domingo, 28 de noviembre de 2010

Compañía Nacional de Danza Contemporánea de Cuba: La resignificación de una pieza clásica

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Carmina Burana. Producción Monumental / 28 de noviembre, 2010 / Función única / 
1: 23 horas de duración / Promotor: Promotor: Cenit Espectáculos, S.A. de C.V. 


Gina Velázquez
El 20 de noviembre de 2008, el Auditorio Nacional fue testigo del estreno mundial de la versión coreográfica del cubano George Céspedes de Carmina Burana. Tan grandioso fue que el espectáculo recibió una Luna del Auditorio Nacional en 2009. Hoy, por tercer año consecutivo, la compañía de Danza Contemporánea de Cuba, dirigida por Miguel Iglesias, regresa para fascinar con su particular interpretación. Este año la compañía celebra 50 años de haber sido fundada por el maestro Ramiro Guerra, desde entonces ésta ha realizado más de 260 estrenos y en su repertorio activo ha mantenido más de 60 obras. A lo largo de su existencia, la agrupación se ha caracterizado por su estilo peculiar y su búsqueda de un lenguaje universal contemporáneo que fusiona con sus raíces afro hispánicas. 

La Orquesta Internacional de las Artes, dirigida por el alemán Leo Krämer, comienza fascinando con la obertura, Grandes maestros de Nüremberg, del compositor alemán Richard Wagner. Minutos más tarde, la pieza más conocida de la cantata, O Fortuna, da pie a que aparezcan los bailarines y el Coro Internacional de las Artes. Es inevitable que la respiración se estremezca y la emoción comience a invadir los sentidos. 
La música excelsa encaja con la sincronía perfecta del cuerpo de bailarines. Los movimientos realzan la intensidad de los coros. El escenario es sencillo pero contundente. Los bailarines están semidesnudos, camuflados por un vestuario muy contemporáneo, diseñado por Vladimir Cuenca. Veintidós mujeres y dieciocho hombres, mestizos, blancos, morenos, amarillos, que no hacen más que movimientos limpios y precisos; parecen espejos. Los colores que se perciben son lúgubres y fríos, no obstante, la belleza del ballet es convulsiva.
El coreógrafo George Céspedes no siguió la estructura narrativa, sólo puso atención a la música y a los diferentes estados de ánimo que ésta le provocaba. Así, los suntuosos artistas comunican mucho valiéndose solo de su cuerpo, por momentos las expresiones faciales son muy importantes. Articulan la historicidad a través del movimiento del cuerpo humano, con evoluciones simétricas y citadinas, enfatizan la perspectiva carnal y directa; mientras se resalta el virtuosismo físico de los propios bailarines. 
Las coreografías seducen y glorifican Carmina Burana, cumplen el cometido de Céspedes: “celebrar al hombre y su estancia en la Tierra, desde los puntos de vista social y espiritual; hay momentos en los que habla del amor, no solo a la pareja o al prójimo, también como concepto, de ese sentimiento que existe aunque no nos percatemos.” 
El público no sólo sucumbe al hechizo de los bailarines, también ante los coros y las interpretaciones los mexicanos Josué Cerón (barítono), Patricia Santos (soprano) y Óscar de la Torre (tenor), se redondea la vivacidad que despierta la cantata. José Manuel Carreño y Tamara Rojo son los bailarines principales de esta noche, pero el trabajo dancístico colectivo da la sensación de que no hay protagonismos.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Carl Off subtituló Carmina Burana como: “Canciones laicas para cantantes y coreutas para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas”; hoy los más de doscientos artistas en escena, entre orquesta, coro y bailarines, realzan el sentido del subtítulo y hacen magia. Es seguro que siendo una de las obras más populares en el repertorio sinfónico, habrá muchas versiones, pero, en definitiva, pocas tan memorables e impactantes como la de  la Compañía Nacional de Danza Contemporánea de Cuba.

Semblanza de un primer bailarín
Al cubano José Manuel Carreño (1968) lo respaldan 25 años de experiencia profesional en danza clásica. Por eso, a pesar del reto que representa, no es extraño que con Carmina Burana. Producción monumental, se haya atrevido a incursionar en el ballet contemporáneo. Carreño comenzó a bailar a los 10 años y se formó en la Escuela Provincial de Ballet y la Nacional de Cuba. En 1987 ganó la medalla de oro en el Concurso de Ballet Internacional de Nueva York. Como bailarín principal ha formado parte del Ballet Nacional Inglés en 1990, del Royal Ballet en 1993 y desde 1995 en el American Ballet Theater. 
Más allá de la técnica, para él como bailarín, lo más importante es la interpretación del personaje, para así, en sus palabras: “buscar la forma de proyectarme hacia el público y ver su reacción. Hay una gran diferencia entre ser un bailarín o un artista. El primero es aquel que lo ves bailar y hacer pasos aprendidos en la academia, un artista es aquel que terminas de verlo y sales del teatro emocionado.” El cubano ha recorrido los escenarios más importantes de Europa y América, personificando a Basilio, en Don Quijote; Franz en Coppélia; y el príncipe Sigfrido en El lago de los cisnes. A partir del 30 de junio de 2011 dejará de formar parte del American Ballet Theatre y se convertirá en agente libre. (G.V.)


Créditos
Carmina Burana
Versión coreográfica de George Céspedes y Miguel Iglesias
Con el primer bailarín José Manuel Carreño


Compañía de Danza Contemporánea de Cuba
Dirección artística: Miguel Iglesias

Orquesta Internacional de las Artes
Dirección: Leo Krämer

Coro Internacional de las Artes
Coro Infantil del Liceo Franco Mexicano
Dirección: Juan Ernesto Villegas

Tenor: Óscar de la Torre
Barítono: Josué Cerón
Soprano: Patricia Santos


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