sábado, 8 de enero de 2011

La Fanciulla del West: Una de vaqueros

Transmisión en vivo desde el Met de Nueva York / 8 de enero, 2011 /
Función única / 3:45 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C


Fernando Figueroa
Paradojas de la vida. Giacomo Puccini quiso olvidar el fracaso inicial de su Madama Butterfly (1904) y viajó a Nueva York para cumplir un encargo del Met: componer una ópera que sería el primer estreno mundial en ese recinto. Así surgió La Fanciulla del West, que tuvo un éxito memorable en la primera función, el 10 de diciembre de 1910, con Enrico Caruso en el papel de Dick Johnson y Arturo Toscanini dirigiendo la orquesta. Un siglo después, las cosas están al revés: la primera de esas obras es mundialmente famosa y la segunda se representa escasamente (jamás en México, por aquello de que los bandoleros de la obra son nuestros paisanos, tal como lo mencionó Sergio Vela en la plática introductoria).
La Fanciulla del West carece de las arias breves y memorables que posicionan a las óperas en el gusto de las mayorías, pero los melómanos saben que posee una de las orquestaciones más logradas en la historia de la música; el propio Puccini la consideró su mejor obra, y muchos críticos comparten esa arriesgada idea, con la advertencia de que no es una obra fácil y que puede necesitar de varios acercamientos para comprender sus virtudes.
A partir de la obra de teatro The Girl of the Golden West, de David Belasco, con libreto en italiano de Carlo Zangarini y Guelfo Civinini, Puccini musicalizó la historia de Minnie (Deborah Voigt), una madura predicadora que posee un bar en las montañas de la Sierra Madre californiana, durante la llamada fiebre del oro; a pesar de estar rodeada de mineros, vive sola y realmente poco interesada en el amor. Sin embargo, la aparición de un bandolero llamado Ramerrez, alias Dick Johnson (Marcello Giordani) transforma el hielo en fuego. El tercero en discordia es el sheriff Jack Rance (Lucio Gallo), quien ama inútilmente a Minnie.
Johnson entra al bar con la intención de robar el oro que ahí se guarda celosamente, pero cambia de parecer en cuanto ve a la dama. Antes del desenlace feliz para la pareja, el forajido se enfrenta a un juicio popular que lo condena a la horca; ella llega a tiempo para salvarle la vida, luego de recordarle a cada minero los favores que le deben.
Tal como lo mencionó en la entrevista de uno de los intermedios, Deborah Voigt nació para interpretar a Minnie, y tiene la suerte de hacerlo precisamente en la celebración del centenario de esta ópera. Además de pertenecer en la vida real a una rígida familia baptista, Voigt posee la caudalosa voz que el papel requiere, repleto de potentes graves y agudos. Giordani, por su parte, no parece en ningún momento un ladrón de origen mexicano, pero su voz resana cualquier fisura en ese sentido; Gallo es un sheriff actoralmente perfecto y sus cualidades de barítono son ideales para conformar a Jack Rance.
La producción es la misma que el Met montó en 1993, de Giancarlo del Monaco, que a la exigente crítica neoyorquina le ha parecido “pasada de moda”. Sin embargo, el espectador común disfruta a tope la funcional y hermosa escenografía, el vestuario y los accesorios; penetra fácilmente al Polka Saloon (hasta dan ganas de pedir un whisky derecho), igual que a la acogedora habitación de Minnie y a la calle maltrecha de un pueblo montañés de 1850.
La dirección musical corre a cargo de Nicola Luisotti, quien ha dicho que en su infancia jugaba a ser sheriff, con su respectiva placa, dos pistolas de plástico y sombrero de cowboy, así que goza como niño desde el foso y trata de no pensar que un siglo atrás estuvo ahí Toscanini. Cuando le preguntan si coincide con Puccini en la idea de que ésta es su mejor ópera, sonríe y dice: “Bueno, todos los compositores dicen que su mejor obra es la que acaban de hacer”.
Con buen sentido del humor, Lucio Gallo afirma que la mitad de las películas que vio en su infancia y adolescencia fueron westerns, tanto italianos como de Hollywood, así que siempre ha estado preparado para ser un sheriff en escena, sin considerarse un buen actor.
Al finalizar el tercer y último acto, una pregunta flota en el ambiente: ¿Acaso no fue Puccini el inventor del spaghetti western?


La Pasión según Belasco
Giacomo Puccini ya había trabajado exitosamente con un texto dramático de David Belasco en Madama Butterfly (basado en obras de Pierre Loti y John Luther Long), así que pensó en él para su debut americano; eligió TheGirl of the Golden West, que aparentemente muestra una sencilla historia de vaqueros, aunque con entrelíneas más profundas.
A diario, en sus ratos libres, Minnie lee la Biblia con los mineros, por lo que está empapada del amor cristiano incondicional, que aplica con sus semejantes. Es una virgen, casi santa, que mira y describe la naturaleza como un don divino, y asume su pequeña condición en medio de un universo perfecto. Una lectura superficial de su sicología podría ubicarla como una mujer desvalorizada, que literalmente afirma: “no sirvo para nada”, y más tarde: “con una educación de 30 dólares”.
Cuando Dick Johnson es juzgado y golpeado por la muchedumbre, parece inmerso en un pasaje de la Pasión; acepta que es un ladrón, pero se le acusa de asesinatos que nunca cometió. Finalmente, la soga se queda sin usar gracias a que el perdón aparece como un boomerang que regresa al origen, en beneficio de una nueva, aunque prosaica, encarnación.
Si Madama Butterfly se había convertido en secreto al cristianismo por el amor de Pinkerton, Minnie grita a los cuatro vientos su amor por el Mesías. (F.F.)

Reparto
Deborah Voigt: Minnie
Marcello Giordani: Dick Johnson
Lucio Gallo: Jack Rance
Tony Stevenson: Nick
Director musical: Nicola Luisotti
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