sábado, 12 de junio de 2010

Carlos Ann: Instrucciones para perder el alma


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Carlos Ann en concierto / 12 de junio, 2010 / Función única /
 2:15 horas de duración / Promotor: Alejandro de la Cuesta

David Cortés
Llevamos apenas una hora de concierto y el catalán Carlos Ann anuncia la despedida, no sin antes externar su agradecimiento a los presentes. Hasta el momento ha interpretado una mayoría de canciones de El Tigre del Congrés (obra inspirada en el barrio donde naciera), su sexta y más reciente placa en estudio, así que una sensación de insatisfacción se esparce por el lugar. 
No es para menos, en una trayectoria iniciada en 1999 y en la cual las composiciones se acercan al centenar –sin considerar Bushido, ese proyecto perpetrado al lado de Enrique Bunbury, Shuarma y Morti en 2003 que lo diera a conocer en este país–, hay muchos temas que amenazan con quedarse en el clóset. Sin embargo, el encore, conformado por 14 de sus temas más sonados, colma las ambiciones de cualquiera.
El gesto habla de lo hiperbólico que es Ann en directo. Si el inicio es cauto, acompañado por las guitarras acústicas de Juan Carlos Allende (“el hombre que no toca la guitarra, la guitarra lo besa a él”) y Víctor Ortiz, poco a poco el cantauator toma confianza y empieza a prodigarse en sus movimientos, pero sobre todo en sus gesticulaciones. Si sus temas, como él dice “son para perder el alma”, esta pérdida se refuerza con cada uno de sus ademanes, ya sea cuando bate el aire de un lejano horizonte imaginario, realiza una faena y hace el paseíllo, o cuando observa, con ojos lánguidos, esa belleza que le ha roto el corazón.
Pero en esta puesta en escena, en donde también hay elementos de vodevil y cabaret, la intensidad se duplica. Si una característica de Ann domina la noche es la entrega. Cada una de sus interpretaciones suena única porque su canto emana de un órgano muy interno y no de la garganta, y quienes lo reciben contestan con la misma fuerza e igual arrebato para establecer un lazo público, en el cual, para el beneplácito del español, se intercambian constantemente los roles. Sólo habrá de tomarse un momento de respiro al dejar el escenario a Mariona Aupí, quien deja de hacer coros para tornarse protagonista en un par de temas.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Para el verdadero final, la selección de canciones es devastadora; a un par de temas del cancionero popular mexicano (incluido “Cantinero”, editada en el álbum colectivo Brindando a José Alfredo Jiménez), Ann añade un par de composiciones desgarradoras, cantadas a corazón abierto y con las lágrimas a punto de desbordarse. Después de esto, ya no hay más, sólo la necesidad de restañar un corazón herido. 

Programa
Y no queda nada / Atrapando recuerdos / Calle Matanzas / La venganza no viaja conmigo / El derribahombres / La playa / Nana para ellos / El olvido / Una caja olvidada / Las palabras / El patata / Bala perdida / Todo para mí / No soy de aquí, ni soy de allá / Llora / Desmejorado / Una noche sin fin / El ocaso de la nada / La mejor de tus sonrisas / El precio del peaje / Cuando saliste de la cárcel / Volaré hacia las estrellas / Ojos distraídos / Maldito viernes / Hada / Ateo / El andariego / Cantinero / La fanfarria / L’amour / El tiempo pasó solito.
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