sábado, 2 de octubre de 2010

Bengala: La rebelión de las guitarras



Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
 
2 de octubre, 2010 / Función única / 
 3:40 horas de duración / Promotor: Sinai Pantoja

David Cortés
Bengala, con dos álbumes a cuestas y siete años de experiencia, es una de las bandas de la nueva camada de rock hecho en México, pero hoy, para encontrarse con su música, es necesario sortear el escollo que representan seis bandas debutantes. Y el público aguanta estoicamente la prueba, aunque cuando el quinteto sube al escenario, es recibido con tibieza.
Pero de su lado cuentan con las tablas y a la banda le bastan un par de canciones para dominar el lugar. En su favor podemos decir que, no obstante su juventud como agrupación, ha logrado establecer un sonido propio; cierto, hay deudas con el sonido ochentero de guitarras duales (Big Country, Simple Minds y, por supuesto, U2) y visualmente, al menos en la dotación instrumental (Diego Suarez, voz y piano; Amaury Sepúlveda y Jesús Herrera, guitarras; Sebastián Franco, bajo; y Marcos Zavala, batería) resabios inevitables de Coldplay o Keane. Pero la similitud se detiene en el hecho de que Suárez también utiliza el teclado eléctrico para desde allí dirigir a la banda.
Superada la primera impresión, uno se sumerge sin reticencias en un sonido en el cual desfilan algunas composiciones lentas, a medio tiempo, pero la médula está en los diálogos entre las guitarras y un teclado que aparece y desaparece continuamente para imprimir más color. No se trata de virtuosismo, porque lejos están los músicos de hacer demostraciones pirotécnicas en sus instrumentos. De hecho, si algo podría reprochársele a los cinco es su apego irrestricto a su propio guión, a soltar los temas como éstos se escuchan en disco.
Hay más víscera proveniente de la interpretación en directo, pero no cambios sustanciales en las canciones y tampoco ayuda en demasía la presencia escénica para llevar a los asistentes a cuotas de delirio. El detalle fino, interesante, es el estreno de canciones, la inteligencia que demuestra la banda para probar temas inédito, mismos que seguramente poco guardarán de fidelidad con el original en unos meses, antes de grabarlos. Son apenas un par de muestras en las que se logra advertir una dosis de mayor energía y que al final resultan del agrado de los seguidores de Bengala.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
 
Hay un encore, pero ninguna sorpresa. La banda dice adiós y los rostros que de ellos se despiden muestran signos de satisfacción, pero también de agotamiento. Ha sido una noche larga, una travesía ardua salvada por la intensidad y el brillo de un quinteto que hoy, con su presencia, iluminó esos resquicios que sus teloneros se habían encargado de oscurecer.
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