sábado, 19 de diciembre de 2009

Los cuentos de Hoffmann: El retablo de las desilusiones amorosas

Foto: The Metropolitan Opera.

Temporada de Ópera, desde el Metropolitan Opera de Nueva York / 19 de diciembre, 2009 / 
Función única / 3:37 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C.

Gustavo Emilio Rosales
“Todas las mujeres son la misma Mujer. Sólo existe una, desde el principio de los tiempos”, le dice el ángel guardián —en verdad, Lucifer— al protagonista de la cinta La última tentación de Cristo; frase que coincidentemente resuena hoy en la mente del poeta Hoffmann, al contemplarse a sí mismo agotado por sus mil y un devaneos. 

La musa de este bardo es la magnífica mezzosoprano y gran actriz Kate Lindsey, talento emergente de un programa de desarrollo artístico patrocinado e impulsado por el Met. Ella y el bajo-barítono Alan Held, quien da vida a cuatro villanos (uno por cada una de las historias que conforman Los cuentos de Hoffman), son los únicos ejecutantes que permanecen todo el tiempo en escena durante las casi cuatro horas que dura la representación, esfuerzo que les demanda, según comentan a la anfitriona del programa, Deborah Voight, la máxima concentración y, a un tiempo, el dominio oportuno para permitir que Anna Netrebko y Joseph Calleja asuman de inmediato su proyección como la pareja protagónica de la más famosa ópera de Jacques Offenbach. 

Y es que este melodrama musical está hecho con historias dentro de historias, que contrastan entre sí en tono y estilo. La primera de ellas, comienzo y final de la totalidad, es la de Hoffmann consumiéndose de pasión y vino en una taberna donde disputa con el villano Lindorf el amor de la cantante Stella. En pleno desvarío, el escritor recuerda cuando se enamoró de Olympia, que en realidad era un robot; también acuden a su mente remembranzas de su periodo como amante de Antonia, quien murió, y como pretendiente de la cortesana Giulietta, quien lo engañó y robó su reflejo. Se trata de un retablo de intensas narraciones, que tiene como común denominador el fracaso emocional del protagonista y la victoria del Mal, que siempre se le opone en la forma de truhanes diversos. 

El desempeño actoral de Kate Lindsey, sin afeites y asumido con plenitud, es decisivo para la continuidad de las historias, que no tienen una transición ambiental entre sí. Asimismo, lo es la dirección orquestal del maestro James Levine, batuta titular del Met, quien deja respirar finales y comienzos de cada episodio al brindarles una amplia calidad de tiempo y sonoridad. La producción de Bartlett Sher, con escenografías de Michael Yeargan, por el contrario, asume cada relato como unidad específica, con creaciones determinantes para cada atmósfera dramática, sin hilo conductor. 
El cuadro correspondiente a la chica robot es el más deslumbrante de todos. Sucede en una carpa de circo, en la que predominan colores estridentes y juegos visuales, como una espiral infinita provocada por un dragón de metal o la perspectiva interminable del telón de fondo. El resto porta un corte bastante convencional, que da preponderancia a la oscuridad como dimensión, lo que suscita el realce del espléndido diseño de vestuario de Catherine Zuber, quien viste con igual eficacia a protagonistas y comparsas. 
La indumentaria que más llama la atención, sin lugar a dudas, es la bata sedosa que usa Anna Netrebko como Antonia, en el segundo acto, la cual, sin desnudarla (en el pasado se acusó a esta cantante de alentar que los montajes se convirtieran en un desfile de corsetería), demuestra con creces el porqué la rusa —que inició su carrera limpiando pisos en el Teatro Mariinsky, para después convertirse en una de las voces más cotizadas— es considerada como la mujer más hermosa del ámbito operístico internacional. 
El tenor maltés Joseph Calleja brinda un lance adecuado, pero sin ovaciones, no pocas veces opacado por Alan Held, cuyo físico (alto y calvo) trabaja a su favor en la confección de los cuatro villanos. Giulietta, la cortesana que engatusa a Hoffmann para hurtar su reflejo, es interpretada con eficacia por la mezzosoprano rusa Ekaterina Gubanova. 
Pese a que las deslumbrantes voz y belleza de Netrebko son garantía de éxito en cualquier teatro del mundo, el público neoyorquino —como muchos asistentes que, en México, también deciden aplaudir— brinda su más sonora felicitación a la cumbre artística lograda por la soprano Kathleen Kim, quien interpreta con maestría al robot Olympia: un papel sumamente arduo, pues la ejecutante debe proyectar la calidad inhumana de un muñeco viviente, a la par que canta muy difíciles florituras vocales. Dicho logro y la espalda de Anna son pasajes inolvidables de Los cuentos de Hoffmann


De cuento y canto 
* Jacques Offenbach nació el 20 de junio de 1819 en Colonia, Alemania. Murió en París, Francia, el 5 de octubre de 1880, sin poder concluir Los cuentos de Hoffmann, su obra más ambiciosa. La composición fue terminada por su colega franco-americano Ernest Giraud, quien también agregó los recitativos a la ópera Carmen, de Bizet. 
* Ernest Theodor Amadeus Hoffmann no sólo existió realmente, sino que también fue un autor prolífico, cuya obra inspiró a múltiples autores. Nació en 1776 en una antigua ciudad de la Prusia Oriental (hoy parte de Rusia), y falleció en Berlín, en 1822. Su tercer nombre se lo puso él mismo al llegar a la edad adulta, en honor a Mozart. Fue una de las figuras centrales del romanticismo alemán. 
* Se dice que Hoffmann fue un magnífico músico, admirado, entre otros, por Beethoven. 
* En sus relatos de ficción, Hoffmann combinó con acierto tonos de horror, suspenso, alegorías y grotesco. Entre sus fieles se cuentan a Théophile Gautier y Edgar Allan Poe. 
* Los cuentos de Hoffmann que inspiran la ópera de Offenbach son El hombre de arena, La Noche de San Silvestre, El Puchero de oro y Kleinzach y el violín de Cremona. 
* Idealmente, los personajes femeninos que representan el ideal de amor de Hoffmann deben ser interpretados por la misma cantante, pero no siempre —como en el caso de la presente producción— es así. Sin embargo, es obligado que los papeles de los cuatro villanos (Lindorf, Coppelius, Doctor Milagro y Dappertutto) corran a cargo de un solo intérprete, pues los cuatro son encarnaciones de un mismo genio maligno que invariablemente frustra la realización amorosa del poeta. 
* El tenor maltés Joseph Calleja remplazó al mexicano Rolando Villazón, quien estaba programado para interpretar el papel protagónico de este montaje. El defeño debió tomar unas vacaciones forzosas para eliminar quirúrgicamente los nódulos en su garganta que le impedían cantar. 
* No son pocos los resentimientos que ha provocado Anna Netrebko en el mundo de la ópera. Se le acusa de haber erotizado con su belleza y sensualidad a todos los personajes femeninos, de modo que otras cantantes, menos agraciadas, ven mermadas sus opciones de trabajo ante la impronta de esta dama. 
* Aunque sean la misma, arquetípica, Diosa, no todas las mujeres son iguales. (G.E.R.)



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.