sábado, 22 de enero de 2011

Deep Purple: Púrpura con destellos tricolores


Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional

22 y 23 de enero, 2011 / 1:50 hrs. de duración / Función única / 
Promotor: Musidora Producciones S.A. de C.V.

David Cortés
Cuando se habla de la historia de los espectáculos en vivo en México, el nombre de Deep Purple está íntimamente ligado a ella, no sólo por las cuatro visitas previas efectuadas a este recinto, sino porque al abrir los ochenta, cuando los conciertos de rock eran una utopía, un Deep Purple decididamente hechizo, con el cantante Rod Evans como único integrante original, usurpó el nombre de esta banda, protagonizando al lado de Black Oak Arkansas un curioso capítulo cuando se presentaron en la Ciudad de los Deportes (ahora Estadio Azul), y miles de jóvenes los ovacionaron.
Hoy el público se ha familiarizado con los conciertos, pero esto no quiere decir que asistir a una entrega en directo, ahora sí, del verdadero quinteto inglés sea similar a un picnic; hay que luchar para no desbocar la energía, atemperar las emociones y que la explosión catártica no acabe con el físico en los primeros instantes. Y es que cada concierto de Purple es un viaje por la historia, un ingreso a un vórtice del tiempo en donde uno transita por lo más brillante del heavy metal.
No hay nada ni nadie a quién extrañar. Cada una de las posiciones de la agrupación se encuentra bien resguardada, no hay fisuras y tampoco sorpresas. Uno sabe qué escuchará de antemano; sin embargo, siempre está viva la expectativa de oír un solo, un matiz diferente en medio de tantos éxitos, una minucia que mueva las fibras íntimas, propicie escalofríos y, por qué no, incluso el llanto.
Y pareciera un sueño si no fuera por la voz de un Gillan ya mermado en sus capacidades vocales, quien agradece con su ya reconocida frase de “Fantastic, you are great!”. Hoy la banda está en un plano complaciente. Steve Morse (guitarra) y Don Airey (teclados) brillan, entablan largos diálogos, por si aún hubiera alguien que desconociera dónde se encuentran las semillas del progresivo, aquí están este par para recordarlo con sus intervenciones.
Glover (bajo) y Paice (batería) son precisos, el último es sorprendente, posee una técnica envidiable, un muñequeo con síncopa y un golpeo firme sin necesidad de recurrir a la fuerza. Juntos, le dan el peso necesario a esa nave para deslizarse con soltura en una travesía que ya ha durado más de cuatro décadas. Se extraña que Paice no haga un solo y cuando Glover acomete el suyo, todo se convierte en reminiscencias del funky. No brillan excesivamente los dos, pero su labor es insoslayable, hacerlos a un lado sería tanto como robar el esqueleto a cada una de las canciones.
Esta noche, las composiciones van del pasado al futuro y viceversa en una trayectoria continua en la cual no hay escalas. Sorprende que en su inicio la banda haga caso omiso de la altura o de la edad, y encadenen cuatro temas sin parar. De hecho, pausas hay pocas y éstas funcionan como espacios para recuperar el aire, pues si la condición de la banda se nota un tanto minada, la de la mayoría de los asistentes, por arriba de los cuarenta, no es mejor.
Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional
Sin embargo, cuando Airey encara un primer solo no se puede resistir y hace un guiño al México de película de los años cincuenta e inserta un fragmento de “La Raspa”. Esos destellos tricolores en medio de la abundancia de púrpura, regresaran innecesariamente en el encore cuando la melodía de apertura es “La Bamba”.
Al final vence el peso de un clásico. Si Deep Purple hubiera cantado una parte del “Amorcito corazón”, se le habría recibido con la misma calidez. A veces, los cuestionamientos son inútiles y hoy era una noche de éstas, concebida sólo para el disfrute y la catarsis.


Ian Paice, inamovible
Vocalistas, guitarristas, tecladistas, bajistas. Prácticamente en todas las posiciones Deep Purple ha registrado cambios a lo largo de sus 43 años de historia. Sólo el puesto del baterista, ocupado por Ian Paice, ha permanecido inalterable. Él nació el 29 de junio de 1948 en Nottingham, Inglaterra y comenzó su carrera profesional en la década de los cincuenta al integrarse a la orquesta de baile dirigida por su padre.
Su primera banda fue Georgie & the Rave-Ons, rebautizada como The Shindings y con la cual hizo su primera grabación, un sencillo cuando apenas contaba 17 años. El baterista se unió a MI5 en 1966, después conocido como The Maze en donde compartió filas con Rod Evans. Ambos se convertirían en integrantes fundadores de Deep Purple en febrero de 1968.
En los momentos en los cuales Deep Purple se ha separado momentáneamente, Paice ha trabajado en diferentes proyectos. En 1976 formó el grupo Paice, Ashton & Lord y produjo el álbum Malice in Wonderland; posteriormente se unió a David Coverdale en Whitesnake y participó en la grabación de cuatro placas de la banda, hasta su salida en 1982. Ese mismo año pasó a formar parte de la Gary Moore Band y trabajó con el recién fallecido guitarrista en un par de obras, para reintegrarse a Purple en 1984. Paice es el único miembro fundador de Deep Purple que sobrevive en la actual alineación de la banda y también el único que ha aparecido en todos los discos editados por la agrupación desde sus inicios. (D.C.)


Programa
Highway Star / Silver Tongue / Maybe I’m a Leo / Strange Kind of Woman / Rapture of the Deep / Well Dressed Guitar / When a Blind Man Cries / Solo de Airey / Lazy / No One Came / Perfect Strangers / Space Trucking / Smoke on the Water / La Bamba / Hush / Black Night.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.