sábado, 7 de agosto de 2010

Fernando Delgadillo: Intensidad de la marea baja

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Balada marinera / 7 de agosto, 2010 / Función única /
2:50 horas de duración / Promotor: Ernesto Vargas Mancilla

Gina Velázquez

Todo sale del mar y vuelve a él. Simboliza renacimiento, transformación. En el océano se vacían las dudas, la incertidumbre; es ahí donde se encuentra tranquilidad e inspiración. Fernando Delgadillo se ha valido de ello durante veinticinco años: el mar humedece muchas de sus letras. Sobre todo en Desde la isla del olvido (2009), su más reciente trabajo, que se diferencia de los anteriores porque la temática es menos local o urbana. Tomar el mar como insignia en su treceavo material no es fortuito, pues arranca de “Mensajes”, que habla de un naufragio y se hizo famosa a partir de su memorable Febrero 13 (1999).
Esta noche sin luna y de aguacero, el creador de la canción informal, cómodamente instalado en un sillón blanco, comienza puntual su periplo, sin discurso previo. Lo acompañan Juan Duarte (bajo, flauta, sax) y Yuri Nilo (guitarra, banjo, violonchelo, cajón), quienes con destreza alternan tales instrumentos. Los ánimos están tranquilos, es una noche para disfrutar con calmada intensidad. Como es su costumbre, entre canciones narra historias cotidianas, risibles, de amor, juveniles, de recuerdos inasibles.
Las peticiones no cesan en ningún momento, él las agradece y cumple paulatinamente, mientras baraja su amplio repertorio. Sin embargo, siempre hay alguien que pide una y otra vez la que desea. Asegura que él puede cantarlas todas al mismo tiempo, pero el problema es que el público no va entender. Con esto desata carcajadas y gana paciencia de los ansiosos.
Hacia la mitad se queda solo con su inseparable guitarra y es cuando interpreta los imprescindibles temas de antaño: “Hoy ten miedo de mí”, “Carta a Francia”, “Entre pairos y derivas”, “En tu cumpleaños”, “Ay, amor”. Es el momento en el que nadie pierde la oportunidad de entonar los himnos de Delgadillo; algunos fans tímidamente, otros a todo pulmón.
Es una velada con marea baja, pero en la que no falta la emoción y el sentimiento. Y es que por más que hayan sido interpretadas, las canciones siguen fascinando. Todos quieren escuchar aquélla que les hace evocar algún momento, ésa que le dedican a su acompañante. Quizás el encanto del artista radica en que es capaz de decir lo inexpresable. Aquello que es inefable, él lo hace patente, y así cualquiera toma las letras para ponerlas en su propia voz.
Entrama composiciones en las que conjuga amor, humor y conflicto social. Con su perspectiva de voyeur –que además de contemplar y describir, critica proponiendo– atrapa sin que podamos percibir que el fin se acerca. Se despide precipitadamente e interpreta “Tu prisa”; sin embargo, no lo dejan ir tan fácilmente.
El encore se conforma de tres temas, la mayoría se conforma y agradece. Aparentemente para Delgadillo la frase “renovarse o morir” no es válida, pues con la misma fórmula ha conservado y aumentado el número de su público inteligente y conocedor –como él mismo lo califica. Ellos, fieles, siempre remarán hacia él para colmarse de sus acordes.


Programa
Balada marinera / Bienvenida / Nimbus / Quizás / Luna en lunes / Bajo tu pisada / La isla / Trino / El retocador de calles / Puede que pueda / Ensayo de una boca / Conclusiones en rag / Llueve / Noche sin luciérnagas / Verdes siempre / Hoy ten miedo de mí / Carta a Francia / Primavera / Entre pairos y derivas / En tu cumpleaños / Ay, amor / Julieta / La bañera / Insomnio / Con cierto aire a ti / Momentos pendientes / Las visiones / El abordaje / De los amores peregrinos / En la floresta / Tu prisa / Eva en las frutas / Amor de voceador / Llamadas anónimas.
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