sábado, 21 de noviembre de 2009

Paulina Rubio: Una diva para cada estación

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Gran City Pop Tour / 21 de noviembre, 2009 / Función única / 
1:37 horas de duración / Promotor: Show Time de México, S.A. de C.V. 

José Homero
“Vamos a quemar calorías. Les voy a pedir que se muevan y bailen”, dice Pau. Tras observar la heterogénea composición de su público, sentencia: “Somos la generación contemporánea, hay algunos mayorcitos, pero vamos a ponerle sabor”. 

Ella ha resuelto un dilema de la sociología pop: nada de Generación X, Generación Y, Generación Next o Generación Net. El término preciso es: Generación Contemporánea, que comprende —conjeturo— a los nacidos entre 1970 y 1995. 
Ataviada como una teniente de húsares, con blusa evocando un chaquetín negro, botas altas, ligueros y sombrero de plumas, irrumpe cantando “Algo de ti” y en seguida liga “Ni una sola palabra”. Al concluir su tanda concede un saludo: “¡Mi Méééxico!”. 
Parece ligeramente excitada, un poco acelerada. Acaso por ello en el siguiente tema, “Todo mi amor”, se arroja al piso para exhibir su cuerpo moldeado, como el de su mentora, Madonna, gracias al yoga. Sólo entonces se dirigirá al público y comenzará una de las alocuciones que perfilan lo que podríamos denominar el Ideario Paulina, suma de declaraciones de orgullo patrio, confesiones, exhortaciones y lisonjas: “Éste es uno de los primeros conciertos en el Auditorio Nacional, estoy muy emocionada, y es sólo por ustedes”.* 
Hay cantantes y grupos que sustentan sus actuaciones en el talento propio o en el de sus músicos. Otros, en el culmen de su consagración, proponen un espectáculo conformado por un diseño que a la música y la danza suma juegos de luces, proyecciones de imágenes y una arquitectura conceptual. Paulina, fiel a su espíritu y a su inspiración ―prototipo de la diva larger than life―, sustenta su show en un homenaje a sí misma. 
Pau se limita a cambiar de indumentaria para subrayar un estilo distinto. La ropa sexy ―con reminiscencias de dominatriz, acaso para enfatizar la veta de empoderamiento femenino pop que proclaman “Lo haré por ti” o “Yo no soy esa mujer”― da paso a otra faceta: la mexicana triunfadora y orgullosa de su patria. Por ello, con el cambio de vestuario ―minifalda, camiseta, chaleco tejano con flecos, sombrero tejido―, aparecen proyectadas en la pantalla central una bandera mexicana y Frida Kahlo, única artista a la altura de las masas. 
Paulina, de ser una diva sexy se ha transformado en una suerte de grupera hip hop. Se apagan las luces. La bailarina y corista queda sola en el escenario. Mientras crece la expectativa por ver reaparecer a la estrella, la colaboradora comienza a corear: “Pau-li-na, Pau-li-na” y entonces señala hacia un punto en el público. Las luces regresan. Entre luneta y preferente, cerca de las puertas de acceso, aparece La Chica Dorada enfundada en un minivestido en plata y negro, y portando una sofisticada visera con brillos. Mientras ofrece “Baila Casanova” camina hacia el escenario, protegida por seis elementos de seguridad. 
Paulina, diva pop, con sus largas y torneadas piernas, con su ajustado vestido sobre la esbelta silueta, espeta otras máximas que resumen su filosofía: “Me encanta que sean auténticos. Este mundo es muy cuadrado y por eso yo celebro a la gente que es de verdad”. Se apresta a corroborar que no es fresa y para dar “saborcito” a la noche ha invitado a uno de sus grandes amigos, “con el que tocaba desde niña, desde pequeños, éramos unos beiiiiibis. Él es: Brian”. 
Jay de la Cueva, convertido en Brian Amadeus, frasea los riffs de “Beat it”. Pau agita su cuerpo frente al invitado, se contorsiona y grita: “Ese hombre es mío, mío, míoooooooo”. Más allá de cualquier encuadre musical, se trata de un grito primigenio. Al final, ella concluye su interpretación lamiendo las cuerdas de las guitarras, al estilo Jimi Hendrix.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Queda la impresión de que Paulina ha crecido modulando tipos: La diva sexy ligeramente dominatriz, la diva tex-mex orgullosa de los iconos de la cultura mexicana ―la bandera, la tradición fúnebre, el tequila, el mariachi, el acordeón―, la diva pop que enlaza a Mick Jagger con Janis Joplin pasando por Hendrix y David Lee Roth ―por el cabello. Tras presentar a los miembros de su equipo, “Don’t Say Goodbye” anuncia el falso final. El Auditorio estalla y regresa con un vestido strapless púrpura para entregar “Causa y efecto”, “Y yo sigo aquí”, hasta concluir, en medio de una apoteósica explosión de fuegos pirotécnicos que iluminan el proscenio ―muuuy Guns N’ Roses― con “Te quise tanto”. 
Como sus movimientos, calculadamente procaces; como las poses, que sugieren un largo estudio ante el espejo, Paulina se antoja como un poliedro en el que es difícil encontrar un solo rostro. Es, en suma, una diva para cada estación. 


*Paulina Rubio ha estado aquí en febrero y junio de 2001, y en octubre de 2004. 

Programa 
Algo de ti / Ni una sola palabra / Lo haré por ti / Todo mi amor / Más que amigo / Yo no soy esa mujer / El último adiós / Dame otro tequila / Ni rosas ni juguetes / Nada puede cambiarme / Baila Casanova / Mío / Algo tienes / Melodía de tu alma / Sabor a miel / Enamorada / Amor de mujer / / A contraluz / Don’t Say Goodbye / Causa y efecto / Y yo sigo aquí/ Te quise tanto.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.