sábado, 15 de enero de 2011

Chicago: La fórmula que aún conmueve

15 de enero, 2011 / 2:00 hrs. de duración / Función única /
Promotor: Súper Publicidad S.A. de C.V.

David Cortés
Suenan los primeros compases y el gatillo de los recuerdos se dispara. Una tarde-noche de noviembre de 1975, un joven imberbe se detiene ante las puertas del antiguo Auditorio Nacional. Nervioso, cruza la puerta, se somete a la revisión y se apresta a vivir su primera experiencia rocanrolera en un México donde los conciertos de música juvenil eran la excepción.
Hoy, treintaicinco años después, ese individuo, muy cambiado, viene a cerrar un círculo y observa cómo sobrevive Chicago.* Hay mutaciones físicas: Walter Parazaider, el saxofonista, luce un enorme copete a la Jimmy Neutron; Lee Loughane, trompetista, utiliza un aparato para escuchar; James Pankow, al trombón, ha perdido pelo; Robert Lamm, en teclados, embarneció notoriamente. Y cambios en la alineación: Keith Howland, guitarra; Jason Scheff, bajo y voz; Lou Pardini, teclados; Drew Hester, percusiones, y Tris Imboden, batería, completan la banda ahora; pero la transformación principal es sonora.
En aquella primera visita, el grupo traía algunos éxitos a cuestas, pero los momentos del verdadero estrellato llegaron después, con canciones como “If You Leave Me Now” o “Hard to Say I’m Sorry”, que primero sonaron en FM y luego brincaron a la AM e hicieron de la agrupación un fenómeno masivo. 
En esta ocasión predomina el peso de la leyenda. Parazaider, Loughane y Pankow, al frente del escenario, dirigen a la banda; luego de más de cuarenta años se pueden permitir ese lujo. Atrás, Lamm es el encargado de las relaciones públicas: habla de la alegría de estar en México y de las muchas canciones que interpretarán. Pero si bien estos cuatro pueden hacer y deshacer, en realidad el colectivo funciona de manera democrática. Casi todos cantan; los escasos solos le corresponden, obviamente, a los metales, aunque esporádicamente ceden el protagonismo a Howland con su guitarra, y a Hester e Imboden, quienes a cuatro manos apelan al primitivismo de los presentes.
No hay sorpresas; un puñado de músicos que desde hace años ignora el significado de términos como aventura y riesgo, no necesita de ellos para encantar a un público que ha venido a escuchar y corear temas clásicos. Si bien es cierto que con el tiempo el sonido de Chicago se ha tornado anodino y complaciente, las emociones que éste concita permanecen intactas. Y para corroborarlo allí está la gran recepción a las canciones melifluas y enternecedoras, mismas que, sin duda, sirvieron de telón sonoro a innumerables romances.
Tampoco se ha perdido del todo el sonido robusto que da el maridaje entre rock y jazz. Y aquí, otra vez, reaparecen las remembranzas. El Chicago de 1975 era un combo impresionante que tenía en la fusión la fuente principal de su poderío; quedan resabios de aquello y se hace evidente en un soberbio solo de Parazaider y en el entendimiento de la sección de metales. Pero los atrevimientos se detienen ahí; ahora el peso está en los temas lentos, las baladas y en composiciones con tinturas pop.
El encore es la cruza del tiempo pasado y el presente. Un medley de “Free” y “25 or 6 to 4”, impecablemente ejecutado, rememora la enjundia de una banda que hace siete lustros años todavía tenían ganas de comerse el mundo; hoy las ambiciones se archivaron en el baúl para dar paso a la comodidad. 

El imprescindible Terry Kath
Chicago Transit Authority se funda en 1967 y lanza su primer disco, ya con el nombre reducido a Chicago, dos años después. El álbum llama la atención por su frescura, por la fusión de jazz y rock y, entre otras cosas, porque los músicos que interpretaban la música tenían ángel. Y el del guitarrista Terry Kath sin duda era uno de los mayores. Él fue cofundador de la banda y, para muchos, el alma del grupo sobre el escenario. Si bien la composición estaba dividida, el carisma de Kath sobre la tarima era avasallador.
1978 fue fatídico para la banda. Al iniciar el año, James William Guercio, manager desde sus inicios, los abandonó. Días después, el 23 de enero, Terry Kath murió al dispararse una pistola que, pensaba él, se encontraba descargada. El problema no fue encontrarle sustituto, sino mantener unido al grupo. Hay quienes afirman que su muerte llevó a Chicago hacia las baladas y las canciones pop; lo cierto es que a partir de su ausencia el combo dejó las ambiciones artísticas para centrarse en la consecución de éxitos.
Terry Kath estuvo en la primera visita de la banda en nuestro país, un concierto del cual se habló más en la nota roja debido a los acontecimientos que lo rodearon (carros incendiados, intento de portazo y gente ansiosa de entrar). Fue él quien tomó el micrófono y dijo: “Los de adentro, demos un aplauso a los que están afuera y no pudieron entrar”. (D.C.)

Programa
Ballet / Wake Up Sunshine / Alive Again / Happy Man / Old Days / Alone Comes a Woman / This Time / If You Leave me Now / No Tell Lover / (I’ve Been) Searchin’ So Long / Mongo / Call On Me / Baby What a Big Surprise / Hard Habit to Break / You’re the Inspiration / Beginnings / I’m a Man / Just You’n’ Me / Saturday in the Park / Feelin’ Stronger Everyday / Free / 25 or 6 to 4.
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