viernes, 28 de mayo de 2010

Jannette Chao: Cartografía del corazón a la medida

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

28 de mayo, 2010 / Función única / 
2:15 horas de duración / Promotora: Jannette Chao

David Cortés
La noche ha avanzado y flota en el aire una atmósfera relajada, tranquila. Es la hora propicia para las confesiones y la cantante Jannette Chao se planta decidida frente al micrófono. A lo largo de su concierto celebratorio de una década de trabajo y cuatro discos en su currículum, ha bromeado, contado anécdotas o historias alrededor de sus canciones, siempre con una gracia contagiosa. 
Pero es el momento de deshacerse del caparazón y hacer revelaciones: “Esta es –dice–, una canción pura, la más honesta que he hecho…” No concluirá la frase; en vez de ello, la voz se le quiebra, deja escapar un pequeño suspiro y antes de mostrar la espalda al público y caminar al fondo del escenario, unas lágrimas recorren su rostro. 
Ya no retoma el hilo del discurso, toma nuevamente la guitarra y canta con furia, a corazón abierto, una canción cuya letra es al principio ininteligible, pero que levanta ámpula en cuanto la reconocen sus seguidores, un público en su mayoría maduro que no ha dudado en corear cada una de sus composiciones. 
Jannette cierra hoy, en sus palabras, un ciclo (“me voy para grabar y en ocho meses tendrán un discazo”), y su set va de un inicio íntimo y semiacústico, a lo enérgico; pasa de la balada a un soft pop rock en donde se diseminan briznitas de jazz ligero y hasta algo de new age. En esta vorágine de canciones sobresalen los temas en donde se habla de heridas y abandono (quien dijo que el amor bastaba para ser feliz, / es un imbécil porque no te ha conocido a ti), pero también hay espacio para la esperanza y el optimismo. 
Acompañada de su banda, crea remansos sonoros de paz, pasajes instrumentales en los cuales se advierten texturas etéreas, algunas de ellas cargadas con reminiscencias étnicas, pasajes que funcionan como transiciones para luego reincorporarse a la educación sentimental propuesta por la compositora, un viaje en donde las despedidas (de su guitarrista, del foro, de la noche) se vuelve el colofón, aunque antes bajará a interpretar una de sus canciones en medio de las mesas donde los parroquianos no pierden detalle de sus movimientos. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

El verdadero final la muestra, guitarra al hombro, cantando con fuerza y emotividad. Lo hace sola, porque de esa manera se inició y así es necesario clausurar esta etapa. Sólo así podrá acometer el futuro, aunque esta noche lo hace a sabiendas de que en el trayecto, luego de una década, ha cosechado algunos fieles, ésos que no escatiman elogios y admiración para una cantante que les ha construido una cartografía del corazón a la medida.
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