesta o desamor, lo que caracteriza su rostro es una sonrisa plena, de ésas que se cargan quienes han cruzado el pantano airosamente. Delgadillo es un tipo que recorre todo México con agenda apretada; lo suyo son los espacios pequeños que reúnen a gente enamorada de sus letras; un concierto suyo es música, sí, pero sobre todo palabras. Hoy cierra el año aquí, pero antes ya estuvo en pueblos y ciudades donde su presencia se anticipó a través de mensajes boca a boca, carteles pegados en las paredes y redes sociales. Su imagen también está en la moderna marquesina del Auditorio Nacional, pero llegó ahí sin tomar atajos.

La relación del juglar y su público es de gente grande; él es generoso en la duración del espectáculo y las complacencias, pero también sarcástico cuando las peticiones se salen de cauce; por ejemplo, cuando responde así a una de ellas: “Ésa ya la canté, y me vería un poco mal si la repito, ¿no creen?” Cuando las súplicas se vuelven caos, lo controla con ingenio: “Si las canto todas juntas, no las van a entender”. El buen humor también campea luego de un estruendoso grito: “¡Quiero todo contigo!”, y él responde: “Oigan, yo sólo vine aquí a cantar”.
Como se trata de festejar un cuarto de siglo en la composición, realiza un recorrido por su vasta obra, que inicia con temas del primero de 14 compactos que ha grabado hasta la fecha, Con cierto aire a ti, y se sigue de filo con una avalancha de éxitos que van de “Eva y las frutas” a “Puede que pueda”, “La isla”, “Navegante”, “Amor de voceador” y muchas otras que nunca sacian del todo la sed de sus fans.
Para no dejar pasar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución ofrece “Enseña nacional”, pero aclara que se trata de dos movimientos sociales inconclusos en espera de un final feliz. Recita el poema “Sol de Monterrey”, de Alfonso Reyes, que evoca la plenitud de la infancia, y continúa con “Julieta”, en la que Delgadillo rememora un amor infantil. Durante casi tres horas ofrece sólo temas propios, pero hace una excepción con “Canción romántica ni”, de Ricardo Sánchez de la Barquera, con clara influencia de Chava Flores.


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Fernando Delgadillo hoy no es en escena el Quijote solitario de siempre, pues lo acompañan Yuri Nilo y Juan Duarte, quienes manejan con maestría guitarras, chelo, flauta, armónica, banjo, ukelele, sax y otros instrumentos que visten de gala temas que suelen oírse con la desnudez típica de la guitarra y voz de su autor.
Cuando el fin llega de verdad y las solicitudes continúan, él cierra con el último chascarrillo de la noche: “La verdad es que no suelo cantarlas todas”.
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