sábado, 7 de noviembre de 2009

Turandot: Todo lo que ella necesita es amor

Foto: The Metropolitan Opera.

Temporada de Ópera, desde el Metropolitan Opera de Nueva York / 7 de noviembre, 2009 / 
Función única / 3:25 horas de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C 


Fernando Figueroa
Una de las arias más conocidas del bel canto es, sin duda, “Nessun dorma”, de la última ópera que escribió Giacomo Puccini (1858-1924), con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni, a partir del drama de Carlo Gozzi. Escuchar tal fragmento de manera aislada equivale a degustar un delicioso bocadillo, pero oírlo en el contexto de Turandot resulta una experiencia climática de primer orden. Más aún cuando el banquete completo es servido por el Metropolitan Opera de Nueva York, con un Calàf de grandes ligas como Marcello Giordani. 
En agosto de 2007 se presentó en el Auditorio Nacional una estupenda versión en vivo de Turandot, a cargo del Teatro Colón de Argentina; ahora la experiencia es virtual, pero no menos conmovedora. La pantalla gigante de Alta Definición funciona como una pulcra ventana que mira hacia un exquisito mundo de fábula, recreado con el recargamiento típico de Franco Zeffirelli, quien cumple el doble papel de productor y escenógrafo. 
¿Cuál es el fantasma que cada noche surge en el hombre y muere cada día? ¿Qué flamea y arde como la fiebre, pero se enfría con la muerte? ¿Qué es como el hielo pero quema? Tales son los acertijos que la princesa Turandot plantea a quienes desean desposarla, y que literalmente pierden la cabeza por culpa de la pasión. Con una anécdota tan simple como original se establece una tensión dramática que jamás decrece, entrelazada con el intenso universo musical que confeccionó un agonizante Puccini. 
Calàf expresa tres respuestas correctas (la esperanza, la sangre y Turandot), pero la princesa se resiste a cumplir con lo pactado; finalmente acepta que el verdadero nombre de su nuevo pretendiente es “Amor”, y abre su corazón. Pero para que esto suceda, previamente afectan la vida de Timur, padre de Calàf, y de la noble y sumisa Liù, quien resiste torturas y prefiere suicidarse antes que traicionar al hombre que alguna vez le sonrió. 
Marina Poplaskaya luce espléndida en el papel de Liù por su voz y proyección escénica, y funciona como balance con el papel deliberadamente poco expresivo que como Turandot entrega Maria Guleghina. Samuel Ramey cumple como Timur, y Charles Anthony (Altoum), con sus ochenta años a cuestas, consuma debidamente su papel de hombre en el invierno de la vida. La orquesta y el coro de la casa funcionan a la perfección, a pesar de que la batuta corre a cargo de un jovencísimo Andris Nelsons (Letonia, 1979), quien también es director de la Orquesta Sinfónica de Birmingham. 
Visualmente resulta muy eficaz el contraste que se plantea entre las penumbras del primer acto ―cuando la población lamenta en las calles la serie de ejecuciones―, el estallido dorado del segundo ―con la acción dentro del palacio imperial―, y el medio tono del tercero, en los jardines palaciegos. 
En 1988 Zeffirelli montó esta misma obra en la Metropolitan Opera, y como en aquellos tiempos no existía alta definición, los adictos al bel canto se conformaron con una grabación en video para ser reproducida en el sistema casero VHS. El elenco lo encabezaba un dominador Plácido Domingo (Calàf), acompañado de Eva Marton (Turandot) y Leona Mitchell (Liù). 
Si el público del Met ovacionó en su momento a Domingo luego del “Nessun dorma”, ahora se repite el reconocimiento para Marcello Giordani, generando una onda expansiva que llega hasta las butacas del Auditorio Nacional, donde las palmas pueden parecen absurdas para algunos, pero muy sinceras de parte de los más desinhibidos y gozosos. En luneta se produce una pequeña discusión entre un hombre maduro y un muchacho que se burla de los aplausos a distancia. ¿Quién tiene la razón? La respuesta está en el viento. 

La aventuras de Zeffirelli 
Conocido en el mundo del cine por cintas como Romeo y Julieta (1968), Hermano sol, hermana luna (1972) y Té con Mussolini (1999), entre muchas otras, Franco Zeffirelli también tiene una larga carrera ligada al teatro y la ópera. 
Amigo íntimo de Maria Callas, produjo Tosca (1964) para ella y Tito Gobbi en la Royal Opera House de Londres, y en 2002 filmó el tributo Callas Forever con Fanny Ardant y Jeremy Irons. A la pantalla grande ha llevado óperas clásicas como La bohème (1965 y 1982), La traviata (1982), Otelo (1986), Pagliacci (1994) y Don Giovanni (2000), además de otras versiones para televisión. Su producción de Aída en 2007, para el teatro La Scala de Milán, es considerada por los críticos como una de las más fastuosas en la historia de este arte. 
Zeffirelli nació en Florencia, en 1923; estudió arquitectura en esa ciudad y trabajó como escenógrafo teatral. Fue asistente de grandes figuras de la dirección cinematográfica como Luchino Visconti, Vittorio de Sica, Roberto Rossellini y Michelangelo Antonioni. Ha sido senador del partido conservador Forza Italia. (F.F.)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.