viernes, 14 de enero de 2011

Espinoza Paz: Cuando los perros hablen en inglés…


Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


14 de enero, 2011 / 2 hrs. de duración / Función única /
Promotor: Producciones y Representaciones Latinas S.A. de C.V.


Alejandro González Castillo
“Desde los campos de tomate, donde el sudor se confunde con lágrimas; desde ahí, él comenzó su camino. Un ángel desde el cielo lo ilumina esta noche. Señoras y señores, con ustedes, el cantautor del pueblo: ¡Espinoza Paz!” La singular presentación se encuentra a la altura del personaje que ya pisa el escenario y recibe la ovación de su público.
Con la punta de sus botas dirigidas a los reflectores, el cantante de moda deja ver que su hebilla es tan brillante como el aparato metálico que moldea esa sonrisa tímida y nerviosa. Quienes aplauden casi agotaron la dotación de sombreros norteños que se vendían en las afueras del Auditorio, pero el sinaloense se encarga de aniquilar los regionalismos al grito de “¡qué viva todo México!”
La mayoría de los personajes que hoy habitan ese campo sonoro llamado “música regional mexicana” hacen reverencias cuando Espinoza camina frente a ellos, pues a él le deben la autoría de sus más sonados éxitos. Y no sólo quienes portan botas le sonríen, sino también los intérpretes de pop que se pasean en limosinas por las calles de Miami. ¿A qué se debe la popularidad de esas canciones? La respuesta está en las letras. Por ejemplo, en una de ellas pronostica que cuando los gatos hablen francés y los perros hablen inglés, entonces yo volveré, y en otra alega desfachatadamente: estando enojado soy cabrón y medio, y aunque ande clavado me desclavo luego. Alardes de macho insensible que conviven con baladronadas de abandono —te fuiste porque yo estoy bien jodido, ya me echaste al olvido, detalla en “No hay dinero, no estás tú”— y de soledad, como ocurre en “Lo intentamos”, donde acepta que, hundido en su aislamiento, lucirá muy tonto haciéndole caricias a la pared.
De las muchas clases de amores que existen, el favorito del cantautor es el clandestino, aunque existe otro que porta orgulloso, al grado de invitar al escenario a quien lo encarna; nada menos que su abuela. “Cuando tuve hambre —comenta, al tiempo que la abraza—, ella me dio de comer. Y cuando mi madre murió, fue ella quien me ofreció su cariño”.
Sin soltar la columna que lo mantiene de pie, hace su mejor esfuerzo por interpretar el homenaje que creó para su rancho, “Calles de tierra”, con todo y lágrimas surcando su rostro. El hombre ha hecho mil reclamos a decenas de mujeres sin abandonar la sonrisa, pero la sola presencia de quien le tendió la mano cuando nadie confiaba en su talento, basta para hacerlo sollozar. Naturalmente, los espectadores responden de pie, con una prolongada ovación que se extingue con el arribo de “24 horas”.

“Acuérdense de que yo no canto, lo intento”, advierte cuando el mariachi ocupa su lugar frente a la banda que lo acompañó durante la primera parte del concierto. Entonces anuncia a Esmeralda, ganadora de un popular concurso de talentos, con quien interpreta “El último viernes”, sin imaginar que el público no le perdonará a la invitada llenar con su voz esas estrofas, y mucho menos cuando esto suceda con un barroco arreglo de piano como acompañante. Al descubrir la inconformidad, Espinoza encoge los hombros socarrón, pero la insistencia del público lo orilla, finalmente, a cantar a solas uno de su más grandes hits, tal y como suena en las estaciones de radio de mayor rating en el país.
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
“Para un artista —explica a modo de despedida—, lo más difícil es complacer al público del DF, porque no cualquiera entra en su corazón. Por fortuna, ustedes me han elegido. Así que les prometo seguir haciendo canciones con sentido”. Entonces forma un corazón con sus manos mientras sus ojos enfocan la butaca más distante. Es el nuevo ídolo de México, sin duda. Y pone la mira lejana porque mantiene los pies bien puestos sobre… el escenario.


Un humilde hacedor de hits
Isidro Chávez Espinoza (29 de octubre de 1982, La Angostura, Sinaloa) jamás ha negado su pasado como jornalero en los campos de tomate de Sacramento, California, mucho menos sus días como jardinero, en Oregon; lugares donde vivió por algún tiempo con tal de hacer realidad su sueño de ocupar un espacio en la música popular.
Desde muy pequeño mostró facultades como compositor —“La artista de la escuela”, su primera canción, fue creada cuando apenas había pasado los diez años de edad—, pero fue hasta que El Coyote se decidió a grabar algunos de sus temas, como “Prohibido”, “Para impresionarte” o “Besito en el cuello”, que el nombre del sinaloense comenzó a hacerse de una buena reputación. Actualmente, la lista de bandas y solistas que han requerido de sus servicios como compositor, e indiscutible hacedor de hits, es apabullante; una breve muestra: K-Paz de la Sierra, Lupillo Rivera, Thalía, Los Horóscopos de Durango, Lagrimita y Costel, Montez de Durango, Jenni Rivera, El Chapo de Sinaloa, David Bisbal, Pequeños Musical, Fidel Rueda, Cuisillos, La Arrolladora Banda Limón.
Al respecto, Paz se muestra agradecido: “A todos ellos les debo mucho. Me han ofrecido cosas buenas para mi carrera como compositor, pero también me han dado las bases para forjar mi carrera como cantante”. (A.G.C.)



Programa
Te presento a mi amante / Cuando el sol salga al revés / La número 20 / Ponte en mi lugar / Más adelante / Sólo un día / No hay dinero / Lo intentamos / Carita de perdón / El sinaloense / Loba / Al diablo lo nuestro / Te perdonaría / Espero / Amigos con derecho / Sobre mis pies / 24 horas / La rana parada / Esmeralda / Como una gelatina / La culpable / Es para mi viejo / Mujer / Kilómetros de aquí / Gracias / El próximo viernes.
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