lunes, 19 de julio de 2010

Un encuentro con Bob Geldof: El niño pobre convertido en Señor África

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

19 de julio, 2010 / Función única / 1:30 horas de duración / 
Promotor: The Anglo Foundation 

Julio Alejandro Quijano
Durante la conferencia de Bob Geldof, el Lunario se percibe como un salón lleno de alumnos aplicados. En cuanto termina, muchos de ellos se tornan en fans que corren hacia el escenario. Llevan discos, libros, películas y fotografías de Live Aid y de The Wall (en la que fue el actor principal). Quieren que se los dedique. Acostumbrado también a ser una celebridad rockera, él se entretiene diez minutos con los autógrafos. Uno de los fans le comenta: “No puedo creer lo que nos dijo: 30 millones de africanos están muriendo de hambre en este momento”. Geldof le contesta con una sonrisa y añade una frase al autógrafo: “Haz algo”. El fan la lee y le responde: “Lo haré”. 
¿De dónde viene el poder de este músico, actor y activista irlandés a quien le basta con escribir un par de palabras para crear conciencia en los jóvenes? La conferencia misma es la respuesta. 
En cuanto llega al Lunario, su imagen y actitud anuncian lo que vendrá: la cabellera insiste en rebelarse y su traje de seda gris se agita con el movimiento de su cuerpo, que se exalta hasta ponerse de pie: “El otro día me reuní con Berlusconi y le dije: ‘¡eres un maldito mentiroso!’”. Luego regresa a la calma y, junto con él, su cabellera y su traje. 
Robert Frederick Zenon estuvo en Zacatecas por invitación del Hay Festival y luego en la ciudad de México para dictar una conferencia convocada por el Colegio Británico. Convencido de ser un agente del cambio, apabulla a su auditorio en el Lunario con cifras y anécdotas: “Tony Blair y Bill Clinton fueron niños Live Aid. Ellos vieron el concierto de 1985 y por eso están conscientes de que hay que hacer algo. Obviamente ni Ronald Reagan ni Margaret Tatcher fueron niños Live Aid. Y ahora nosotros tenemos a setenta y dos personas trabajando dentro de Washington y en Londres para cabildear con los políticos; es nuestra gente, pero es pagada por Bill Gates y Warren Buffet”. 
La mayor parte del tiempo está sentado y con los pies arriba de una mesa colocada en el escenario. Pero sabe el momento justo de exaltarse, de permitir que su cabellera se rebele: “En los ochenta, la película Wallstreet nos decía que la codicia es buena y había un montón de jóvenes ganando millones en la Bolsa de Valores. Pero en medio de esa opulencia nos decían también que 30 millones de personas estaban muriendo de hambre en África ¿Cuál es el propósito? ¡30 millones de personas muriendo en África, a solo ocho millas de Europa, el continente más rico!” 
Su elocuencia envuelve la razón de los asistentes. José Areán, moderador de la charla, introduce una pregunta incómoda: “Hace un par de meses, la BBC publicó un artículo donde había una acusación contra Live Aid…” Geldof interrumpe: “Ya sé a qué te refieres. A un reportaje de BBC World donde se nos acusaba de que el 95 por ciento de Live Aid se utilizó para comprar armas del grupo rebelde en Tigray”. 
Para él no hay polémica: “No vamos a tirar todo a la basura por culpa de un baboso de la BBC”. Luego explica: “Nosotros compramos comida con el dinero. Acepto que la compramos en la región, y si alguien me vende granos, yo le pagó cien dólares. No me importa si luego utiliza esos cien dólares para comprar armas”. El tiempo le daría la razón: en noviembre de 2010, la Unidad de Quejas Editoriales de la BBC le ofreció una “disculpa sin reservas” ya que “no hay pruebas del desvío de dinero”. 
La capacidad de Geldof para convencer, sin embargo, parece no provenir de su elocuencia sino de su historia personal. A la admiración unánime de sus argumentos, se une la empatía cuando habla de sí mismo: “Fui criado en los cincuenta y siempre fui muy pobre; en mi casa no había dinero, por lo que mi papá se iba los lunes a vender cosas en el campo y no regresaba sino hasta los viernes. Mi mamá murió cuando yo tenía siete años, así que cuando regresaba de la escuela nadie me decía que hiciera la tarea. Cenaba y ponía la chimenea, porque en Irlanda siempre llueve y hace un frío terrible”. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

La sesión de preguntas del público se centra en petición de consejos: ¿Cómo ayudar a Haití luego del terremoto? o ¿cómo hacer que México se comunique mejor entre sus regiones a pesar de sus problemas de pobreza? 
Pero Geldof termina siempre hablando de África: “No por nada me dicen el Señor África”.
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