martes, 3 de noviembre de 2009

Kenny G.: Terapia de relajación dentro de una burbuja

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

3 de noviembre, 2009 / Función única / 2:10 horas de duración / 
Promotor: Westwood Entertainment, S.A. de C.V. 

David Cortés

Hubo un tiempo en el cual la identidad del saxofón se construyó a partir de los precursores, los innovadores, los padres fundadores, hasta el arribo de Kenny G., quien vino a darle al instrumento una nueva cara: amable, melosa, ignorante de los exabruptos. Y allí está nuestro personaje de la noche para refrendar y validar esa identidad. También están reunidos sus devotos, aquellos feligreses que han edificado parte de su biografía con la música de alguien a quien le da por rebelarse ocasionalmente, como para colaborar en géneros más violentos como con la banda emo Weezer. 
Sin embargo, quienes han venido a verlo rememoran otros momentos, otros pasajes. En ellos no hay nada intrépido, no hay visos de adrenalina, pero abundan los instantes entrañables, los apapachos al corazón. No, el compositor nunca se ha asumido como un exponente de vanguardia. Tampoco ha querido hacer de casamentero o consultor sentimental; sin embargo, su música ha servido para esos fines. 
Banquetes, celebraciones, aniversarios, compromisos matrimoniales, graduaciones, primeras citas han sido subrayadas por los sonidos de un músico que, debemos reconocer, recupera la fábula del flautista de Hamelin al no haber quien pueda sustraerse a su influjo. Y las maneras de demostrarle su admiración son diversas. Hay manos que se entrelazan y se mantienen unidas durante toda la noche; las miradas se cruzan una y otra vez y en su brillo se advierte, como si fuera un letrero de luz neón, la actualización de las promesas. Si los pensamientos se subtitularan, aquí leeríamos miles de declaraciones de amor eterno. 
“Es la tercera noche que tocamos en este lugar”,* dice el emblema del smooth jazz y mega vendedor de discos (75 millones de copias en todo el mundo). No obstante el paso de los años, hay cosas inmutables: Kenny G. saliendo a tocar de entre el público, sosteniendo una nota para despertar la incredulidad de los presentes (la pantalla de video mostrará más tarde que con 45 minutos y 47 segundos posee el récord mundial), un diálogo-duelo con un percusionista émulo de Eddie Murphy e imitador de los Harlem Globetrotters que tiene muy bien ensayada la rutina para entretenimiento del público. 
Hay, como novedades, un repertorio de jazz latino, versiones a clásicas como “Sabor a mí” o “Bésame mucho” interpretadas en un formato acústico, bromas de doble sentido, solos de cada uno de su acompañantes (el bajista, complaciente, parafrasea “Volver volver”), un saxofón diseñado por él mismo y regalado a una pareja que sube al escenario y a la cual G. le toca uno de sus temas más almibarados, espacios para el virtuosismo (reiterados por la leyenda “para mostrar sus 45 años de práctica diaria” en las pantallas laterales). 
La parte entrañable: cuando en los monitores aparece un Louis Armstrong virtual cantando y nuestro saxofonista lo acompaña, la entrega de “Pick Up the Pieces” (una original de Average White Band) que no pierde poderío a pesar de ser descafeinada; los rostros de los pocos infantes cuando el saxofonista les toca a medio metro de distancia y sus ojos brillan y se agigantan. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Cierto, el nativo de Seattle probablemente nunca estará a la altura de otros saxofonistas menos famosos, pero más reputados, pues a él lo único que en verdad le interesa es divertir a la gente, promesa que hizo al inicio del concierto y al cierre del mismo ha cumplido con creces. Porque diversión hubo a raudales en este espectáculo de tres pistas en donde hubo de todo: música, malabares y chistes. 
Sí, probablemente afuera hace frío, hay crisis, guerras, carestía, desesperanza, pero Kenny G. crea una burbuja en la cual envuelve a los asistentes y en ella sólo tiene cabida la alegría. Y eso no es poco mérito. 

* El 7 y 8 de noviembre de 1997 también pisó este escenario. 

Cronología 
1976. Inicia sus andanzas como músico profesional en la Barry White’s Love Unlimited Orchestra. 
1979. Se integra al Jeff Lorber Fusion, agrupación con la cual graba un par de discos. 
1982. Firma un contrato como solista con Arista Records. 
1988. Aparece en el show televisivo de Johnny Carson y su fama se eleva. Edita Silhouette y el álbum se convierte en el disco instrumental más vendido en la historia de Estados Unidos con 12 millones de copias. 
1994. Miracles. The Holiday Album, una compilación de temas decembrinos se convierte en el disco más vendido en ese género y es la primera producción del saxofonista en llegar al número uno en el Billboard Top 200 Chart. 
1999. Realiza un dueto virtual con Louis Armstrong (“What a Wonderful World”) y otro con Bebel Gilberto (“The Girl from Ipanema”) para el disco Classics in the Key of G. 
2002. Barbra Streisand, Burt Bacharach, Chaka Khan y LeAnn Rimes engalanan su disco At Last… The Duets Album. 
2008. Aparece Rhythm and Romance, su más reciente producción discográfica, en donde mezcla temas románticos con ritmos latinos. (D.C.)


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