domingo, 30 de enero de 2011

Yanni: Visita a un mundo feliz

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Live in Concert / 30 de enero, 2011 / 2:00 hrs. de duración /
Función única / Promotor: Súper Publicidad S.A. de C.V.

Julio Alejandro Quijano

Es el líder de una utopía hecha concierto. La mirada de un forastero vería en el escenario a un tecladista, pero las habitantes del Mundo Yanni miran a un hombre con “sedosa cabellera sexy y una camisa negra arremangada que deja los brazos descubiertos para hacer lo que mejor sabe”.

La apertura con casi dos minutos de cuerdas en “Santorini” prepara a la población para la primera dosis de felicidad: de pie, frente a su piano, el dirigente agita su pelo y se da tiempo para intercalar sonrisas. El bienestar en forma de música melancólica se esparce, inunda a quienes la escuchan y los pone en estado de pleitesía romántica: “Te amamos”, “Eres divino”, “Gracias por tu amor”.
Silencio. El artista griego da un pequeño discurso con las leyes básicas que se deben observar mientras se permanezca en este paraíso. Primera: “Nada de estrés. Aquí no sabemos nada de preocupaciones”. Segunda: “Estar siempre dispuestos a la alegría; son libres de decir lo que quieran, incluso que me aman”. Y tercera: “Obedezcan el impulso de gritar, aplaudir o llorar”. 
Efectivamente, todos obedecen ésta última regla cuando se oye “Felitsa”, dedicada a “una mujer que me enseñó lo importante de la vida y me dejó el más bello recuerdo”. Se trata de su madre, quien escuchó la canción por primera vez durante el concierto Live at the Acrópolis, el 25 de septiembre de 1993. Fallecida en mayo de 2006, Felitsa se ha convertido en un amuleto para Yanni, quien interpreta la melodía con la convicción de que tal práctica la mantiene cerca de su corazón, según explica sin perder esa cautivadora sonrisa que provoca un suspiro colectivo.
A veces en inglés y otras en español, el pianista aprovecha cada canción para dar “pequeñas guías hacia la felicidad”. En el papel de predicador hace parábolas con su vida: “La siguiente canción fue una de las primeras que aprendí y me permitió conocer el mundo de la música. La interpretaba en un pequeño órgano semiprofesional, soñando con hacer lo que ahora hago: tocar para todo el mundo”. Enseguida, la moraleja: “Así que ustedes nunca dejen de soñar, porque los sueños se pueden hacer realidad”.
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Sabe, además, que los habitantes de su mundo no están limitados por fronteras y que la felicidad es igual en Grecia que en Estados Unidos o México. Por eso les habla en español e inglés, y por eso mismo su baterista porta una playera de la Selección Mexicana de futbol. “¡Ábrete la chamarra para que vean el amor que tenemos a este país!”, exclama. 
Deja el piano y va hacia los teclados eléctricos. La mirada del forastero otra vez sería simplista: un músico en medio de dos torres con cuatro teclados. Los habitantes de este paraíso, en cambio, ven “un hombre con pasión y entrega prodigiosa que transmite su música como un elíxir embriagador y sin límites”. Además de no tener límites de nacionalidad, los partidarios de esta felicidad sienten la necesidad de compartirla y encuentran en el ciberespacio el medio para esparcir el bienestar que sienten mientras escuchan “Keys to Imagination”. En Twitter y Facebook están las expresiones escritas en tiempo real: “sedosa cabellera sexy”, “elixir embriagador”, “majestuosa creación”. 
Les prepara su dosis letal con “Aria”, en la que aparecen dos hermosas sopranos de cuerpos esculpidos con detalles de diosas griegas. Con su canto, ellas honran “Sous le dôme épais”, aria de Lakmé (Delibes) que inspiró la composición del showman. “One Man’s Dream” resulta vertiginosa y delirante. Es la última rebanada de bienestar y la ofrece lo más dulce posible. Se despide con un último mensaje: “Todos tenemos la misma oportunidad de cumplir nuestros sueños”. Los habitantes del Mundo Yanni aplauden y asienten. Son realmente felices.

Predicar con el ejemplo
Yanni suele decir en entrevistas que ha asumido una misión: “Con mi música intento inspirar y ayudar a la gente en un aspecto mental”. Un ejemplo claro es “Sacred Ground”, canción en la que manifiesta su intención de “llevar a la audiencia a un lugar espiritual”. Publicada en el disco If I Could Tell You, cuando ya había hecho sus conciertos magnos en la Acrópolis, Taj Mahal y la Ciudad Prohibida de China, el pianista habla de una música más íntima: “Aquellos discos grabados en vivo fueron hechos para las grandes audiencias; ahora pienso en ‘Sacred Ground’ como un lugar en la mente; es difícil describirlo con palabras, no es un espacio físico pero sí un lugar espiritual que se debe construir con creatividad y alto entendimiento”.
 En la práctica, el mayor ejemplo de las expectativas de Yanni fue su colaboración con José José, el intérprete que lleva muchos años batallando con enfermedades de la garganta que ahora parecen ya irremediables. El pianista lo llamó, sin embargo, para que cantara “Volver a creer” e incluirla en un disco nuevo. Trabajaron durante una semana. José José hizo un esfuerzo por “limpiar” su voz y Yanni lo acompañó al piano con dedicación. El resultado es una canción conmovedora. La voz del mexicano es evidentemente ronca, sin potencia ni claridad, pero también es notorio que en esos tres minutos Yanni consiguió que volviera a creer. (J.A.Q.)

Programa

Santorini / Enchantment / Keys to imagination / Felitsa / Voyage / The end of August / The rain must fall / Cello solo / Dance with a stranger / Acroyali / Desire / Duet / Marching season / Harp solo / Within attraction / Ode to humanity / Niki nana / Standing in motion / Nostalgia / The storm / One man’s dream.
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