jueves, 20 de mayo de 2010

The Habit of Art: Lo que importa es el trabajo

Foto: The National Theatre of London

National Theatre de Londres20 y 24 de mayo, 2010 / Dos funciones / 
2:25 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. 

Fernando Figueroa
Dirigida por Nicholas Hyttner, The Habit of Art, de Alan Bennett, narra un encuentro imaginario entre el poeta W.H. Auden y el compositor Benjamin Britten, quienes vuelven a verse en casa del primero luego de un largo alejamiento. El músico trae bajo el brazo su proyecto operístico Muerte en Venecia, y el escritor está metido en la elaboración de su autobiografía, con el apoyo del periodista Humphrey Carpenter. 
Tal planteamiento inicial haría suponer que estamos ante una obra seria, pero en realidad se trata de una inteligente comedia que no provoca carcajadas estentóreas, sino el tipo de risas a medio volumen que surgen del humor ácido. Lo que sucede es que se enfrentan en el escenario dos formas de asumir la homosexualidad: por un lado, Auden suele contratar sexoservidores a domicilio y no pierde tiempo en guardar las apariencias, mientras que la mayor preocupación de Britten es que Muerte en Venecia sea vista como una proyección de sus inclinaciones eróticas. El poeta también tiene algo que ocultar en la charla: sus enormes deseos de escribir el libreto de la ópera que prepara Britten, quien está consciente de esa aspiración y juega con ella como gato con un ratón. 
Tanto en los diálogos entre Auden y el periodista como entre el poeta y el músico surgen temas que atañen a cualquier ser humano: soledad, amor, amistad y muerte, aunque por encima yergue, omnipotente, la creación intelectual. Auden se encarga de sintetizar tal planteamiento en una sola frase: “Lo que importa es el trabajo”. 
Si la anécdota resulta por sí misma apasionante, algo similar puede decirse del planteamiento escénico, pues Alan Bennett no se conforma con contar esta historia, sino que paralelamente narra todo lo que sucede en el seno de una compañía teatral mientras ensaya una obra. Efectivamente, estamos hablando de teatro dentro del teatro, pues realmente no vemos a dos actores interpretando a Britten y Auden sino a dos histriones que ensayan una obra en la que aparecen tales artistas consagrados; un juego de espejos aparentemente complejo que Alan Bennett ha sabido plasmar con brillantez. 
En The Habit of Art queda claro que todo mundo está ávido de reconocimiento, ya sean vacas sagradas de la cultura, chichifos, mayordomos, actores, carpinteros, asistentes de dirección y… dramaturgos. Claro, Bennett no pierde la oportunidad de crear un papel para el escritor de la obra que ensayan, quien observa con impotencia cómo tasajean y alteran su libreto original. 
Las actuaciones de Alex Jennings (Benjamin Britten), Adrian Scarborough (Humphrey Carpenter) y Frances de la Tour (Kay) son excelentes, pero la grandeza queda reservada para Richard Griffiths, quien interpreta a un W.H. Auden de antología sin parecerse gran cosa al autor de El mar y el espejo. Griffiths sabe perfectamente que, gracias a su talento, Auden cobra vida en el escenario y en la imaginación de quienes ven absortos la obra.
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