sábado, 22 de enero de 2011

Tío Gus y Pilaseca: Dos cimientos de una nueva escena

Tío Gus. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Con-cierta independencia
/ 21 de enero, 2011 / 2:30 horas de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C.

Alejandro González Castillo
Tío Gus abre su presentación en el Lunario con el pulso firme del funk proveniente de Pepe Morán, Alejandro Blumenkron, Marco Castro, Sergio Galván y Fer y Lari Ruiz. El público responde ante el estímulo discretamente, pues un porcentaje de él permanece sentado en el suelo, pendiente de las intrincadas escalas que se dan cita en el cuerpo del saxofón.
El sexteto capitalino aún no cuenta con álbum, pero sí con un robusto grupo de seguidores que celebran el anuncio de “La granja galáctica”, el segundo número instrumental de la noche y el primero donde la guitarra abandona la firme rítmica para permitirse disonar. Mientras tanto, los metales se aferran a la melodía y el cantante presume sus atributos como breakdancer. Es en esa excursión sonora que el grupo remoja sus pies en las orillas del jazz, aunque lo hace apenas por un par de compases para de inmediato volver a ese funk complaciente y relajado, siempre listo para sacar sonrisas; tan cercano a Jamiroquai y tan distante de Sly and The Family Stone.

El aparatoso gorro que Paco Rivera porta hace creer que Pilaseca continuará abonando la tierra que Tío Gus preparó; sin embargo, las coincidencias con el grupo comandado por Jay Kay terminan en el sombrero del cantante. El octeto originario de Guanajuato tomó su nombre de una calle ubicada en San Miguel de Allende y sus influencias sonoras van del funk hasta el house y el rap.
Pilaseca. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Con doce años de trayectoria, el grupo impregna sus composiciones con algo de soul (del modo en que Gnarls Barkley solía entenderlo), dub e incluso un poco de son, todo con el idioma inglés como vehículo. Con el groove a tope y la precisión como aliada, el conjunto liderado por Rivera, quien se comporta más como un MC (Maestro de Ceremonias) que como un cantante, repasa las tres producciones que ha lanzado —Humo de cigarro, Afrodisiaco y Mi suerte cambia— al grito de “¡Pilaseca is in da house!”, alcanzando el punto climático en temas como “Sex and love”, “Celestial” y la muy celebrada balada para heridos “Mínimo”.
Fue a fines del siglo pasado que La Dosis y Azul Violeta rotaron exitosamente en la radio comercial. Se trataba de grupos que ondeaban la bandera del funk y al mismo tiempo contaban con un plan de marketing con límites muy claros. Casos distintos a los de Pilaseca y Tío Gus, quienes forman parte de una nueva escena que se encuentra comprometida, antes que nada, con un alto nivel de ejecución e interpretación y que, conforme ha ido perfeccionando su oficio, se ha ganado la atención de los medios tradicionales de difusión. La cita de hoy reafirma que, tal como en el tan cacareado indie ocurre, en los territorios del funk también algo grave se sacude bajo la superficie.
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