miércoles, 30 de junio de 2010

Carlos Baute: Perder la virginidad en México

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

De mi puño y letra / 30 de junio y 1 de julio, 2010 / 2 funciones / 
2:05 horas de duración / Promotor: Get In México, S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano
La voz de Carlos Baute en el teléfono se nota excitada al narrar su golpe de suerte: “Ahora, cinco años después, estoy de vacaciones en República Checa, y mañana me presentaré por primera vez en México”. Lo asombroso consiste en que la canción provocadora de su éxito repentino fue desdeñada hace un lustro por todos, incluyendo, sí, a Carlos Baute. 
A la noche siguiente de esta entrevista, una leve insinuación de “Colgado en tus manos” anuncia el comienzo de ese primer concierto en México al que Baute califica como “el día en que he perdido mi virginidad”. Las notas, aunque tenues, despiertan la memoria colectiva: se murmura, se recita al oído de la novia, se grita y se aplaude para pedir la presencia en vivo del creador de la letra y música que han acompañado sus recientes romances.
Pero se trata sólo de un amago. Carlos Baute no tiene prisa por quemar su mejor cartucho. En cambio, comienza con “Dónde está el amor que no duele” y luego revela una serie de anécdotas personales con las que, al estilo de trovador latinoamericano, hila canciones, vida e incluso posiciones políticas. “Estoy harto de que me pregunten sobre Hugo Chávez”, dice con enfado, pero luego interpreta “Te extraño porque te extraño”, dedicada a la Venezuela que añora y abandonó hace varios años, precisamente cuando comenzó el periplo de éxito que lo llevaría a vacacionar en Europa Oriental y debutar en el Lunario de la ciudad de México.
La ilusión amorosa es, sin embargo, la que ocupa una mayor parte de la noche. Con los fragmentos de su autobiografía y la letra de sus canciones, construye una especie de telenovela con boda integrada: “Necesito una mujer dispuesta a ponerse un velo de novia, que quiera estar conmigo para abrazarme y, a lo mejor, hasta algo más”. Muchas levantan la mano, pero la elegida es la que más rápido sube al escenario. Él mismo se encarga de ponerle un velo, la toma del brazo y de frente al público le canta “Me quiero casar contigo”. 
Como en toda historia de amor, Baute narra también el momento en que ese idilio se desgasta por la cotidianeidad. “Una vez coincidí con unos amigos en París; y ellos me contaron cómo habían recuperado su matrimonio en crisis. Lo que pasa es que, al paso de los años, uno se olvida de la importancia del romanticismo”. Con precisión de receta culinaria, explica las instrucciones: un día vas con tu esposa al trabajo y la sorprendes con una nota que diga “esta noche te voy a hacer la más feliz del mundo”; luego regresas a casa y arreglas la puerta con adornos; en la entrada de la recámara pones otros anuncios cada vez más explícitos incluyendo, dice Baute, unos versos al estilo de que tengas presente / que mi corazón está colgando en tus manos. El público espera que la anécdota sea el preámbulo del ansiado tema, pero no; lo fue de “En nuestro aniversario”.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Para las últimas dos canciones, se deshace del traje. Un eufórico grito femenino ovaciona esta decisión, que deja al descubierto algunos de sus atributos físicos: brazos marcados y pectorales musculosos que se adivinan bajo su ligera playera blanca. Finalmente canta “Colgando en tus manos”. Es la última escena de esta telenovela colectiva que comenzó hace cinco años, cuando decidió “hacer un último esfuerzo por conquistar México con una rola pop” y cuyo final feliz es la unión esta noche con su público, que corea cada verso de la letra.
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