sábado, 21 de agosto de 2010

El Otro Yo: La transformación de la energía

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


21 de agosto, 2010 / Función única /
3:30 horas de duración / Promotor: Mario Francisco Torres

Alejandro González Castillo
Sedados por los rayos solares de pop que emanan sus instrumentos, los músicos que integran a La Banderville se relajan demasiado al untarse bronceador y desatienden su afinación. Sobrados de energía, Ana, Sofía, Danyx, Cachi y Daniel se esfuerzan por llamar la atención de un público que celebra con discreción la llegada de “Superpasto”, pero desbordadamente el arribo de Joselo (Café Tacvba) para tocar “A la distancia”, ambas canciones incluidas en el único disco del quinteto: El seminuevo de manzana.
Peligrosamente cercanos al sonido de La Gusana Ciega, el conjunto de Satélite se anuncia como “una banda nueva, pero con muchos lados B”, y uno de ellos resulta ser una versión a “No me importa morir”, original del grupo al cual hoy sirve como telonero: El Otro Yo.
Al igual que La Banderville, Tanke posee un par de temas que ya ha gozado de rotación en la radio capitalina: “Deslizándote” y “Camaleón gigoló”, ambos identificados por la audiencia a pesar de las deficiencias técnicas que le sacan quejas a Diego, el líder del grupo. Brigitte, Alberto y Sebastián arropan la engolada voz del también guitarrista, quien se empeña en lucir desganado y arrogante; una posición con la que, al parecer, se ha ganado un puñado de adeptos que ya tararea el contenido de su disco más reciente, La ciudad.
Cuando El Otro Yo aparece, la energía antes desplegada de mala manera se ajusta correctamente al ritmo de “Locomotora”; Cristian y María Fernanda Aldana, Gabriel Guerrisi y Ricky Rúa (presentado oficialmente como el nuevo baterista del grupo) abren su presentación con el tema que mejor ejemplifica cuánto se ha modificado su ruta sonora durante poco más de veinte años de trayectoria. Desde fines de los años ochenta hasta hoy, los argentinos han limado los antiguos picos que los hacían lucir intimidantes. Así, el hardcore que antes abundaba en composiciones como “Licuadora mutiladora” y “Mascota del sistema”, ha dejado el camino libre para temas que también apuestan por la distorsión, pero que la mantienen domada bajo las órdenes de melodías cándidas como “Filadelfia” y “Alma gemela”.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Paco Huidobro (Fobia) se asoma para tomar la guitarra en “Siempre fui yo”, al tiempo que los hermanos Aldana frotan mutuamente sus espaldas frente a un slam de lo más amable. Pareciera que todo lo previsto se ha dado cita ya cuando, sin que prácticamente nadie lo espere, el grupo interpreta su versión al más grande éxito de The Cure. Los mayores de treinta años celebran la maniobra, sin embargo la adolescente mayoría escucha por primera vez aquel himno. Atraídos por su hechizo, quizá mañana esos chicos ya no compren Ailabiu Eoy –el más reciente álbum de El Otro Yo– y prefieran una copia del Boys Don´t Cry.
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