lunes, 28 de febrero de 2011

Enrique Iglesias: Crónica de una infidelidad no anunciada

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional


Euphoria Tour / 28 de febrero, 1 y 2 de marzo, 2011 / 1:30 hrs. de duración / 
3 funciones / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo

Nunca antes en la historia del Auditorio, la voz encargada de anunciar la cantidad de salidas de emergencia que existen en el foro había sido ignorada así. Muy pocos alcanzan a escuchar cuando avisa que en caso de contingencia médica existe un cuerpo de especialistas listo para atender a quien lo necesite, información que las adolescentes deberían atender porque al amanecer sus gargantas van quedar hechas añicos después de tanto grito y un anti inflamatorio podría salvarles la jornada. Pero, ¿quién piensa en el mañana? A las asistentes poco les importa que el mundo explote en trozos; ellas sólo tienen dos palabras en la cabeza: Enrique Iglesias.


Hijo del latin crooner & lover más célebre del que se tenga memoria, Enrique heredó de su padre las facultades de encantador de mujeres, pero hizo a un lado cualquier dejo de sofisticación, pues pareciera que hace días no se afeita y que sus pantalones, así como su camiseta, suplicasen por una visita a la lavadora. A primera vista, cualquiera creería que su facha no arranca ni un suspiro, pero esa imagen aparentemente descuidada es parte fundamental de su éxito. Y lo mismo ocurre con su actitud de chico tímido y enamoradizo, porque pueden arrojarle un millar de prendas íntimas al escenario, pero él preferirá ofrecérsela a sus músicos para así ocuparse exclusivamente del micrófono. Ante un tipo con tales características, ¿qué madre le negaría a su hija asistir sola a uno de sus conciertos?
Verónica, con 17 años de edad, es la afortunada que salta al escenario para tomar la mano de su máxima estrella, quien la recibe como si de su hermana menor se tratara. Entre abrazos y mimos, todos sus antojos son complacidos; desde los besos que desee hasta las estrofas más sentidas del par de canciones que ella misma eligió. “Hermoso”, contesta la invitada cuando Enrique le cuestiona cómo se ve el Auditorio Nacional desde el centro del escenario, el lugar preciso para proponer un brindis por su encuentro. Ella bebe agua; él prefiere ron, pese a que ya antes se disculpó por estar constipado. “Hace unos días dije que en Guadalajara se encontraba el mejor público, pero hoy tengo que cambiar de opinión”, explica antes de cantar “Por amarte”. ¿Mentira piadosa? Claro que no. Todas reciben el trofeo que orgullosamente se han ganado lacerando su garganta porque, hay que ser honesto, alguien que entona aleluyas cada vez que besa a la mujer que ama no podría mentir. 
Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional
Complaciente, el español recibe cámaras fotográficas para hacerse toda clase de retratos, también reparte sonrisas y estrecha manos. Sin embargo, nadie imagina lo que ocurrirá cuando sorpresivamente aparezca en medio de las butacas. “Tú. Sí, tú. Pasa por aquí”, dice cuando señala a una mujer extraviada en un nudo de cuerpos desesperados por abandonar el anonimato. Una vez fuera de la madeja de brazos ansiosos, la elegida se refugia en el regazo del cantautor para recibir algo más que la dedicatoria de “Héroe”: un beso en los labios. Pero atención: es él quien lo busca; ella sólo responde ante el ofrecimiento. Se trata de una escena fraternal, pero ante los ojos de las fans luce como un crimen imperdonable. Algunas se llevan las manos al cabello mientras se quejan, como si una daga les abriera el pecho; otras, bajan la mirada al suelo mientras su cabeza se sacude negativamente. El golpe ha sido brutal y no va a ser fácil de superar, mucho menos cuando la despedida ya está cerca.
Iglesias va a hincarse antes de desaparecer. Y cuando sus rodillas se separen del suelo se persignará frente a sus miles de devotas en un acto excepcional. La voz anónima que anuncia las tres llamadas previas a cada concierto debería decirlo antes de que todas abandonen las butacas, y esta vez tendrían que escuchar atentamente: nunca antes en la historia del Auditorio había tenido lugar una infidelidad tan escandalosa, pero tampoco jamás un arrebato se vio secundado por una disculpa tan sentida.

Las millonarias corazonadas de Enrique
Poseedor de cifras envidiables en una industria disquera que se encuentra en crisis desde hace años, Enrique Iglesias revela en entrevista exclusiva sus secretos como creador de hits: “Antes yo me encargaba de todo al momento de escribir mis temas, pero ahora lo hago junto a otros compositores. De cualquier manera, siempre me he dejado llevar por mis oídos y mis corazonadas, por lo que siento. Hay composiciones que he escrito y que personalmente me dan una buena corazonada, pero al final el público no conecta con ellas; igualmente ha habido canciones que no me esperaba tuvieran éxito y han conseguido el gusto el público”.
Respecto a las más de 40 millones de copias que su catálogo de álbumes ha despachado, Iglesias opina relajadamente que eso apenas es el arranque, “pues cuando escucho que llevo 40 millones me dan ganas de llegar a las cien. Esa es la verdad. Siempre quiero más, pero no lo digo de una manera avariciosa. No estoy movido por el dinero; para mí, simplemente, el éxito de un álbum me hace sentir extremadamente feliz. Claro que no todo ha sido felicidad en mi historia, he cometido errores que me han jodido mucho, pero sin ellos no hubiera aprendido tanto. Mis errores me han enseñado a encontrar el lado positivo de las cosas. Sé que si mis discos se venden bien es porque he hecho las cosas correctamente, y ese solo hecho, independientemente de las cifras, para mí significa una gran satisfacción”.(A.G.C.)

Programa
Tonight / I’m Lovin’ You / Heartbeat / No me digas que no / Rhythm Divine / Bailamos / Por amarte / Nunca te olvidaré / Experiencia religiosa / Con Wisin & Yandel: Lloro por ti / Cuando me enamoro / Be With You / Dímelo / Héroe / Escape / I Like It.
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